San Vicente

La educación en San Vicente, por las maestras

Dialogamos con Marta Mazza, María Esther Rajoy, María Cortadi y Marcela Cruz, cuatro docentes que viven a diario la realidad de las escuelas del Distrito. Cuáles son las necesidades, qué falta y qué está bien.
martes, 09 de febrero de 2016 · 15:38

La educación es siempre un tema fundamental. Pero es en el mes de febrero, cuando solo faltan semanas para el inicio de clases, que la preocupación por el estado de las escuelas, el salario de los docentes y las vacantes para los alumnos aflora con fuerza en la agenda pública.

En ese marco, El Diario San Vicente dialogó con tres docentes locales, que se expresaron acerca de la situación que atraviesan las escuelasdel Distrito, sus déficits y necesidades, y también sus virtudes.

Marta Mazza tiene 53 años y lleva 33 como docente. Desde sus inicios trabaja en la Escuela Nº 1 de San Vicente, donde fue maestra de grado, secretaria y actualmente se desempeña como bibliotecaria. Y hace 16 años es la directora de la Escuela Nº 28 de Alejandro Korn, la primaria del Colegio Nacional Almafuerte.

Para Marta, la principal problemática de la escuela que dirige pasa por la superpoblación de las aulas. "Tenemos salones enormes, que posibilitan que en todos los grados haya más de 40 chicos. Pero la realidad es que así se trabaja mal. Las maestras hacen su mejor esfuerzo, pero los nenes demandan mucho, y la calidad educativano puede ser la misma. Hoy en día a los chicos no se los puede tener quietos y callados: ellos tienen que moverse y charlar, y está muy bien que sea así. Lo que pasa es que al ser tantos se vuelve muy difícil la tarea”, apunta la directora.

Según Marta, 16 años atrás, cuando ingresó al Almafuerte, la matrícula rondaba los 400 y alumnos. "Y ahora, con una matrícula de casi 800 chicos, seguimos teniendo las mismas instalaciones, con apenas dos aulas más”, asegura.

En cuanto a lo edilicio, Marta señala un deterioro en consecuencia: "Es una casa grande y superpoblada a la que no se le hace mantenimiento. Y no tiene los arreglos profundos que debería sino que se le van haciendo remiendos. Hubo un pedacito que se empezó a llover y ahora hay goteras en gran parte de la escuela”.

María Esther Rajoy, de 56 años, también trabaja en la Nº 28 de Korn. Pero desde hace 29 años que su hogar es la Escuela Nº 1. "Es una escuela muy vieja, con un edificio muy antiguo, y necesita de todo. No una lavada de cara superficial sino obras en serio”, apunta. Y numera: "Cada vez que llueve, el patio se inunda; no hay sombra por ningún lado; todos los espacios se convirtieron en aulas, y hay muchos más chicos de los que debería”.

Marta, conocedora de la institución que es una insignia para San Vicente, agrega: "Lo que antes era una oficinita, hoy es un aula. Entonces pasa que hay 30 chicos en un espacio de 20 metros cuadrados, y las maestras tienen que hacer malabares para dar clases. Incluso hay un aula en el que tuvieron que sacar el escritorio porque no entra”.

La Escuela Nº 1, que fue fundada en los inicios del pueblo, cuenta actualmente con una matrícula que ronda los 900 alumnos, los cuales se dividen entre los 17 grados que tiene cada turno. Y según reflejan las docentes, la situación en el resto de los colegios del Distrito es similar. "Hace 11 años que en San Vicente no se construye una escuela primaria. Y en todo este tiempo la población prácticamente se duplicó”, grafican.

María Cortadi lleva 27 años como maestra del nivel inicial, y hace tres que decidió aceptar el desafío de trabajar en el Jardín de Infantes Nº 913, del barrio Los Naranjos de Alejandro Korn. "El jardín es chico, tiene apenas tres salas, y la zona es carenciada. Pero la realidad es que el trato con las familias es muy bueno, respetan mucho al docente. Y eso se da porque les abrimos las puertas, los escuchamos, y los hacemos participar”, comenta María.

Todas las docentes coinciden en que los jardines de infantes son las instituciones menos golpeadas, porque los edificios son, en líneas generales, más nuevos, y también por la dinámica propia de la actividad. Sin embargo, las dificultades como la superpoblación siempre están presentes. "En el 913 tenemos 33 chicos en cada sala. Y en cada una hay cinco mesas nomás. Los tenemos que ubicar como podemos, en cualquier rinconcito. Y hay otros jardines en San Vicente que directamente trabajan en el piso porque no tienen mesas”, ilustra María.

Marta, en tanto, se suma y añade: "Yo no recuerdo cuándo fue la última vez que el Almafuerte recibió mesas y sillas. Los chicos se sientan en bancos sin respaldo, remendados mil veces. El personal auxiliar tiene hacer maravillas para arreglar las cosas”.

Otro punto crítico dentro del sistema escolar local, según destacan las tres docentes, es el de los comedores. "La merienda y el almuerzo son muy pobres –aseguran-. Todos los días arroz, fideos con salsa. Carne comen una vez por semana, y carne picada. Bajó mucho la calidad de los comedores: hace 20 años los chicos comían milanesas, huevo, puré, churrasco, ensalada”.

Sin embargo, a pesar de las dificultades, Marta, Esther y María confirman que "muchas cosas están bien”. Y cuentan: "El trabajo del docente está muy bien. Se hacen cosas muy lindas en las escuelas y en los jardines: por eso la gente siempre los termina queriendo. Se organizan salidas y excursiones –sorteando todas las trabas legales y económicas-, y se están implementando muy bien los proyectos de integración con los chicos con capacidades especiales”.

 

Marcela Cruz – Directora del Jardín Nº 901 de San Vicente

"El Jardín Nº 901 es histórico, y su edificio es viejo, de 1960. El mantenimiento cuesta mucho y se hace a pulmón. Hay que pelearla para conseguir subsidios, pero además tenemos una cooperadora muy sólida que siempre aporta.

Es uno de los jardines mejores mantenidos y con más espacios y material didáctico.Al ser el jardín del centro del pueblo, la demanda para conseguir vacante es muy alta. En 2015 terminamos con 317 alumnos, y quedaron afuera 60 chicos, que es un montón, pero que es menos que antes. Cuando había menos jardines en San Vicente la demanda era todavía mayor, y como promedio quedaban sin lugar unos 100 chicos de cada edad”.

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