San Vicente

La educación en San Vicente, por las maestras

Dialogamos con Marta Mazza, María Esther Rajoy, María Cortadi y Marcela Cruz, cuatro docentes que viven a diario la realidad de las escuelas del Distrito. Cuáles son las necesidades, qué falta y qué está bien.

La educación en San Vicente, por las maestras
El Diario Sur

La educación es siempre untema fundamental. Pero es en el mes de febrero, cuando solo faltan semanas parael inicio de clases, que lapreocupación por el estado de las escuelas, el salario de los docentes y las vacantes para los alumnos aflora confuerza en la agenda pública.

En ese marco, El Diario SanVicente dialogó con tres docentes locales, que se expresaron acerca de lasituación que atraviesan las escuelasdel Distrito, sus déficits y necesidades, y también sus virtudes.

Marta Mazza tiene 53 años y lleva 33 como docente. Desde susinicios trabaja en la Escuela N° 1 deSan Vicente, donde fue maestra de grado, secretaria y actualmente sedesempeña como bibliotecaria. Y hace 16 años es la directora de la Escuela N°28 de Alejandro Korn, la primaria del ColegioNacional Almafuerte.

Para Marta, la principalproblemática de la escuela que dirige pasa por la superpoblación de las aulas. "Tenemos salones enormes, queposibilitan que en todos los grados haya más de 40 chicos. Pero la realidad esque así se trabaja mal. Las maestras hacen su mejor esfuerzo, pero los nenesdemandan mucho, y la calidad educativano puede ser la misma. Hoy en día a los chicos no se los puede tener quietos ycallados: ellos tienen que moverse y charlar, y está muy bien que sea así. Loque pasa es que al ser tantos se vuelve muy difícil la tarea”, apunta ladirectora.

Según Marta, 16 años atrás,cuando ingresó al Almafuerte, la matrícula rondaba los 400 y alumnos. "Y ahora,con una matrícula de casi 800 chicos,seguimos teniendo las mismas instalaciones, con apenas dos aulas más”, asegura.

En cuanto a lo edilicio, Marta señala un deterioro en consecuencia: "Es una casagrande y superpoblada a la que no se le hace mantenimiento. Y no tiene losarreglos profundos que debería sino que se le van haciendo remiendos. Hubo unpedacito que se empezó a llover y ahora hay goteras en gran parte de laescuela”.

María Esther Rajoy, de 56 años, también trabaja en la N° 28 de Korn. Pero desde hace 29 años que su hogares la Escuela N° 1. "Es una escuela muyvieja, con un edificio muy antiguo, y necesita de todo. No una lavada decara superficial sino obras en serio”, apunta. Y numera: "Cada vez que llueve,el patio se inunda; no hay sombra por ningún lado; todos los espacios se convirtieronen aulas, y hay muchos más chicos de los que debería”.

Marta, conocedora de lainstitución que es una insignia para San Vicente, agrega: "Lo que antes era unaoficinita, hoy es un aula. Entonces pasa que hay 30 chicos en un espacio de 20metros cuadrados, y las maestras tienenque hacer malabares para dar clases. Incluso hay un aula en el que tuvieronque sacar el escritorio porque no entra”.

La Escuela N° 1, que fuefundada en los inicios del pueblo, cuenta actualmente con una matrícula que rondalos 900 alumnos, los cuales se dividen entre los 17 grados que tiene cadaturno. Y según reflejan las docentes, la situación en el resto de los colegiosdel Distrito es similar. "Hace 11 añosque en San Vicente no se construye una escuela primaria. Y en todo este tiempola población prácticamente se duplicó”, grafican.

María Cortadi lleva 27 años como maestra del nivel inicial, y hacetres que decidió aceptar el desafío de trabajar en el Jardín de InfantesN° 913, del barrio Los Naranjos deAlejandro Korn. "El jardín es chico, tiene apenas tres salas, y la zona escarenciada. Pero la realidad es que eltrato con las familias es muy bueno, respetan mucho al docente. Y eso se daporque les abrimos las puertas, los escuchamos, y los hacemos participar”, comentaMaría.

Todas las docentes coinciden en que los jardines de infantes son las instituciones menos golpeadas,porque los edificios son, en líneas generales, más nuevos, y también por ladinámica propia de la actividad. Sin embargo, las dificultades como lasuperpoblación siempre están presentes. "En el 913 tenemos 33 chicos en cadasala. Y en cada una hay cinco mesas nomás. Los tenemos que ubicar como podemos,en cualquier rinconcito. Y hay otros jardines en San Vicente que directamentetrabajan en el piso porque no tienen mesas”, ilustra María.

Marta, en tanto, se suma y añade: "Yo no recuerdo cuándo fue la última vez que el Almafuerte recibió mesasy sillas. Los chicos se sientan en bancos sin respaldo, remendados milveces. El personal auxiliar tiene hacer maravillas para arreglar las cosas”.

Otro punto crítico dentro del sistema escolar local, segúndestacan las tres docentes, es el de loscomedores. "La merienda y elalmuerzo son muy pobres –aseguran-. Todos los días arroz, fideos con salsa.Carne comen una vez por semana, y carne picada. Bajó mucho la calidad de loscomedores: hace 20 años los chicos comían milanesas, huevo, puré, churrasco,ensalada”.

Sin embargo, a pesar de las dificultades, Marta, Esther yMaría confirman que "muchas cosas estánbien”. Y cuentan: "El trabajo del docente está muy bien. Se hacen cosas muylindas en las escuelas y en los jardines: por eso la gente siempre los terminaqueriendo. Se organizan salidas y excursiones –sorteando todas las trabaslegales y económicas-, y se están implementando muy bien los proyectos deintegración con los chicos con capacidades especiales”.

Marcela Cruz –Directora del Jardín N° 901 de San Vicente

"El Jardín N° 901 es histórico, y su edificio es viejo, de1960. El mantenimiento cuesta mucho y se hace a pulmón. Hay que pelearla paraconseguir subsidios, pero además tenemos una cooperadora muy sólida que siempreaporta.

Es uno de los jardines mejores mantenidos y con más espaciosy material didáctico.Al ser el jardín del centro del pueblo, la demandapara conseguir vacante es muy alta. En 2015 terminamos con 317 alumnos, yquedaron afuera 60 chicos, que es un montón, pero que es menos que antes. Cuandohabía menos jardines en San Vicente la demanda era todavía mayor, y comopromedio quedaban sin lugar unos 100 chicos de cada edad”.

La educación en San Vicente, por las maestras — foto 1
El Diario Sur