San Vicente

El Padre Francisco cumplió 25 años: “La tarea del cura es inmensa”

El presbítero cumplió la semana pasada 25 años al frente la Parroquia San Vicente Ferrer. Un repaso por su vida y su visión del Pueblo. Fuertes críticas a la sociedad moderna.
domingo, 10 de abril de 2016 · 15:42

Son más de las nueve y media de la noche de un lunes y llovizna parejo. El padre Francisco Rocchio, el presbítero a cargo de la Parroquia San Vicente Ferrer, cumple 25 años en su cargo. Y en ese marco recibe en su oficina a El Diario San Vicente.

El hombre tiene 74 años y el castellano todavía le cuesta –no sólo él, también a los que lo escuchan. El motivo es que el español no es su lengua materna. Porque Francisco nació en Italia, en 1941, promediando la Segunda Guerra Mundial. Se crió en el seno de una familia humilde de campesinos, en un pequeño pueblo de la provincia de Nápoles cuyo nombre prefiere no revelar.

Con las necesidades propias de la post-guerra y las promesas de un futuro mejor en tierras sudamericanas, la familia Rocchio se trasladó a la Argentina en 1957, y se instalaron en Lanús Oeste. Francisco, el adolescente, cursó el colegio secundario y en 1959 comenzó a participar en la agrupación Acción Católica. "Ese es un ámbito en el que se reza, se habla con los curas. Y entonces poco a poco fue creciendo en mí la vocación sacerdotal”, asegura.

Así, entre 1965 y 1971 hizo el Seminario en La Plata. Y por dos años más continuó en la ciudad de Buenos Aires. El 11 de abril de 1974, con 32 años, fue ordenado sacerdote. Y en agosto lo designaron como ayudante del cura en la Parroquia Nuestra Señora del Valle de Ezeiza. Allí Francisco estuvo hasta el 77. "En esa época era un pibe. Me dedicaba a la catequesis, a organizar los campamentos”, cuenta con su acento cerrado.

Luego fue nombrado párroco, y quedó a cargo de la Iglesia de la Asunción de María, en Temperley, donde se quedó hasta 1984. Más tarde, el destino lo llevó nuevamente a la Parroquia de Ezeiza, y allí estuvo hasta octubre de 1985. En ese punto viajó a la ciudad de Nueva York, para acompañar a su madre enferma. "Me quedé cuatro años, hasta septiembre de 1989. Después le pedí al Obispo un año sabático, y volví a mi país natal. Estuve en Roma, profundizando temas religiosos. Y en octubre regresé a la Diócesis de Lomas de Zamora”, dicta Francisco.

Y hasta ahí con la biografía. El párroco sanvicentino no permite ir más allá en cuanto a los detalles sobre su vida. Es algo obsesivo y se muestra impermeable. Además pretende controlar cada dato que vaya a ser publicado.

La llegada a San Vicente

Francisco llegó a San Vicente en 1990. En aquel entonces tenía 49 años, y su misión era reemplazar en sus funciones al padre Alberto González, cuyo nombramiento como rector en el Seminario de Adrogué era inminente. Ambos curas convivieron en la Parroquia por un período de seis meses, hasta que finalmente el sábado 6 de abril de 1991, Francisco fue designado para liderar la fe católica en el Pueblo.

En ese cargo pasó los últimos 25 años, desde donde bautizó, casó, confesó, dio la comunión, la confirmación y la extrema unción a miles de sanvicentinos. También vio pasar a cinco intendentes y fue testigo del exponencial crecimiento del pueblo.

"25 años atrás San Vicente era mucho más pequeño, apenas había unas calles de asfalto. Pero me gustó la cercanía de la gente y la familia. Y me recordó al pueblo de mi infancia”, comenta Francisco, y asegura que no recibió ningún pedido en especial por parte de la Diócesis cuando llegó al pueblo. "La misión del Párroco es ser el responsable de la predicación de la palabra de Dios: celebrar la misa, administrar los santos sacramentos, encargarse de la catequesis, promover las agrupaciones cristianas y todo lo útil para que Jesús sea conocido entre los jóvenes. La tarea del cura es inmensa”, sostiene entre largos silencios en los que eleva la mirada y cierra los ojos, como invocando ayuda celestial para encontrar las palabras justas.

Hacer un agujero en el agua

"El mundo se va haciendo cada vez más complejo”, repite el padre Francisco. Y argumenta: "Lo religioso tiene cada vez menos importancia para mucha gente. Los padres que mandan a sus hijos a catecismo no vienen a la Iglesia, no quieren participar en la fe de sus hijos. Si ellos no se involucran, ¿qué se puede hacer desde la Parroquia, si los tenemos dos horas por semana?”. "Es como intentar hacer un agujero en el agua”, grafica.

"La dificultad de la Iglesia está en la limitación de los evangelizadores. Porque si todos fueran fervorosos, tuvieran hambre y sed de justicia y pasión por el bien, si todos actuáramos realmente como testigos de Jesucristo… ciertamente sería más fácil nuestra misión. Donde hay gente entregada, otros se acercan a participar”, enfatiza el párroco, ofuscado ante la creciente baja de la participación católica, que se hace sentir en San Vicente.

Consultado por los temas que le preocupan en el Pueblo, Francisco asegura que cada vez más gente humilde se acerca a pedir ayuda a la organización Cáritas, y pone el foco en el funcionamiento del Hospital Ramón Carrillo. Después pide compañía para salir a caminar y, entre la lluvia, con gorra y paraguas, señala las veredas rotas de la Escuela Nº 1. Allí despotrica fuertemente contra "los políticos”, y se queja: de todos los males.

La sangre italiana que fluye por sus venas hace que se ponga colorado. Critica con vehemencia el mal uso de los celulares y la vida contemporánea en general. También se indigna por los Rolling Stones y por Paul McCartney. Reconoce que no logra entender a la sociedad actual y dice que a veces siente que viene de otro mundo. Y es evidente que su Nápoles natal pertenecía a otro mundo. Enojado, lanza una frase que, sin saberlo, lo acerca a los grupos punk de la década del 70: "No hay futuro posible”.

Sobre el final, con la lluvia más intensa y ya cerca de la medianoche, deja ver un halo de esperanza. "Dios siempre tiene una solución, hay que estar atento”, comenta, casi con resignación.

El padre Francisco en tres frases

"La buena comida y el sexo sin amor no traen la paz”.

"Cada vez menos jóvenes están en el mundo”.

"Yo soy un pobre tipo, es Jesucristo el que tiene que poder mejorar la vida”.

Manuel Nieto

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