San Vicente

El Padre Francisco cumplió 25 años: “La tarea del cura es inmensa

El presbítero cumplió la semana pasada 25 años al frente la Parroquia San Vicente Ferrer. Un repaso por su vida y su visión del Pueblo. Fuertes críticas a la sociedad moderna.

El Padre Francisco cumplió 25 años: “La tarea del cura es inmensa
El Diario Sur

Son más de las nueve y media de la noche de un lunes yllovizna parejo. El padre Francisco Rocchio, el presbítero a cargo de laParroquia San Vicente Ferrer, cumple 25 años en su cargo. Y en ese marco recibeen su oficina a El Diario San Vicente.

El hombre tiene 74 años y el castellano todavía le cuesta–no sólo él, también a los que lo escuchan. El motivo es que el español no essu lengua materna. Porque Francisco nació en Italia, en 1941, promediando laSegunda Guerra Mundial. Se crió en el seno de una familia humilde decampesinos, en un pequeño pueblo de la provincia de Nápoles cuyo nombreprefiere no revelar.

Con las necesidades propias de la post-guerra y las promesasde un futuro mejor en tierras sudamericanas, la familia Rocchio se trasladó ala Argentina en 1957, y se instalaron en Lanús Oeste. Francisco, el adolescente,cursó el colegio secundario y en 1959 comenzó a participar en la agrupaciónAcción Católica. "Ese es un ámbito en el que se reza, se habla con los curas. Yentonces poco a poco fue creciendo en mí la vocación sacerdotal”, asegura.

Así, entre 1965 y 1971 hizo el Seminario en La Plata. Y pordos años más continuó en la ciudad de Buenos Aires. El 11 de abril de 1974, con32 años, fue ordenado sacerdote. Y en agosto lo designaron como ayudante delcura en la Parroquia Nuestra Señora del Valle de Ezeiza. Allí Francisco estuvohasta el 77. "En esa época era un pibe. Me dedicaba a la catequesis, aorganizar los campamentos”, cuenta con su acento cerrado.

Luego fue nombrado párroco, y quedó a cargo de la Iglesia dela Asunción de María, en Temperley, donde se quedó hasta 1984. Más tarde, eldestino lo llevó nuevamente a la Parroquia de Ezeiza, y allí estuvo hastaoctubre de 1985. En ese punto viajó a la ciudad de Nueva York, para acompañar asu madre enferma. "Me quedé cuatro años, hasta septiembre de 1989. Después lepedí al Obispo un año sabático, y volví a mi país natal. Estuve en Roma,profundizando temas religiosos. Y en octubre regresé a la Diócesis de Lomas deZamora”, dicta Francisco.

Y hasta ahí con la biografía. El párroco sanvicentino nopermite ir más allá en cuanto a los detalles sobre su vida. Es algo obsesivo yse muestra impermeable. Además pretende controlar cada dato que vaya a serpublicado.

La llegada a SanVicente

Francisco llegó a San Vicente en 1990. En aquel entonces tenía49 años, y su misión era reemplazar en sus funciones al padre Alberto González,cuyo nombramiento como rector en el Seminario de Adrogué era inminente. Amboscuras convivieron en la Parroquia por un período de seis meses, hasta que finalmenteel sábado 6 de abril de 1991, Francisco fue designado para liderar la fecatólica en el Pueblo.

En ese cargo pasó los últimos 25 años, desde donde bautizó,casó, confesó, dio la comunión, la confirmación y la extrema unción a miles desanvicentinos. También vio pasar a cinco intendentes y fue testigo delexponencial crecimiento del pueblo.

"25 años atrás San Vicente era mucho más pequeño, apenashabía unas calles de asfalto. Pero me gustó la cercanía de la gente y la familia.Y me recordó al pueblo de mi infancia”, comenta Francisco, y asegura que norecibió ningún pedido en especial por parte de la Diócesis cuando llegó alpueblo. "La misión del Párroco es ser el responsable de la predicación de lapalabra de Dios: celebrar la misa, administrar los santos sacramentos,encargarse de la catequesis, promover las agrupaciones cristianas y todo loútil para que Jesús sea conocido entre los jóvenes. La tarea del cura esinmensa”, sostiene entre largos silencios en los que eleva la mirada y cierralos ojos, como invocando ayuda celestial para encontrar las palabras justas.

Hacer un agujero enel agua

"El mundo se va haciendo cada vez más complejo”, repite elpadre Francisco. Y argumenta: "Lo religioso tiene cada vez menos importanciapara mucha gente. Los padres que mandan a sus hijos a catecismo no vienen a laIglesia, no quieren participar en la fe de sus hijos. Si ellos no seinvolucran, ¿qué se puede hacer desde la Parroquia, si los tenemos dos horaspor semana?”. "Es como intentar hacer un agujero en el agua”, grafica.

"La dificultad de la Iglesia está en la limitación de losevangelizadores. Porque si todos fueran fervorosos, tuvieran hambre y sed dejusticia y pasión por el bien, si todos actuáramos realmente como testigos deJesucristo… ciertamente sería más fácil nuestra misión. Donde hay genteentregada, otros se acercan a participar”, enfatiza el párroco, ofuscado antela creciente baja de la participación católica, que se hace sentir en SanVicente.

Consultado por los temas que le preocupan en el Pueblo,Francisco asegura que cada vez más gente humilde se acerca a pedir ayuda a laorganización Cáritas, y pone el foco en el funcionamiento del Hospital RamónCarrillo. Después pide compañía para salir a caminar y, entre la lluvia, congorra y paraguas, señala las veredas rotas de la Escuela N° 1. Allí despotricafuertemente contra "los políticos”, y se queja: de todos los males.

La sangre italiana que fluye por sus venas hace que se pongacolorado. Critica con vehemencia el mal uso de los celulares y la vidacontemporánea en general. También se indigna por los Rolling Stones y por PaulMcCartney. Reconoce que no logra entender a la sociedad actual y dice que aveces siente que viene de otro mundo. Y es evidente que su Nápoles natalpertenecía a otro mundo. Enojado, lanza una frase que, sin saberlo, lo acerca alos grupos punk de la década del 70: "No hay futuro posible”.

Sobre el final, con la lluvia más intensa y ya cerca de lamedianoche, deja ver un halo de esperanza. "Dios siempre tiene una solución,hay que estar atento”, comenta, casi con resignación.

El padre Francisco entres frases

"La buena comida y el sexo sin amor no traen la paz”.

"Cada vez menos jóvenes están en el mundo”.

"Yo soy un pobre tipo, es Jesucristo el que tiene que poder mejorarla vida”.

Manuel Nieto

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