"Para mí ser farmacéutico es un apostolado. Hay que estartodo el día y tener mucha vocación de servicio. Así habla Osvaldo Zaninovich,el dueño de la farmacia que lleva por nombre su apellido y que funciona hace ya32 años en San Vicente.
Ubicada sobre la calle Yirigoyen, frente a la plaza MarianoMoreno, la farmacia Zaninovich es un clásico en el pueblo. Y su dueño, estehombre que cuenta unos muy bien llevados 65 años, se ha convertido en unreferente para muchos vecinos, en especial para las señoras mayores, que hablancon admiración de "Osvaldo. Y es lógico: es un tipo buen mozo, alto y de ojos claros, conun semblante algo pálido pero fresco, y propietario de una simpatía y unadedicación que suscitan el cariño de la gente.
"Yo mientras cursé la carrera fui docente. Y eso me ayudómucho en el mostrador, porque ahí hago docencia: me intereso por los problemasde la gente y nunca dejo de darles un consejo o una explicación, para queentiendan y sepan lo que tienen que hacer, revela en diálogo con El Diario SanVicente.
Los datos biográficos de Zaninovich señalan que tieneascendencia croata no judía, como muchos creen- y que nació en la CapitalFederal para, en su niñez, mudarse con su familia al partido bonaerense deFlorencio Varela. Luego de la adolescencia, llegó la época estudiantil en laUniversidad de Buenos Aires, siempre complementada con algún trabajo. Finalmenteobtuvo su título a los 28 años. Y en 1983 llegó a San Vicente, ya casado y conun hijo chiquito, para fundar su propia farmacia.
"Yo le compré el comercio a Jacobo Hassan, y nos recibió muybien San Vicente. Siempre tuvimos mucho trabajo. Pero en aquellos primeros añoshabía solo dos farmacias, así que estábamos de turno día por medio y fin desemana por medio, de viernes a domingo. Era un ritmo tremendo, cuenta.
Zaninovich habla de unos primeros años muy prósperos en sunegocio y reconoce el apoyo fundamental de su esposa, Olga, una mujer elegante,con avanzados conocimientos de medicina, que atiende la farmacia a la par de él."Ella es muy inteligente y siempre estuvo al lado mío. Si no hubiera sido micompañera de vida no habría podido, valora.
El trabajo en la farmacia tiene una arista poco tenida encuenta: la del laboratorio. Arriba del local comercial, Zaninovich tiene unespacio repleto de tubos, frascos y misteriosos componentes que son, enrealidad, la materia de prima de muchos medicamentos. "Esa parte me encanta.Hago preparados, cápsulas, lociones, cremas. Por ejemplo me encargo de casitodo lo que es dermatología y de recetas especiales que mandan los médicos, revela.Y explica: "Pero de eso me ocupo cuando estoy fuera del horario de atención alpúblico, porque requiere mucha concentración.
Pero no solo de pastillas y jarabes vive el hombre. En 2009 decidió dar un salto hacia la política: encabezó una lista de la agrupaciónde Antonio Arcuri, y por eso fue concejal hasta 2013. Y si bien la experienciale valió algunas lesiones y mucha malasangre, la realidad es que salió bienparado: y en política eso no es poca cosa. "A mucha gente le molestó que yo mehaya desnudado como peronista, pero mi intención era devolverle a San Vicentealgo de lo que me había dado, explica ahora. Y aclara: "Al final me siguenqueriendo. Y el saldo es positivo.
En la charla con El Diario San Vicente, mientras cumple conel turno de la farmacia ya pasada la medianoche, Zaninovich se muestrapreocupado por el consumo de viagra de los jóvenes, se queja de las obrassociales y de la inflación, y comenta que se siente cerca del final de sucarrera. "En unos años no me va a dar el físico para hacer el trabajo como megusta a mí. Pero siempre tuve la posibilidad de estar con la gente, eso es lomás importante, concluye.
Manuel Nieto






