San Vicente

Lo de Queca, el almacén que nunca cierra

Su dueña tiene 94 años y es un símbolo para San Vicente. Hace cuatro décadas que atiende, y sigue al pie del cañón.

Lo de Queca, el almacén que nunca cierra
El Diario Sur

¿Por qué "Queca” Doga sigue atendiendo su histórico almacéna sus 94 años? Encontrar la repuesta a ese interrogante fue uno de los motivosde la visita de El Diario San Vicente al comercio de Ofelia Ramona O´Lery, queestá ubicado sobre la calle San Lorenzo al 300 y tiene cuatro décadas detrayectoria.

La de "Queca” es una despensa chiquita, humilde, por la quehan pasado tres generaciones de sanvicentinos: los del barrio, los que van parala laguna, los que la quieren ver a ella. Claro que pocos saben el verdaderonombre de la señora que atiende, porque para todos es "Doña Queca”, sin másvueltas. Una abuela adorable, vestida con mucha lana y con el peloperfectamente teñido; una mujer de carácter, consciente de la impunidad que ledan sus años, dueña un humor capaz de vencer al tiempo: esa es su esencia, laque despliega todos los días atrás de su incondicional mostrador.

Con orgullo, cuenta que tiene tres hijas y un hijo, 18nietos y 20 bisnietos. Y recuerda con admiración a su marido, fallecido en 1998.Con José Doga pusieron el almacén, aunque antes tuvieron un criadero de pollosy un restaurante. "Siempre nos levantábamos de buen humor, con ganas de hacercosas. Sólo nos agarraba algo en el estómago cuando perdía River”, sintetiza.

Es que en el barrio es bien conocido el fanatismo de "Queca”por el club gallina. De hecho, ella y la potente matraca de madera quedesempolva con cada nuevo campeonato son ya un símbolo para los hinchas deRiver de San Vicente. Y también lo es la bandera argentina que flamea en lapuerta de su negocio en cada fecha patria. "Una vez me la robaron, pero unavecina vio a los chorros y salió a correrlos. Y me la recuperó”, dice.

Otro aspecto admirable en Queca es su capacidad pararecordar años y fechas con exactitud. El 17 de julio de 2015, por ejemplo, fueel día en que sufrió un infarto que la dejó cerca del final, y que la obligó acerrar el almacén por unos meses. Inclusive, muchos de sus conocidos lacreyeron muerta. "Después la gente me veía y se sorprendía. Hubo un chico quese puso pálido y se largó a llorar de la emoción”, ríe la anciana.

Volver al almacén, a fines del año pasado, fue toda unacontroversia: el deseo de "Queca” de persistir se chocó con la negativa de susfamiliares. Pero pícara, la abuela se salió con la suya: "Les dije que iba aabrir un tiempito, para sacarme la mercadería de encima, pero sigo acá, y hastame compre una heladera nueva”.

Para las fotos, sale a la vereda y hace sonar su históricamatraca. Se ríe, está contenta. "Esta es mi diversión y mi alegría, yo embromomucho con la gente. Acá está mi vida: si tengo que cerrar… Al diablo con‘Queca’, no aguantaría”.

Manuel Nieto

Lo de Queca, el almacén que nunca cierra — foto 1
El Diario Sur