San Vicente

Lo de Queca, el almacén que nunca cierra

Su dueña tiene 94 años y es un símbolo para San Vicente. Hace cuatro décadas que atiende, y sigue al pie del cañón.
jueves, 26 de mayo de 2016 · 09:55

¿Por qué "Queca” Doga sigue atendiendo su histórico almacén a sus 94 años? Encontrar la repuesta a ese interrogante fue uno de los motivos de la visita de El Diario San Vicente al comercio de Ofelia Ramona O´Lery, que está ubicado sobre la calle San Lorenzo al 300 y tiene cuatro décadas de trayectoria.

La de "Queca” es una despensa chiquita, humilde, por la que han pasado tres generaciones de sanvicentinos: los del barrio, los que van para la laguna, los que la quieren ver a ella. Claro que pocos saben el verdadero nombre de la señora que atiende, porque para todos es "Doña Queca”, sin más vueltas. Una abuela adorable, vestida con mucha lana y con el pelo perfectamente teñido; una mujer de carácter, consciente de la impunidad que le dan sus años, dueña un humor capaz de vencer al tiempo: esa es su esencia, la que despliega todos los días atrás de su incondicional mostrador.

Con orgullo, cuenta que tiene tres hijas y un hijo, 18 nietos y 20 bisnietos. Y recuerda con admiración a su marido, fallecido en 1998. Con José Doga pusieron el almacén, aunque antes tuvieron un criadero de pollos y un restaurante. "Siempre nos levantábamos de buen humor, con ganas de hacer cosas. Sólo nos agarraba algo en el estómago cuando perdía River”, sintetiza.

Es que en el barrio es bien conocido el fanatismo de "Queca” por el club gallina. De hecho, ella y la potente matraca de madera que desempolva con cada nuevo campeonato son ya un símbolo para los hinchas de River de San Vicente. Y también lo es la bandera argentina que flamea en la puerta de su negocio en cada fecha patria. "Una vez me la robaron, pero una vecina vio a los chorros y salió a correrlos. Y me la recuperó”, dice.

Otro aspecto admirable en Queca es su capacidad para recordar años y fechas con exactitud. El 17 de julio de 2015, por ejemplo, fue el día en que sufrió un infarto que la dejó cerca del final, y que la obligó a cerrar el almacén por unos meses. Inclusive, muchos de sus conocidos la creyeron muerta. "Después la gente me veía y se sorprendía. Hubo un chico que se puso pálido y se largó a llorar de la emoción”, ríe la anciana.

Volver al almacén, a fines del año pasado, fue toda una controversia: el deseo de "Queca” de persistir se chocó con la negativa de sus familiares. Pero pícara, la abuela se salió con la suya: "Les dije que iba a abrir un tiempito, para sacarme la mercadería de encima, pero sigo acá, y hasta me compre una heladera nueva”.

Para las fotos, sale a la vereda y hace sonar su histórica matraca. Se ríe, está contenta. "Esta es mi diversión y mi alegría, yo embromo mucho con la gente. Acá está mi vida: si tengo que cerrar… Al diablo con ‘Queca’, no aguantaría”.

Manuel Nieto

 

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