San Vicente

Las enseñanzas del Padre Maffia, el cura-bombero que ayudaba a los pobres

Llegó a San Vicente a los 31 años. En menos de dos décadas dejó una huella imborrable en la comunidad. Fundó hogares para niños y ancianos. Apagó incendios, predicó con el ejemplo. Murió en 1982, en un trágico y confuso accidente.

Las enseñanzas del Padre Maffia, el cura-bombero que ayudaba a los pobres
El Diario Sur

"Un cura que además de oficiar la misa, predicar yadministrar los sacramentos, se consagra a ayudar a los pobres y sale presurosocuando suena la sirena anunciando un incendio, y empuña una manguera si hacefalta”. Con esas palabras definía al padre Eduardo Maffia una publicación delObispado de Lomas de Zamora de principios de los años 80. Maffia era entoncesel presbítero a cargo de la Parroquia San Vicente Ferrer, y había revolucionadoa la comunidad con su incansable labor por los más necesitados, y por ostentarel título de "cura-bombero”.

Una calle en San Vicente y otra en Alejandro Korn llevan sunombre. Y también el predio en el que fundó el "Hogar Vicentino”, que alojaba aniños y ancianos abandonados. Maffia había nacido en la localidad bonaerense deGarré, el 24 de febrero de 1935. Y no piso San Vicente hasta los 31 años,cuando fue designado como ayudante del cura en la Parroquia San Antonio dePadua, de Alejandro Korn. En 1967 quedó a cargo de esa Iglesia, y en abril de1975 lo designaron como el sacerdote de la Parroquia San Vicente Ferrer. Esospocos años –hasta su trágica y confusa muerte en 1982- le bastaron a Eduardopara ganarse el corazón del pueblo y llevar adelante una de las obrashumanitarias más grandes de las que se tenga memoria por estas tierras.

No hay frases del Padre Maffia estampadas en placasrecordatorias. Pocos han memorizado máximas de su autoría, como esas que leganlos sabios, los que pretenden inmortalizar su nombre en los libros de historia.La marca de Maffia no está escrita entre comillas. Su huella queda en los quese acuerdan de él y transmiten sus acciones: su ejemplar dedicación a los másnecesitados. Así lo entiende el ex jefe del cuerpo de Bomberos Voluntarios deSan Vicente Osvaldo Corti, quien compartió con el párroco sus años en elcuartel. "Era un tipo excelente, muy especial, con mucho carisma. Y searremangaba y era todoterreno, como cualquiera”, asegura Corti.

Maffia murió el 17 de abril de 1982, a los 47 años. SuRenault 6 fue a parar debajo de un colectivo, sobre la avenida HipólitoYrigoyen –por entonces Pavón-, en Longchamps. Eran más de la una de lamadrugada, y volvía para San Vicente desde una fiesta de cumpleaños. Según elrecuerdo de Corti, que fue el primer sanvicentino que lo vio sin vida, llevabacomo acompañante a un muchacho de unos 18 años que en ese entonces le ayudabaen tareas de la Iglesia. Ese joven sobrevivió. Son muchos los que señalan queel accidente de Maffia puede haber sido inducido, y que tras él estaría lasalvaje dictadura militar que gobernaba el país por ese entonces. Difícilmentealguna vez se sepa la verdad.

Lo que sí se sabe con certeza es que la muerte de Maffiaconmocionó al pueblo entero. Y que su velorio, en la Parroquia de San Vicente,fue el más multitudinario de la historia del distrito. "Entraba y salía gentede la Iglesia permanentemente. Venían de los barrios: de atrás de la estación,de Alejandro Korn. Los que más venían a despedirse eran la gente humilde que élhabía ayudado siempre”, cuenta Corti. Ese día los bomberos montaron una guardiade honor alrededor del féretro.

Maffia había creado primero un hogar para ancianosabandonados en las habitaciones del fondo de su parroquia. Después hizo lasgestiones para conseguir el predio de la actual avenida Juan Pablo II, ubicadofrente al Hospital Ramón Carrillo. Allí fundó el "Hogar Vicentino”, que hizohincapié en los niños indigentes. "No alcanza el día para atender la cantidadde casos que se presentan, de personas con necesidades”, le decía Maffia a lapublicación del Obispado. "Les damos casa, comida y orientación. Y no leponemos término a salida, pero nos preocupamos porque se puedan ir y reencauzarsu vida”.

En el cuartel de Bomberos, lo recuerdan como uno más. "Compartíalos asados y todas las actividades que hacíamos. Casi nadie le decía ‘Padre’:todos lo tratábamos de ‘Eduardo’. A la hora de salir a un siniestro, élmanejaba. Lo apodábamos ‘Pie de plomo’, porque andaba muy rápido. Y tenía uncarácter fuertísimo: si se le cruzaba alguno, no dudaba en rajarlo a puteadas.Lo mismo con todo: era un tipo muy frontal. Siempre estaba trabajando para lagente con necesidades”, dice Corti.

Blanca Quílici, una atenta feligresa de los últimos tiemposdel padre, dice que Maffia daba su homilía dominical caminando por entre losbancos de la parroquia. "Hablaba mucho del servicio a los pobres, de salir deuno mismo y descentrarse. Y todo eso lo mostró con su vida”.

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