San Vicente

Milagros Álvarez, la joven no vidente que sorprende a todos

Tiene 20 años y nació no vidente. Todos los días viaja sola en tren para estudiar en la facultad. Le va bien, y además le queda tiempo para escribir, hacer deporte, bailar y tocar el piano. Una historia de lucha y superación.

Milagros Álvarez, la joven no vidente que sorprende a todos
El Diario Sur

Milagros Álvarez no quería salir al recreo. Pero no porqueno tuviera amigos. De hecho, siempre se adaptó bien a los grupos. Y con verlaalcanza para darse cuenta: al principio es un poco tímida, pero después sonríetodo el tiempo, destila alegría y buen humor. Le gusta hablar y contaranécdotas con rigor periodístico. Es detallista, inteligente, bonita. Suspublicaciones en Facebook tienen un montón de me gusta. Pero en esos primeros días de la secundaria, elegíaquedarse en el salón. Una vez tuvo sed y salió a comprar agua mineral. Paracuando volvió, ya era tarde: le habían roto su objeto más preciado, la costosamáquina de braille, nueva, que había conseguido poco tiempo atrás.

Milagros superó ese y mil escollos más. Nació prematura, contan solo seis meses de gestación. Las retinas de sus ojos no hicieron tiempo aformarse, y por eso es no vidente. Ahora tiene 20 años y estudia ComunicaciónSocial en la Universidad de Buenos Aires. Ya terminó el CBC, y sueña con serperiodista, con trabajar en radio y en televisión. Para cumplir sus objetivos,todos los días viaja en colectivo, en el tren Roca y en otro colectivo más. Iday vuelta. Sola. Graba las clases y toma apuntes en braille. Se las arregla paradigitalizar la bibliografía, a pesar de que en la facultad deberían dársela preparada.No le importa: los detalles no la detienen. Estudia. Aprueba. Sigue.

No duerme ocho horas por día: duerme seis. "Ando de acá paraallá”, dice y se ríe. Siempre se ríe. Milagros hace deporte: corre maratones ypractica lanzamiento de bala y de disco. Milagros baila: toma clases de danzaclásica dos veces por semana. Milagros ama la música: toca el piano, con unamigo. Milagros trabaja de lo que le gusta: escribe noticias en un portal sobrediscapacidad. Milagros. Por todas esas cosas duerme poco. Y porque le gustaestar despierta.

Vive con sus padres y sus cuatro hermanos menores. El mayorfalleció hace dos años. Y a ella le duele en el alma. Pero sigue. Siempresigue.

Con los chiquitos, dice que tienen una relación "decompañeros”, que se cuidan mutuamente. De su mamá se queja un poco, porque lallama a cada rato para preguntarle dónde está, si llegó bien, a qué hora viene."La primera vez que fui a la facultad sola me pasé en el tren. Yo estaba bien orientada,pero por las dudas quise confirmar con una señora, y me dijo cualquier cosa.Eso a mi mamá no se lo conté, porque no me iba a dejar viajar tranquila. Ademásaprendí que no le tengo que preguntar a nadie, que sola me arreglo”.

Milagros sentencia que todo es un mito, que las capacidades sensorialesde los ciegos son las mismas que las del resto, solo que prestan más atención. Sinembargo, con anécdotas y con hechos se desmiente. Dice que en la estación deAvellaneda, con solo percibir que se aproxima un tren, se da cuenta para quéandén va. "La gente se apura y yo me río: nada más indigno que correr por untren que al final no es el que te tenés que tomar”. Y su mamá saca tajada. ComoMilagros entiende lo que la gente dice en voz baja, la hace escuchar lasconversaciones de los hermanos adolescentes. "No le cuento todo lo que hablanporque si no se infarta”. Servicios de inteligencia caseros. Jaime Stiussosanvicentino.

—Para llevarte a tu casa, ¿Me decís la dirección y pongo elGPS?

—No, es mejor que yo te indique

…

—Doblá en la próxima y hacé tres cuadras.

—¡¿Pero cómo te diste cuenta dónde estábamos?!

Toda su vida, Milagros fue a la escuela en doble turno. A lamañana, a la número 6, después, a la 26 y finalmente, al Comercial de SanVicente; a la tarde, a la 501 de Alejandro Korn. Fanfarronea con que laprimaria se le hizo fácil, porque entró a primer grado sabiendo leer yescribir, en tinta y en braille. Pero reconoce que siempre se le complicóbastante con matemática. Y recuerda con un poco de rencor a geografía, porquelos mapas los tenía que hacer con relieve: horas y horas de esfuerzo extra,como en todo.

Vive en un barrio alejado delpueblo. Por eso, desde siempre toma colectivos. Dice que los choferes laconocen, entonces le paran y le dicen de qué línea son. Y comprobado: porquecuando cruza la calle para hacer unas fotos con El Diario San Vicente, aparece"Cachorro” Cantó y ella lo saca por la voz. Pasan otros vecinos: todos lasaludan con cariño; ninguno la mira con cara de "pobrecita”. Milagros sonríe yse le iluminan los cachetes de colorado.

Tiene algo para decir. Y aprovecha:"En cuanto al tema de derechos, lo mejor que pueden hacer las personas conalguna discapacidad es investigar y estar informados. Porque a veces pasa queuno se conforma con las cosas como están y en verdad puede cambiarlas. Lasleyes existen: a veces no se cumplen, pero no solo por culpa del Estado,también porque la gente no pelea. Por eso es fundamental instruirse einsistir”.

Milagros asegura que "unadiscapacidad no te hace más fuerte ni más débil”, que "quizás se llegue a losobjetivos por otro medio o un poco más lento”, pero que "en realidad es lomismo”. No hace falta que aclare cómo piensa, porque lo demuestra con lo quehace todos los días, pero igual lo aclara: "Creo que nada que valga la pena vaa ser sencillo. La clave está en no quedarse y tirar siempre para adelante”.Manuel Nieto

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El Diario Sur