San Vicente

Milagros Álvarez, la joven no vidente que sorprende a todos

Tiene 20 años y nació no vidente. Todos los días viaja sola en tren para estudiar en la facultad. Le va bien, y además le queda tiempo para escribir, hacer deporte, bailar y tocar el piano. Una historia de lucha y superación.
lunes, 04 de julio de 2016 · 00:23

Milagros Álvarez no quería salir al recreo. Pero no porque no tuviera amigos. De hecho, siempre se adaptó bien a los grupos. Y con verla alcanza para darse cuenta: al principio es un poco tímida, pero después sonríe todo el tiempo, destila alegría y buen humor. Le gusta hablar y contar anécdotas con rigor periodístico. Es detallista, inteligente, bonita. Sus publicaciones en Facebook tienen un montón de me gusta. Pero en esos primeros días de la secundaria, elegía quedarse en el salón. Una vez tuvo sed y salió a comprar agua mineral. Para cuando volvió, ya era tarde: le habían roto su objeto más preciado, la costosa máquina de braille, nueva, que había conseguido poco tiempo atrás.

Milagros superó ese y mil escollos más. Nació prematura, con tan solo seis meses de gestación. Las retinas de sus ojos no hicieron tiempo a formarse, y por eso es no vidente. Ahora tiene 20 años y estudia Comunicación Social en la Universidad de Buenos Aires. Ya terminó el CBC, y sueña con ser periodista, con trabajar en radio y en televisión. Para cumplir sus objetivos, todos los días viaja en colectivo, en el tren Roca y en otro colectivo más. Ida y vuelta. Sola. Graba las clases y toma apuntes en braille. Se las arregla para digitalizar la bibliografía, a pesar de que en la facultad deberían dársela preparada. No le importa: los detalles no la detienen. Estudia. Aprueba. Sigue.

No duerme ocho horas por día: duerme seis. "Ando de acá para allá”, dice y se ríe. Siempre se ríe. Milagros hace deporte: corre maratones y practica lanzamiento de bala y de disco. Milagros baila: toma clases de danza clásica dos veces por semana. Milagros ama la música: toca el piano, con un amigo. Milagros trabaja de lo que le gusta: escribe noticias en un portal sobre discapacidad. Milagros. Por todas esas cosas duerme poco. Y porque le gusta estar despierta.

Vive con sus padres y sus cuatro hermanos menores. El mayor falleció hace dos años. Y a ella le duele en el alma. Pero sigue. Siempre sigue.

Con los chiquitos, dice que tienen una relación "de compañeros”, que se cuidan mutuamente. De su mamá se queja un poco, porque la llama a cada rato para preguntarle dónde está, si llegó bien, a qué hora viene. "La primera vez que fui a la facultad sola me pasé en el tren. Yo estaba bien orientada, pero por las dudas quise confirmar con una señora, y me dijo cualquier cosa. Eso a mi mamá no se lo conté, porque no me iba a dejar viajar tranquila. Además aprendí que no le tengo que preguntar a nadie, que sola me arreglo”.

Milagros sentencia que todo es un mito, que las capacidades sensoriales de los ciegos son las mismas que las del resto, solo que prestan más atención. Sin embargo, con anécdotas y con hechos se desmiente. Dice que en la estación de Avellaneda, con solo percibir que se aproxima un tren, se da cuenta para qué andén va. "La gente se apura y yo me río: nada más indigno que correr por un tren que al final no es el que te tenés que tomar”. Y su mamá saca tajada. Como Milagros entiende lo que la gente dice en voz baja, la hace escuchar las conversaciones de los hermanos adolescentes. "No le cuento todo lo que hablan porque si no se infarta”. Servicios de inteligencia caseros. Jaime Stiusso sanvicentino.

—Para llevarte a tu casa, ¿Me decís la dirección y pongo el GPS?

—No, es mejor que yo te indique

—Doblá en la próxima y hacé tres cuadras.

—¡¿Pero cómo te diste cuenta dónde estábamos?!

 

Toda su vida, Milagros fue a la escuela en doble turno. A la mañana, a la número 6, después, a la 26 y finalmente, al Comercial de San Vicente; a la tarde, a la 501 de Alejandro Korn. Fanfarronea con que la primaria se le hizo fácil, porque entró a primer grado sabiendo leer y escribir, en tinta y en braille. Pero reconoce que siempre se le complicó bastante con matemática. Y recuerda con un poco de rencor a geografía, porque los mapas los tenía que hacer con relieve: horas y horas de esfuerzo extra, como en todo.

Vive en un barrio alejado del pueblo. Por eso, desde siempre toma colectivos. Dice que los choferes la conocen, entonces le paran y le dicen de qué línea son. Y comprobado: porque cuando cruza la calle para hacer unas fotos con El Diario San Vicente, aparece "Cachorro” Cantó y ella lo saca por la voz. Pasan otros vecinos: todos la saludan con cariño; ninguno la mira con cara de "pobrecita”. Milagros sonríe y se le iluminan los cachetes de colorado.

Tiene algo para decir. Y aprovecha: "En cuanto al tema de derechos, lo mejor que pueden hacer las personas con alguna discapacidad es investigar y estar informados. Porque a veces pasa que uno se conforma con las cosas como están y en verdad puede cambiarlas. Las leyes existen: a veces no se cumplen, pero no solo por culpa del Estado, también porque la gente no pelea. Por eso es fundamental instruirse e insistir”.

Milagros asegura que "una discapacidad no te hace más fuerte ni más débil”, que "quizás se llegue a los objetivos por otro medio o un poco más lento”, pero que "en realidad es lo mismo”. No hace falta que aclare cómo piensa, porque lo demuestra con lo que hace todos los días, pero igual lo aclara: "Creo que nada que valga la pena va a ser sencillo. La clave está en no quedarse y tirar siempre para adelante”.Manuel Nieto

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