San Vicente

Carola Lorenzini, de Alejandro Korn al cielo

Fue la aviadora más notable de su época: una pionera y una figura popular. Nació en Alejandro Korn, y voló por todo el país. Sus hazañas la anotaron en los libros de historia y su carisma, en el corazón de la gente. Un final épico y trágico.
miércoles, 06 de julio de 2016 · 08:50

Carola Lorenzini fue la aviadora más notable de su época, una precursora del género femenino en esa disciplina, y también una figura que gozó del reconocimiento popular. Su trágico final, en un accidente en 1941, la inmortalizó como "La Paloma Gaucha”, y como una insignia para el primitivo pueblo de Alejandro Korn que la vio nacer.

Carola nació el 15 de agosto de 1899, en la localidad de Empalme San Vicente (nombre anterior de Alejandro Korn). En su infancia, mezcló el ámbito rural de su hogar con la educación de la Escuela de Señoritas de la Ciudad de Buenos Aires. Allí practicó varios deportes en los que llegó a destacarse, como equitación, remo, salto, jabalina, hockey y atletismo

En la Escuela de Señoritas, se perfeccionó en taquigrafía y dactilografía. Y así fue que una vez egresada comenzó a trabajar en una empresa de productos químicos, para luego, en 1923, desembarcar en la Compañía Unión Telefónica.

En esos años, encerrada en un oficio que no la satisfacía, Carola comenzó a soñar con la aviación. Entonces, en 1930, voló por primera vez. Lo hizo como acompañante del piloto Victoriano Pauna, en el aeródromo de Morón. Desde ese punto, su pasión por los aviones creció de tal manera que nunca la abandonó.

Lo primero que hizo la joven para cumplir con su sueño fue asociarse al Aeroclub Argentino, en 1931. Sin recursos suficientes para pagar los cursos de pilotaje, Carola solía pasar el tiempo en el aeródromo, interiorizándose sobre el mundo de la aviación. Finalmente, en 1933, y luego de exprimir sus ahorros y vender su bicicleta y un diccionario enciclopédico, llegó a costear el curso de instrucción, en el que mostró aptitudes sorprendentes y una entrega absoluta. Tres meses más tarde aprobó el examen para obtener el carnet de piloto civil de la categoría A. Su primer vuelo fue desde Morón hasta San Vicente. Luego siguieron viajes a General Acha, Río cuarto, Rosario y Pigüé.

Absorbida por la aviación, Carola comenzó a ausentarse de su trabajo con una gran frecuencia, lo cual, tras una advertencia de su jefe, la llevó a abandonar la compañía tras 17 años de servicios. Fue por esa época que se impresionó con las pruebas aéreas del piloto Santiago Germano, a quien le pidió que le diera lecciones de alta acrobacia. La capacidad que demostró la joven fue tal, que junto con su instructor acabaron por convertirse en una dupla de renombre dentro de la aviación. Llegaron a la popularidad en 1934, cuando realizaron una prueba en el aeródromo de Melilla en Montevideo, Uruguay, ante más de 50 mil personas.

Pero ninguno de esos logros conformaba la tozudez de Carola. Su objetivo pasó a ser el de lograr el mayor registro de altura femenina del país. Para eso, debió adaptarse a los vuelos de altura con las diferentes máquinas que pasaban por sus manos, hasta que el Aeroclub la autorizó a utilizar el material de la Fábrica Militar de Aviones. Así, luego de una larga preparación, despegó el 6 de septiembre de 1935 a bordo de un Ae C3, y alcanzó los 5.381 metros. Con esa cifra se convirtió en la mujer argentina que más alto había volado.

Más tarde comenzó a participar en diferentes carreras de aviación organizadas por el Aeroclub, en las que tuvo muy buenas actuaciones. En 1938, ganó su primera competencia, lo que motivó que el Estado atendiera su pedido de recibir un avión a préstamo, para poder practicar más seguido. El entonces Ministerio de Guerra le cedió a Carola un Focke-Wulf, con la condición de que debía llevar adelante un raid por las 14 provincias argentinas de aquel entonces, para demostrar las bondades de esa máquina de fabricación nacional.

La piloto inició la ambiciosa empresa el 24 de marzo de 1940. Recorrió en total más de cinco mil kilómetros, y en el trascurso realizó 30 demostraciones de alta acrobacia por el interior del país. Regresó al aeródromo de Morón el 21 de abril siguiente. Allí la aguardaban 30 mil personas, que la ovacionaron fervientemente. Carola era sin dudas una ídola para su época.

Su gran apego a la cultura tradicionalista argentina le valió el apodo de "La aviadora Gaucha” o "La Paloma Gaucha”. Y su gran coraje y fortaleza quedaron demostrados en 1939, cuando en un viaje a Paraguay para representar al país en la asunción del Presidente Estigarribia, sufrió una caída que la dejó herida y aislada en una zona de esteros de la provincia de Corrientes. Allí, Carola sufrió un fuerte impacto que destruyó la nave por completo y que la mantuvo aprisionada por un largo rato. Finalmente logró liberarse y, herida, caminó hasta un rancho, donde pidió un caballo. Tras dos horas de cabalgata, llegó a la localidad de General Virasoro: había salvado su vida y dado grandes muestras de temple.

El trágico final

Por incumplir algunos reglamentos aéreos, la Dirección General de Aeronáutica Civil le impidió a Carola realizar vuelos de acrobacia por cuatro meses en 1941. Por eso, y por el retiro del avión que solía usar por parte del ejército, se vio obligada a mantenerse con los pies sobre la tierra por un extenso periodo.

Su regreso a los cielos fue pautado para noviembre de 1941, para homenajear a un grupo de aviadoras uruguayas que habían venido de visita al país. Carola debió pujar hasta último momento para que las autoridades la dejaran emprender el vuelo y, como resultado, el domingo 23, día de la muestra, tomó un avión desconocido, con el que no pudo realizar las pruebas de rigor. A pesar de la falta de entrenamiento y de la inactividad, se sentía confiada.

El vuelo acrobático fue breve y concluyó con el accidente fatal. En efecto, Carola levantó vuelo hacia las 16 horas, llegó a una altura de 500 metros y realizó algunas maniobras. Según publicaron los diarios de la época, luego hizo un looping invertido, con una parábola que se iba ampliando. El avión se aproximó a la superficie en posición invertida y, al parecer, la piloto intentó un tonel para volver la nave a su posición normal, pero la baja altura frustró su propósito. Y cayó en picada.

Horrorizado por el estruendo del golpe, el público se dirigió hasta el lugar de la caída, detrás de una arboleda. Allí comprobaron que el avión estaba totalmente destruido, y que Carola había muerto.

El cuerpo estaba destrozado, pero como no se produjo incendio, pudieron envolver los restos en el paracaídas de la piloto. Carola fue velada en el Aeroclub Argentino. Y hoy, a casi 75 años de su muerte, sigue honrando la tierra de San Vicente, en la que descansa.

La aviadora en datos

Fue la primera mujer en manejar un auto en San Vicente.

Para hacer el curso de instrucción como aviadora, en 1933, utilizó todos sus ahorros y debió vender una bicicleta y un diccionario enciclopédico.

Fue la mujer sudamericana que voló más alto: 5381 metros en 1935, sin oxígeno.

También fue la primera en cruzar sola el Río de la Plata.

Compitió con hombres en todas las pruebas de regularidad y de acrobacia que tuvo a su alcance, y logró varias victorias.

Entre marzo y abril de 1940, recorrió todas las provincias del país presentando un avión de fabricación nacional.

El nombre de Carola, por todo el país

Carola Lorenzini dejó una huella imborrable en la historia del deporte argentino. Sus hazañas y su carisma calaron hondo entre la sociedad argentina de la primera mitad del siglo XX. Su historia de superación se convirtió en un mito, y por eso trascendió su época. Hoy los homenajes se pueden ver en Alejandro Korn, su pueblo: la calle que bordea las vías del Ferrocarril Roca lleva su nombre, y en la intersección de la avenida Independencia con la Ruta 210 hay un monumento en su honor, que refleja la trágica caída de su último vuelo. Además, la escuela primaria Nº 25, ubicada en el barrio Versalles, también lleva su nombre.

Pero no solo en su patria chica se acordaron de ella. "La Paloma Gaucha” también está presente en calles y plazas de las localidades de Guernica, Longchamps, Temperley, Ciudad Jardín, Morón, Ituzaingó, Florencio Varela, Puerto Madryn y Tandil; en el barrio porteño de Puerto Madero y en el departamento de Godoy Cruz, en la provincia de Mendoza. Además, también hay un barrio en la ciudad de Córdoba que la homenajea.

Por otra parte, el 24 de noviembre de 2001 el Correo Argentino emitió un sello postal conmemorativo que lleva su imagen bajo la consigna "Aviación: Carola Lorenzini y Jean Mermoz”.

Comentarios

Otras Noticias