San Vicente

Ernesto Valls, el español que pintó a San Vicente

Fue un artista reconocido a nivel internacional. Llegó a la Argentina en 1916 y eligió al pueblo para buscar inspiración. Un hombre dividido entre su obra y su familia.
lunes, 22 de agosto de 2016 · 00:41

"Era un hombre lleno de ternura. Y tenía adoración por su mujer y por nosotros, sus hijos”. Así definía a su padre la célebre Carmen Valls en una entrevista que le hicieron en 1991. "Tenía la noble calidad de un pintor de raza, exuberante en su paleta de colores y creativo en la construcción de las imágenes”. Eso escribía un importante crítico del diario La Nación en 1943. Es que Ernesto Valls, el talentoso artista español que pasó la mitad de su vida en San Vicente, dedicó su tiempo a elaborar la vasta obra que ha legado, pero también a su familia.

Ernesto había nacido en 1891, en Valencia, España. De esa ciudad cálida y soleada heredó los colores que siempre distinguieron sus cuadros, que tenían "el olor de los naranjos”, como decía un periodista contemporáneo. En esa ciudad cursó sus estudios superiores de arte, en la Real Academia de San Carlos. Y desde los 16 años empezó a exponer sus cuadros y de a poco fue convirtiéndose en una figura notable.

Su realismo fresco y a tono con las tendencias de la época lo hicieron trascender su lugar natal. México, San Pablo, Londres y New York fueron algunas de las plazas que reclamaron sus obras a partir de 1912. En esas ciudades ganó trascendencia y empezó a cotizarse como un pintor en boga.

En 1916, decidió trasladarse a la Argentina. Según el relato de la familia, en el barco conoció a una joven de su edad, Dolores Chacón, con quien se casó ese mismo año. Valls quiso instalarse en un lugar tranquilo, y eligió a San Vicente. Compró una quinta de dos hectáreas, ubicada frente a la propiedad que luego sería de Juan Domingo Perón. En el pueblo nacieron sus dos hijos, Ernesto y Carmen. Era una familia feliz, querida y respetada por los vecinos.

"No hallo palabras para expresar cuanto hizo mi padre por nosotros. Él pintaba y conversábamos mucho. También paseábamos por la laguna. Siempre fue compresión, sonrisa, buen consejo”, recordaba la ya fallecida Carmencita, uno de los personajes más entrañables de San Vicente.

Según la crítica especializada, durante su etapa argentina Valls, en algunos cuadros, dejó de lado sus habituales colores vivos y pasó a usar tonos más cautelosos, quizá teñidos por la nostalgia de extrañar su tierra. No obstante, San Vicente le resultó inspirador. Títulos como "Laguna de San Vicente”, "El Arroyo”, "Tambo” y "Orillas del pueblo” fueron hechos a partir del paisaje local.

A sus 40 años, en lo que sería el tramo final de su vida, se le encargaron obras para decorar edificios estatales, como el entonces Ministerio de Obras Públicas, el Palacio de Justicia de Córdoba y el Museo Nacional de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia. Para esos trabajos debió viajar por todo el país y reproducir algunos de los paisajes más notables de las sierras, la pampa y la vida marina. Cumpliendo esa misión lo encontró la muerte el 31 de febrero de 1941, en Mendoza. Sus restos fueron traídos al pueblo y hoy descansan en el Cementerio de San Vicente.

Bocha Landaburu – Nieto

"Yo a mi abuelo no lo conocí, pero tengo algunas memorias por lo que me contaba mi mamá, Carmen. Era un tipo tranquilo que jamás se enojaba. A tal punto que cuando ella hacía algún lío, la penitencia era ponerla a leer mientras él pintaba. Le gustaba el juego, por eso tenía una mesa de billar en la casa. También fumaba en pipa”.

 

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