San Vicente

Los Payamédicos que arrancan sonrisas en el Hospital Ramón Carrillo

Son seis chicas jóvenes que cada sábado recorren las salas de internación. Empezaron en marzo y ya se ganaron el corazón de los pacientes. “Nuestro objetivo principal es generar un estado de ánimo optimista”, definen.

Los Payamédicos que arrancan sonrisas en el Hospital Ramón Carrillo
El Diario Sur

Es sábado por la mañana y las salas de internación delHospital Ramón Carrillo están tranquilas. Las enfermeras se mueven mansamenteentre las habitaciones; los familiares de los enfermos salen a los pasillos ahablar por celular; algún médico recorre. No mucho más. En la última oficinadel pasillo, seis chicas de entre 20 y 30 años se encierran a tomar mate.Tienen una planilla con los nombres de los pacientes y las enfermedades quepadecen. También ropa, pelucas y maquillajes de colores. Se ponen ambos demédicos, pero con decoraciones alegres y floridas.

Las chicas que charlan y googlean las enfermedades que noconocen son Jesuana Arias, Agostina Castro, Camila Rocco, Debora Candia,Julieta Bolufer y Julieta Chandre. Dos de ellas son de San Vicente, una es deAlejandro Korn y las otras tres vienen de Ezeiza, Glew y Guernica. Camila essocióloga, Jesuana es psicóloga, y el resto estudia carreras relacionadas a lashumanísticas. Pero cuando se terminan de cambiar y se colocan la nariz depayaso naranja –no es roja porque, según dicen, ese color recuerda a la sangre-ya no tienen esos nombres ni esas procedencias ni esas ocupaciones. Las queabren la puerta y salen a recorrer el hospital son las doctoras Amaranta,Leopoldina, Lumbertina, Finolina, Felicitas y Donata. Y son payamédicas.

La ONG Payamédicos desembarcó en el hospital de San Vicenteen marzo pasado. Eran estas seis chicas con un grupo de acompañantes de másexperiencia, que después las dejaron libres. Desde entonces, cada sábadorecorren las habitaciones del sector de clínica médica, pediatría y maternidad."Nuestro objetivo principal es generar un estado de ánimo optimista sostenidoen el tiempo. Para eso tratamos de componer un espacio lúdico, de ponerfantasía en el medio hospitalario. Y generalmente lo logramos”, cuentan.

Los payamédicos tienen un lenguaje propio, siempre al bordedel disparate. Una de esas palabras se repite todo el tiempo: es el reemplazode paciente por "produciente”. "Decimos produciente porque lo que buscamos esgenerar algo nuevo con el otro. Paciente nos remite a un sujeto pasivo quesimplemente está atravesando un mal momento y no puede decidir casi nada.Nosotras no vamos a dar algo que es nuestro, sino a compartir un momento”,explica Jesuana, que también es docente en los cursos que se dictan para losaspirantes a formar parte de la ONG.

Para ser un payamédico, es necesario tener entre 18 y 60años y haber terminado el secundario. Aunque en realidad hay otros requisitospor fuera de los formales, como tener un espíritu solidario y mucha imaginación."Somos payamédicas porque nos gusta jugar y compartir”, precisa la doctoraDonata, que se define como experta en arcoíris y en pescar.

"El payaso es un personaje encantador, que nace con lo queuno ya tiene adentro, y que es omnipotente en el buen sentido. Porque es tiernoy lo puede todo gracias a la fantasía y a la imaginación. Es puro devenir;nuestras doctoras son puro devenir también”, explican las chicas en un bar,después de haber jugado por más de dos horas en el hospital. Terminaron conhambre y ahora toman café y comen porciones de torta. Es el momento de la"payagrafía”, el tiempo que dedican después de cada jornada a intercambiarpercepciones sobre lo vivido con los pacientes.

En el hospital, juegan todo el tiempo, aun cuando estánsolas. Hacen una coreografía para lavarse las manos, cantan por los pasillos ypreparan dibujitos que luego entregarán a los chicos. "Es que la imaginacióndel niño se mete mucho en nosotras y nos compenetramos. No es que interpretamosun personaje, sino que nos ponemos a jugar de verdad. No tenemos un númeropreparado, buscamos la subjetividad de cada paciente para producir algo nuevo”,comentan. Y aclaran: "Obvio que conocemos las limitaciones de cada persona,pero siempre tratamos de enfocarnos en las aptitudes, en lo que sí se puedehacer”.

Verlas en acción es conmovedor. En algunas habitaciones, alprincipio las personas se muestran un poco parcas. Es que la explosión decolores en el medio del hospital puede resultar algo chocante. Pero en seguidalos intercambios empiezan a fluir y el contraste se vuelve armónico. Pacientesy payamédicos charlan de cosas cotidianas. Aunque ellas se dedican a desdoblartodas las expresiones del lenguaje y llenarlas de fantasía. Generalmentearrancan las sonrisas y en el mejor momento se van, "para que se quede esaenergía positiva”, tal como explica Jesuana. "Nos estamos viendo” es la fraseque eligen para despedirse. De esa manera evitan el "chau”, que suena más seco.En pediatría es donde mejor funciona la magia: los chicos y las madres lasmiran contentos.

Pegados en las puertas de la mayoría de las habitaciones sepueden ver circulitos de cartulina naranja. Son sus narices, y también el signoinequívoco de que por allí pasaron ellas. Quizás también sea la marca de unapersona que sufría y, al menos por un rato, pudo conocer una sonrisa.

Una organización que crece y ya tiene más de 4.000colaboradores

Payamédicos se constituyó como ONG en el 2002. Fue fundadaen Buenos Aires por el psiquiatra y director de teatro José Pelluchi, quieninició la actividad en los años 90, llevando pequeñas obras a las camas de lospacientes del Hospital Rivadavia. Allí comprobaron que, gracias a esasintervenciones, bajaba el nivel de analgesia requerido por los enfermos. Yempezaron a convocar a más profesionales, que se terminaron cruzando con lospayasos. Ahora, hay más de cuatro mil payamédicos entre la Argentina y Chile.