San Vicente

¡Feliz día a las maestras sanvicentinas!

La vicedirectora de la Escuela 1, Soledad Luna, y la maestra de sexto grado, Fabiana Batista, cuentan la realidad de las aulas. Juntan bolsones de ropa, pero no dejan de explicar la regla de tres simples.

¡Feliz día a las maestras sanvicentinas!
El Diario Sur

Este domingo 11 de septiembre, a la noche, va a ser difícilconseguir mesa en los bares y restaurantes del pueblo: como cada Día del Maestro,van a estar llenos. ¿Qué va a estar celebrando cada una de esas docentes? Esimposible saberlo. Aunque tomando dos casos particulares, podemos hacernos unaidea del conjunto. Soledad Luna, vicedirectora de la Escuela 1 de San Vicente,y Fabiana Batista, maestra del sexto grado del turno tarde, van a estar festejandoque cada día entregan sus horas al oficio que aman: el de formar buena gente.

En la escuela tradicional de San Vicente hay cien personastrabajando y la matrícula asciende casi hasta los mil alumnos. Las aulaspequeñas no dan abasto para los grados de 35 chicos. Y las necesidades sepueden palpar a primera vista. "Es duro cuando sabés que uno de tus chicos nodurmió abrigado a la noche, o no tiene zapatillas, o pasa hambre en la casa. Sehace difícil lidiar con todas esas injusticias”, dice Fabiana.

Se hace difícil pero no lo pueden evitar: de alguna formalidian con esas injusticias. Las maestras de la escuela 1 –y de muchas otrasescuelas- no se dedican solo a los manuales, sino que además se la pasanjuntando ropa para después llevarle a sus alumnos carenciados. "También nospreocupamos por rescatar lo que sobró del comedor y dárselo a las familias quemás lo necesitan; es imposible cumplir con todos porque realmente les falta amuchísimos”, cuenta Fabiana.

Sin embargo, ese esfuerzo, dar esa mano, ni siquiera es laparte fundamental. "Atendemos las necesidades, pero tenemos bien en claro quenuestra función es educar a los chicos y darles herramientas para que mañanapuedan estar mejor”, asegura Soledad. "Nosotras trabajamos para que, más alláde la vida hostil que les pueda haber tocado a cada uno de los alumnos, acá enla escuela tengan un lugar de felicidad y bienestar, y aprendan paratransformar su realidad. Es imposible que cambiemos los problemas que tienen ensus casas, pero sí podemos lograr que sientan alegría esas cuatro horas que lostenemos”.

Hay condiciones básicas para ser un buen maestro. Laprimera, la que está en la punta de la lengua, es la paciencia. "Pero solopodés tener paciencia si tenés amor por lo que hacés, esa es la única forma desuperar los obstáculos que se presentan todos los días y que a veces sonagotadores”, resumen. "Y nunca sacamos el foco de lo más importante: losniños”.