San Vicente

Tres sanvicentinos sueltos en Nueva Zelanda

Jóvenes del pueblo viajaron a ese exótico país de Oceanía para trabajar y recorrer. Paisajes únicos, novios europeos y experiencias inolvidables al otro lado del mundo. ¿Volverán?

Tres sanvicentinos sueltos en Nueva Zelanda
El Diario Sur

Nicolás Núñez – 24años

La vida en una islaparadisíaca

"Yo estaba con la cabeza quemada por la rutina de trabajar,viajar en tren, vivir con un ritmo acelerado. Y me vine acá y es como estar enuna granja de rehabilitación contra el stress”. Así habla Nicolás Núñez, uno delos jóvenes sanvicentinos que tomó la decisión de gestionar una visa Work andHolidays (trabajo y vacaciones) e irse, por tiempo indeterminado, a NuevaZelanda.

Ahora Nicolás vive con su flamante novia francesa en la islade Waiheke, y trabaja en un bar. "Teniendo visa es muy fácil conseguir laburo.Yo no sabía nada y empecé en una cocina. Trabajo cuatro días por semana, entresiete u ocho horas. Y con eso pago el alquiler, vivo más que bien y encimaahorro. Nunca creí que me podía pasar algo así: en Argentina me esforzaba eldoble y nunca me alcanzaba la plata”, cuenta.

Después de recorrer gran parte del país, vivir en casas defamilia, conocer paisajes hermosos, lidiar con el frío y con la nieve ytrabajar en la cosecha del kiwi –uno de los grandes motores de la economíalocal-, Nicolás decidió instalarse en una isla paradisíaca. "Este lugar esfascinante. Hay verde por todos lados, pajaritos cantando, estáspermanentemente en contacto con la naturaleza. Ahora, en invierno, cuando medan ganas me pongo el traje de neoprem y me voy a nadar al océano”, asegura.

"La experiencia de viajar es espectacular. Y acá está llenode mochileros, así que conocés personas de todas partes del mundo, con culturasmuy diversas”, afirma Nicolás. Y elogia a los neozelandeses: "Son todos muyamables. Y llevan un ritmo de vida tranquilo”.

¿Planes para el futuro? "Tengo pensado volver un par desemanas a San Vicente. Pero mi idea es quedarme en Nueva Zelanda todo lo quepueda, de forma legal, hasta tener una residencia y después viajar por otroslados. También quiero ir a trabajar a California”.

Victoria Bachman – 22años

De los kiwis a uncentro de ski

Cada año, Nueva Zelanda otorga mil visas para argentinos quequieran viajar al país y combinar trabajo con vacaciones. Muchos aplican, perola gran mayoría queda afuera. Cuando Victoria Bachman se enteró de que susolicitud había sido aprobada, estaba cursando el tramo final de su carrerauniversitaria. "Me vine para acá en septiembre de 2015, sin ningún trabajofijo, pero tenía a mis primos en Auckland, la capital, así que cuando llegué meinstalé con ellos. Paseé por un par de días, pero me dada miedo no conseguirtrabajo, así que me puse a buscar”, cuenta. Y agrega: "Al poco tiempo empecé enun bar y después también como niñera. Para ir y venir, me tuve que comprar unauto, que acá no son caros”.

Para fines del año pasado, Victoria llegó a agotarse de susdos empleos y de la vida en la ciudad, así que empezó a recorrer. Pasó navidadcon Nicolás Núñez, en Waiheke, empaquetó cerezas, recibió a su madre –laprofesora Silvia Ryan, que pasó vacaciones allí-, y luego a su amiga Florencia."Con ella estuvimos dos meses trabajando con los kiwis, porque justo fue laépoca fuerte. Ahí conocí a mi novio, que es alemán. Y juntos nos vinimos paraWanaka, a trabajar en un centro de ski. Yo soy moza en el restaurante”, relata.

Acerca de las virtudes del país oceánico, la joven destaca:"Es súper seguro. La gente confía en el otro. Podés dejar las cosas encualquier lado que nadie te las va a tocar. Todos son simpáticos y lospaisajes, espectaculares”. Pero también se queja: "Lo malo es que no hayfiesta, muy poca vida nocturna”.

Para el alivio de su familia, Victoria piensa volver a laArgentina: "Ahora me estoy yendo de vacaciones a Asia por dos meses. Despuésvuelvo algunas semanas a Nueva Zelanda y a mitad de diciembre ya me voy paraBuenos Aires”.

Florencia Andechaga –22 años

La importancia dehaber estudiado en un agrotécnico

"La comida de acá no me gusta. La carne, el pollo y el quesoparecen de plástico”, se queja Florencia Andechaga. A pesar de ese detalle,está encantada con Nueva Zelanda, país al que llegó a principios de año junto asu novio. "Es un lugar precioso. La gente es muy amigable y nadie tieneprejuicios con los demás por su apariencia física o por lo que sea. He recibidolo mejor de ellos. Además hay personas de todas partes del mundo. Con esoaprendés un montón”, cuenta Florencia. Y resalta la legislación progresista quepredomina en el país: "Las mujeres votan desde 1893, el aborto es legal, no hayenergía nuclear y las políticas ambientales van muy avanzadas”.

Cuando vivía en San Vicente, Florencia estudiaba sociologíay era administrativa en una oficina. Pero en Nueva Zelanda le valieron lasexperiencias en su secundario con orientación agrotécnica, porque debiótrabajar en huertas y en tambos. También, por supuesto, realizó tareas en laépoca de cosecha del kiwi, como la inmensa mayoría de los viajeros que lleganal país. "Ahora estoy haciendo mi última semana en una plantación de manzanas”,dice.

¿Añorar San Vicente? "Sí, lo que más extraño es llegar ysentir que estoy en mi casa. Pienso volver algún día, todavía no sé cuándo. Porel momento quiero seguir viajando y conociendo. Y mi familia me apoya. Una delas cosas que no extraño ni en pedo es el Tren Roca”.

Acerca de las costumbres de los sanvicentinos que másimpactan a los neozelandeses, Florencia hace hincapié en el mate. Y añade: "Nosotrostenemos la costumbre de compartir todo, un paquete de galletitas, lo que sea.Acá no son tan así. Igual son muy solidarios y serviciales”.