Tres generaciones de trabajadores rurales confluyen en elcampo Las Gramíneas, ubicado sobre la ruta 6, en San Vicente. Roberto Alegre,de 53 años, creció en esa estancia de 800 hectáreas que se dedica a lahacienda de cría. Hace un lustro, cuando su padre, Jesús María, a los 82 años,tuvo que retirarse, él se hizo cargo de dirigir el trabajo como encargado. Yahora recibe la ayuda de su hijo Manuel, que todavía estudia en la secundaria.
"Mi papá siempre fue muy famoso por amansar caballoscomenta Roberto-. Y yo también lo hago, y ahora mi hijo también lo hace. Sequería comprar una moto, pero a mí me daba un poco de miedo; al final seterminó entusiasmando con los caballos, que son lo más sano que hay.
El día de Roberto arranca tempranito, a las seis de lamañana. Después de algún mate, sale a recorrer el campo. "A veces le tengo quepegar hasta la noche y otras veces puedo cortar más temprano, asegura. Ycuenta que su día de descanso es el domingo, pero que igualmente tiene quehacer algunas tareas.
Roberto es puestero, pero con su padre, en base al esfuerzode años, llegaron a comprar un campo propio. "Es una tranquilidad tener algoque es de uno para el día de mañana, reflexiona. Mientras, en Las Gramíneas,tiene chanchos, ovejas, gallinas y hasta pavos reales.






