Llegó en un Fiat 1 color bordó que estacionó sobre la rambla de la avenida 9 de Julio. No conocía el reglamento del futsal, pero cuando lo entendió hizo siete goles al hilo. Jugó con los cordones de las zapatillas Puma blancas desatados. Se aprendió los apodos de los jugadores rivales. Se sacó más de 200 fotos con los vecinos. Pidió un regalo y se lo llevó: una damajuana del vino tinto Viñas riojanas.
Esas fueron algunas de las perlas que dejó la histórica visita de Diego Armando Maradona al Club Deportivo San Vicente. Fue el viernes 19 de abril de 1991 por la noche, en el marco de un campeonato de futsal del que participaba el Depo. La jornada futbolera más importante en la historia del pueblo fue recordada ayer en las redes sociales de la institución, en el día del cumpleaños número 58 del Diez.
Por aquel otoño de 1991 Diego atravesaba uno de los momentos más complicados de su carrera profesional. El 17 de marzo, luego de una victoria de Nápoli por 1 a 0 ante Bari, el control anti-doping había detectado cocaína en su organismo. La FIFA lo suspendió por más de un año.
Pero más allá de esa restricción, Maradona, que entonces tenía 30 años, no podía pasar demasiado tiempo alejado de una pelota. Por eso estaba fichado en el campeonato oficial de futsal en las filas del mítico Club Social y Deportivo Parque, cuna de cracks como Juan Pablo Sorín, Esteban Cambiasso, Carlos Tevez y Fernando Redondo, entre otros. A Diego lo había acercado a esa entidad de barrio su amigo el Checho Batista, también surgido de Parque.
El equipo de los sanvicentinos estaba formado por Marcelo Razeto, Daniel Sosa, Ernesto Ledesma, Néstor Patán Núñez, Chapita Bermudez, Carlos de Campo, Roberto el Ciego Fernández y Juan José Peludo Gómez. Era una selección de jugadores de los populares campeonatos de papi fútbol que se disputaban en el Depo por aquellos años. Todos tenían entre 25 y 30 años.
En la semana, en la reunión de delegados de la liga, nos habían adelantado que quizás podía venir Diego, nos dijeron que estemos preparados. Pero no comentamos demasiado para no generar falsas expectativas, recordó ante El Diario Sur el arquero Marcelo Razeto, hoy dueño de la empresa Telcel Sur, que comercializa celulares.

Yo en esa época estaba a cargo del bufet del club, hizo memoria el ex presidente del Depo Ruben Milanesa Barciocco. El viernes a la noche estaba barriendo. Y de repente veo que estacionan el Fiat Uno bordó sobre la rambla y que se baja Maradona con un bolsito en la mano. Tiré la escoba y me puse a aplaudir, no lo podía creer, sumó.
Según Barciocco, a esos partidos de futsal iba muy poca gente, pero con la presencia del Diez bastaron un par de minutos para que en el pueblo se corriera la voz y la cancha del Deportivo se llenara por completo. Tuvimos que cerrar la puerta porque no entraba nadie más. Era impresionante. El partido se jugó con gente al borde de las líneas, dijo Milanesa.
Con Maradona, Batista y el crack de Argentinos Juniors Silvio Rudman, el partido arrancó favorable al Depo, que se puso 2 a 0 de entrada, con anotaciones de Chapita Bermudes. Pero después Diego se habituó a la cancha y a las particularidades del futsal, y a Razeto le tocó sufrir siete goles del Diez. Uno atrás del otro.
Fue un espectáculo verlo tan de cerquita: el dominio de pelota que tenía, la claridad para definir. De algo mínimo sacaba una ventaja. Era como si el tipo tuviera la mente un segundo adelantada a la de todos, describió el arquero.

Después del partido, que Parque ganó 9 a 4, hubo asado en el gimnasio de 9 de Julio 180. Para esa altura, el club estaba estallado de gente y de periodistas. Diego se sacó fotos con todo el mundo, pero después pidió tranquilidad para poder cenar. Fue muy agradable, muy macanudo. Nos trataba por los apodos que nos había escuchado en la cancha. Charlamos de muchas cosas, reconstruyó Razeto.
En ese momento en el bufet trabajábamos un vino medio berretón, pero que era bastante rico. Y a Diego le encantó y nos pidió más, revivió Barciocco. Fue así como quien es considerado el mejor futbolista de la historia se fue de San Vicente con una damajuana de Viñas Riojanas bajo el brazo. Y habiendo dejado tras de sí un tendal de recuerdos imborrables para cientos de vecinos.








