Luego de casarse con Alberto Wallasch y de recibirse de odontóloga, la oriunda de Puán se mudó a San Vicente, de dónde era su marido, y a partir de ese momento dedicó toda su vida a ayudar desinteresadamente al que más necesita. Su labor solidaria le valió ser reconocida por el Rotary Club como vecina destacada y también que el apodo de Monona sea identificado como un sinónimo de solidaridad.
Felisa colaboró con la Cooperadora del Hospital Ramón Carrillo de San Vicente durante 30 años hasta que en 1992 fue elegida como presidenta. A partir de ese momento, la agrupación empezó a contar con un staff integrado prácticamente solo por mujeres, quienes trabajaron en pos del bien común, dejando muchas cosas personales de lado.

Con las chicas logramos comprar muchos aparatos que eran necesarios para el hospital, como un equipo de Endocolonoscopía y una Torre para Laporoscopía, por los cuales fuimos juntando de a poquito, contó Felisa. La comunidad se compromete muchísimo con nosotras porque siempre en las cenas solidarias que hacemos agotamos entradas, añadió.
Nosotras buscamos siempre ayudar al que realmente necesita, comprándoles remedios y dándoles todo el apoyo necesario para que puedan recibir la mejor atención
No obstante, detrás de sus iniciativas para la Cooperadora Felisa siempre intentó ayudar sin importar la distancia: Hace mucho tiempo estuve atendiendo pacientes en Guernica, en un consultorio chiquito que de a poco lo fuimos armando. Allí permanecí por más de 10 años ya que era la única dentista en ese momento. Todos los días viajaba hasta allí y me quedaba hasta tarde.
Sin embargo, para Felisa hubo un hecho particular que la marcó de por vida y le dio fuerzas para seguir con sus actividades solidarias: Una vez le propuse a un ex director del Ramón Carrillo, empezar a colaborar con chicos que sufrían adicciones, entonces empezamos a organizar jornadas.
Salió todo tan bien que terminé poniendo un consultorio en dónde ellos estaban y los chicos fingían dolores de muela para poder venir a charlar un poco conmigo por la buena relación que se generó y de paso salir de la realidad que estaban atravesando. Eso me llenó el corazón como pocas cosas, expresó emocionada la señora de 81 años.
Felisa es consciente de que los años no vienen solos porque las rodillas comenzaron a molestarla a la hora de levantarse, por lo que no descartaría próximamente darle lugar a la juventud: Las 12 mujeres que trabajan incesantemente para poder ayudar al que necesite están capacitadas para poder llevar adelante la Cooperativa. Ya tengo muchos años ayudando, y sé que ellas podrán hacerlo con mucho amor, honradez y paz, como lo hice yo durante tantos años, cerró.







