El agarrado es, además de su naturaleza tacaña, una persona ágil de mente a la hora de meter una excusa que le libre de pagar. Tiene una memoria muy selectiva, tiende a olvidarse la cartera en casa, pero nunca se olvidará de reclamarte cincuenta miserables centavos. Calcula exactamente los tiempos para que la llegada de la cuenta le agarre en el baño y para irse a casa antes de que le llegue el turno de pagar ronda.
Pero cuando no tiene a quién cargarle el muerto, se queda indefenso ante su mayor miedo: gastar dinero, y el miedo puede hacerle llegar a comportarse de forma impulsiva e irracional, poniendo en riesgo su vida.
Poseído por ese miedo terrible a cualquier tipo de desembolso económico acabó este ciudadano chino colgado a unos 57 metros de altura. El hombre, tratando de escaquearse de pagar la factura de un hotel en Guizhou en el que se alojaba decidió escaparse por la ventana de un decimonoveno piso trepando por los cables telefónicos.
El hombre consiguió avanzar muchísimos metros hasta quedarse atascado a medio camino entre los dos edificios.
Además de morir estampado contra el asfalto, tuvo muchas probabilidades de electrocutarse con los cables de alta tensión que había cerca, pero tuvo suerte, finalmente los bomberos lo rescataron y fue escoltado por la policía.






