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La moda de las pastelerías: surgen más emprendimientos que son una fiesta para los golosos 

A partir de la pandemia, muchos vecinos se animaron a dedicarse a la pastelería. Se dan a conocer a través de las redes y algunos también tienen locales a la calle. El caso del alfajor de Monte Grande premiado en un Mundial. 

¿Qué es la pastelería? Si bien muchos vinculamos esta actividad, casi artística, con Francia, en realidad tiene su origen en Egipto, hace aproximadamente 7000 años, y esto se pudo saber gracias a recetas simples que quedaron registradas. En tanto que el nombre “pastelería” se lo debemos a los griegos: “pasté” quiere decir harinas con salsa.

Pero, ¿por qué cuando hablamos de pastelería pensamos en Francia?, esto se debe a que fue en ese país, durante el reinado de Carlos IX, que se creó la primera Corporación de Pasteleros, dando lugar a la pastelería moderna.

Este espacio era el encargado de enseñar el oficio y, a partir de ese momento, surgieron platillos que conocemos hasta la actualidad, como los helados y los éclairs, que se hicieron muy famosos en nuestro país gracias al programa de competencia pastelera “BakeOff”.

Si bien la pastelería tiene miles de años de historia, es en Francia donde se perfeccionó y pulió cada detalle de las preparaciones con la intención de alcanzar la perfección no solo del sabor, sino también estilística.

En nuestro país, si bien podríamos pensar que la pastelería llegó de la mano de los inmigrantes, tiene sus inicios mucho antes. Ya en el marco de la Revolución de Mayo, en 1810, hay registros de recetas dulces autóctonas.

Incluso, en 1890, la escritora argentina Juana Manuela Gorriti publicó un libro con algunas de ellas: “Cocina ecléctica”, donde recopila todo tipo de menús. Algunas de las preparaciones, también, tenían influencias españolas pero con características propias de nuestra región.

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Desde la pandemia, muchos vecinos de la región comenzaron a dedicarse a la pastelería.

Desde la pandemia, muchos vecinos de la región comenzaron a dedicarse a la pastelería.

Durante la pandemia por COVID-19, cuando regía la cuarentena absoluta, los canales de televisión comenzaron a transmitir competencias culinarias, la aplicación “Tik-Tok” se llenó de videos con recetas cortas y desafíos, como el del postre tipo Serenito y las redes y medios de comunicación se hicieron eco. La mejor opción para pasar el tiempo durante el encierro, para muchos, fue cocinar y comer cosas ricas.

Un estudio del International Food Policy Research Institute (IFPRI) realizado en nuestro país reveló que el 70% de los argentinos había modificado su consumo durante los meses de pandemia, inclinándose hacia aquellos alimentos más calóricos.

Como consecuencia de esto, sumado a que muchas empresas y negocios cerraron sus puertas obligando a los trabajadores a buscar un nuevo rumbo, la pastelería fue la elección de cientos de personas que decidieron dedicarse a endulzar las mesas con sus delicias.

La región sur del Conurbano bonaerense no se quedó atrás y cada día, para la alegría de los golosos, son más las pastelerías que abren sus puertas ofreciendo una amplia variedad de productos para el deleite de los clientes.

El Diario Sur charló con varios pasteleros que contaron cómo dieron sus primeros pasos, qué es lo que más aman de su trabajo y más.

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Cada vez más pastelerías abren sus puertas en la zona.

Cada vez más pastelerías abren sus puertas en la zona.

El comercio de Monte Grande que obtuvo un premio en el Mundial de Alfajores

Sebastián Gaudio es vecino de Monte Grande y una de sus creaciones en su negocio “Señor Alfajor” ganó el tercer puesto en el reciente Mundial de Alfajores realizado en Argentina. El alfajor es de chocolate 70% con un corazón de pasta de avellana.

“No imaginamos nunca quedar en el tercer puesto”, explicó Sebastián. Además, contó que la idea de hacer alfajores surgió durante la pandemia, cuando la situación era muy complicada. Cuando dejaron de hacerlos, los clientes insistieron en que querían más.

Tras haber resultado ganador del tercer puesto comentó que en el barrio “fue toda una revolución” y que todos los vecinos lo saludan y felicitan: “Hasta me felicitó el carnicero”.

“Si varias localidades se caracterizan con un alfajor, ¿por qué Monte Grande no?”, fue lo que pensó Sebastián al comienzo de su emprendimiento. Sin embargo, estos alfajores también llegaron a otros países como Estados Unidos, el Caribe y España.

Aparte del triple ganador, en “Señor Alfajor” cuentan con más variedad: bananita dolca, tiramisú, nutella, fruta crocante, membrillo, menta, dulce de leche con nuez y capuchino son algunas de las opciones que se pueden encontrar en el local, ubicado en Nuestras Malvinas 305 (Monte Grande).

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Sebastián Gaudio, dueño de "Señor Alfajor".

Sebastián Gaudio, dueño de "Señor Alfajor".

Una emprendedora de Canning se inspiró en sus hijos para ofrecer productos sin gluten

María Laura Frambati es de Canning y comenzó con su emprendimiento cuando ella y dos de sus tres hijos fueron diagnosticados con enfermedad celíaca, por lo que no pueden consumir gluten.

“La primera reacción fue un poco de pánico, no te voy a mentir, pero poco a poco, casi siempre con paciencia y buena predisposición, le fui encontrando la vuelta”, contó.

Con la nueva dieta notó la dificultad de asistir a reuniones en las que no encontraba nada para comer: “me dolía el corazón cada vez que había un cumpleaños y me decían ´no tengo nada para tus hijos´, o ´se traen su vianda, ¿no?´”.

Luego de encontrarse con esa situación reiteradas veces, María Laura empezó a realizar sus propios platillos y decidió abrir su propia pastelería a la que nombró “Oui”, sí en francés, para transmitir que padecer celiaquía no debe ser una limitación para disfrutar de ricas comidas.

“Los productos de son caseros, quizás no son perfectos, te dicen que los hizo una mamá, con muchísimo amor y para que nadie se sienta excluido”, relata María Laura, que busca que todos puedan disfrutar y se sientan bienvenidos.

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Memesh apuesta por productos personalizados y una torta estilo “Matilda”

Milagros Juárez Córdoba comenzó con la pastelería como un hobbie al mismo tiempo que trabajaba: sus familiares, amigo y compañeros de trabajo fueron sus primeros clientes. Con el paso del tiempo fue tanta la demanda que Milagros abrió una pastelería en su casa.

Al mes de la apertura, cumplió su sueño de inaugurar su propia pastelería en San Martín al 600, en Monte Grande. Su emprendimiento fue bautizado “Memesh”, apodo que su padre le dio cuando era pequeña.

“Nuestro sello distintivo son las tortas decoradas con estilo vintage. Eso está entre nuestros productos personalizados más pedidos. En el día a día nuestro ´best-seller´ es la torta Matilda, igual a la de la película”, relató.

En su pastelería “Memesh” también tiene reservado un espacio para los amantes de lo salado: “las chipas se llevan el primer puesto. Mucho queso, pura fécula de mandioca y amor”, indicó la cocinera que confesó que lo que más ama de su trabajo es pensar que es parte de la vida de sus clientes. “Eso me llena el alma”, celebró la pastelera.

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“Metele que son pasteles”, de Nueva Zelanda a San Vicente, con pasión por la masa madre

Micaela Pino inició con la pastelería en 2017 cuando vivía en Nueva Zelanda y hacía el programa de recetas “Metele que son pasteles”. Cuando retornó a su ciudad natal, San Vicente, empezó a ofrecer sus productos en ferias de la región y a dar clases de cocina para chicos.

En 2019 participó de un programa televisivo y ganó popularidad, lo que la empujó a abrir su propio negocio. “Abrí el local en la casa de mi infancia, eso tiene representatividad, tiene un gran sentido para mí”, recordó. Así, “Metele que son pasteles” desembarcó desde Nueva Zelanda a Moreno al 100, San Vicente.

“Mi fuerte son los croissants, es lo que más le gusta a la gente. Ahora me apasiona la masa madre” relató la joven que señaló que lo que más le gusta de su trabajo es que siempre hay algo nuevo por aprender. “Emprender es un desafío para crecer y dar lo mejor.”

Micaela reconoce que llevar adelante un negocio propio resulta un desafío, y eso la empuja a seguir creciendo. “Tengo ganas de sumar, para que la gente pueda disfrutar de un café con cositas ricas.”

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Desde Luis Guillón, una mirada a la infancia y a Willy Wonka a partir del cobro del IFE

Claudia “Laly” Poretta es de Luis Guillón Y en medio de la pandemia por COVID-19 se quedó sin trabajo. Cuando cobró el IFE otorgado por el Gobierno lo utilizó para invertir en su emprendimiento y así poder subsistir.

“Empecé haciendo bombones rellenos con frases, me cree mi página de Instagram y de Facebook y de a poco fui creciendo. Tengo clientes desde que empecé y nuevos que se van agregando. A la gente les gusta, que es lo bueno”, contó Laly a El Diario Sur.

Su más reciente incorporación son los chocolates “Wonka”, rellenos de sabores a elección y con el recordado ticket dorado, tan ansiado por los niños. La chocolatera relató que la idea de agregarlo al catálogo surgió “para que la gente tenga un recuerdo de su niñez y que los niños de ahora también puedan sentir la emoción de abrir un chocolate y encontrar el boleto dorado”.

“Lo que más me gusta me gusta de mi trabajo es que la gente se quede conforme con lo que ve y me vuelvan a comprar. ¡Siempre le pongo dedicación y amor!”.

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