El jabalí es una plaga para los productores agropecuarios porque causa estragos en los campos: rompen alambrados, atacan al ganado y a los campos sembrados con maíz.
La especie fue introducida a la Argentina, desde Europa, entre 1904 y 1906, junto con el ciervo colorado por Pedro Luro (1861- 1927) para su coto privado de caza en el sur de Santa Rosa (La Pampa). Con el paso de los años se convirtieron en animales silvestres y el apareamiento con los chanchos hizo que se volvieran cimarrones.
El jabalí es un animal que pesa entre 40 y 90 kilos, aunque puede alcanzar los 150 kg y los 180. El promedio de vida es de 13 años y en cautiverio hasta 20. El color del pelaje varía desde el grisáceo hasta el rojizo, tendiente a volverse más oscuro hacia las extremidades. Las crías tienen unas líneas blancas en el lomo que les sirven para camuflarse. Los machos tienen característicos colmillos codiciados como trofeo de caza.
En la Argentina, los jabalíes se encuentran en 11 Parques Nacionales desde donde se expande a un ritmo alarmante. A mediados de 2020 el equipo del área de Conservación del Parque Nacional Lanín, en Neuquén, estableció que la distribución de estos animales aumentó más del 30% en el área protegida desde 1985. En el mismo año un estudio que llevó adelante el Centro de Ecología Aplicada de Neuquén (CEAN), el CONICET y el Parque Nacional Lanín, determinó que los suidos en un período de 10 años avanzaron hacia el este y noroeste de la provincia patagónica, ocupando 2.316 km2.

