A los 8 años, Fausto Benegas tiene algo que lo distingue entre sus compañeros: cuando se sienta frente a un teclado, sus pequeños dedos recorren las teclas con una facilidad que sorprende incluso a los adultos. El alumno de Grilli Monte Grande, vecino de El Jagüel, comenzó a interesarse por la música cuando era muy chico y, con el paso del tiempo, convirtió aquella curiosidad en un verdadero talento.
Tiene 8 años, es alumno de Grilli Monte Grande y sorprende a todos tocando el teclado
Fausto Benegas comenzó a acercarse a la música a los tres años. Lo que empezó como un juego con canciones infantiles hoy lo lleva a destacarse.
Todo empezó alrededor de los tres años. Según contaron sus padres, Natalia y Hernán, Fausto comenzó a prestar atención a canciones infantiles y piezas de música clásica que encontraba en YouTube. Al principio tocaba tímidamente con un solo dedo, pero poco a poco empezó a incorporar las dos manos y a avanzar de manera llamativa para su edad.
“Porque me divertía tocar”, explicó el propio Fausto cuando le preguntaron por qué había empezado a acercarse al teclado. Según contó, primero escuchaba canciones infantiles y después su mamá le compró un órgano. Una de las primeras canciones que intentó tocar fue Piratas del Caribe.
Con el tiempo, la música se volvió parte de su vida cotidiana. Cuando ingresó al colegio, sus padres descubrieron que el Grilli tenía un taller de música y Fausto comenzó a asistir a partir de primer grado. Durante ese primer año de clases, su evolución fue notable: pasó de tocar con pocos dedos a utilizar las dos manos completas.
Este año llegó uno de sus momentos más especiales: fue convocado para tocar el Himno durante los actos de promesa a la bandera de cuarto grado. Participó en las tres jornadas de la institución y recibió el aplauso de toda la comunidad educativa. “Me puse re nervioso, pero me encantó”, reconoció.
Una historia que comenzó con un nacimiento prematuro
Para Natalia, su mamá, la historia de Fausto comenzó de una manera muy diferente a la que hoy podría imaginar al verlo sentado frente a un teclado. El pequeño nació con apenas 30 semanas de gestación, pesó 1,375 kilos y tuvo que permanecer durante un largo período en neonatología.
“Lo que nos vaticinaban en un comienzo no era muy alentador”, recordó Natalia al hablar de aquellos primeros días. Con el paso de los años, aquella historia quedó atrás y Fausto creció hasta convertirse en el chico que hoy sorprende a su familia, sus docentes y sus compañeros con su facilidad para la música.
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