En tiempos en los que las pantallas ocupan buena parte del tiempo libre de los chicos, un grupo de niños de Luis Guillón encontró una alternativa que combina creatividad, concentración y trabajo manual: el crochet. La propuesta funciona en la biblioteca Florentino Ameghino y, lejos de ser una actividad exclusivamente para adultos, comenzó a sumar cada vez más chicos interesados en aprender a tejer.
Crochet para niños: los chicos se animan a tejer y hasta reciben encargos
Un grupo de niños de Luis Guillón comenzó un curso de crochet. En otros puntos de la región también aseguran que hay chicos pidiendo sumarse a los talleres.
Marcela Crapis es profesora de crochet y desde hace tres años dicta clases en la biblioteca. Su propuesta está abierta a distintas edades y actualmente recibe a chicos a partir de los 8 años. La incorporación de los más pequeños surgió este año, luego de que algunos padres se comunicaran con ella para consultarle si podían participar.
“Yo el taller lo propuse para edades diversas. No separo por edades. Propuse de 8 años en adelante”, explicó Marcela. Con el tiempo, comenzaron a llegar los primeros chicos y la experiencia fue creciendo. Actualmente, hay niños y niñas que asisten a distintos turnos y que, además, continúan tejiendo en sus casas. La profesora destaca especialmente que, en la mayoría de los casos, la iniciativa nació de los propios chicos. “Fue decisión propia de los niños. No es que los papás dijeron ‘bueno, vas a empezar’. Ellos quisieron probar, ver de qué se trataba, les gustó y se quedaron”, contó.
Para Marcela, las redes sociales también tuvieron un papel importante en este fenómeno. Los chicos ven en internet muñecos, accesorios y otros proyectos realizados con hilo y crochet, y eso despierta su curiosidad. “Ahora las propuestas son más abiertas, se están dando en las redes y ellos están muchas horas en redes. Yo creo que ahí los chicos empezaron a verlas y dijeron: ‘vamos a ver de qué se trata’”, explicó.
Uno de los aspectos que más la sorprende es que el interés no termina cuando finaliza la clase. Según relató, los chicos llegan a sus casas, terminan sus tareas y continúan con el tejido.
Los resultados ya se pueden ver en la biblioteca. Muñecos tejidos, pequeños animales y distintos objetos forman parte de los trabajos realizados por los alumnos. Algunos comienzan los proyectos durante la clase y los terminan en sus casas; otros directamente buscan modelos en internet y se animan a reproducirlos.
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Las palabras de los chicos
Agustín, uno de los alumnos, comenzó a tejer este año junto a Bianca. Durante una de las clases estaba trabajando en una funda para el cargador del celular, un accesorio que permite engancharlo y dejarlo colgado mientras se carga. Bianca tenía interés en el diseño de moda y una tía, Marisa, fue quien les enseñó a tejer durante una visita a su casa. A partir de ese momento comenzaron a practicar y luego se incorporaron al taller.
Agustín ya tiene varias creaciones propias, entre ellas una tortuga y otros pequeños muñecos tejidos. Cuando le preguntan qué es lo que más le gusta de las clases, responde de manera sencilla: “Tejer”. Bianca, por su parte, también empezó a recibir pedidos. Según contó, algunas personas que conocen los trabajos que realiza comenzaron a encargarle piezas. Así, lo que comenzó como un hobby se transformó también en una manera de producir sus propios objetos y aceptar pequeños trabajos. Cabe destacar que hay otras dos niñas, Lola e Isa, quienes también se sumaron a los talleres.
Actualmente, el taller funciona los lunes de 16 a 17.30 y los martes de 9.30 a 11. La apertura del turno de la mañana surgió precisamente a partir de los pedidos de quienes no podían asistir por la tarde. Además, Marcela también tiene su propio Instagram: @hiloyflortejidos.
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¿Por qué los chicos vuelven al tejido?
Gabriela Botello, vecina de Lomas de Zamora, licenciada en Ciencias Antropológicas, docente, tejedora y artesana, considera que el acercamiento de los chicos a estas actividades responde a múltiples factores. “Por un lado, puede ser que sean niños o niñas que vean tejer en sus casas, mamás, abuelas, tías. Ven hacerlo y antes los pequeños aprendíamos, por ejemplo yo cuando era chiquita aprendí con mi abuela”, explicó Botello, quien también se dedica al tejido y difunde su trabajo a través de su proyecto @tramandotramas.
Sin embargo, señala que hoy existe una diferencia respecto de otras generaciones: los chicos cuentan con espacios específicos donde pueden aprender estas actividades. “En vez de pedir a mamá o a la abuela que le enseñen, buscan un lugar a donde ir a aprender”, sostuvo. Según contó, incluso recibió recientemente el mensaje de una madre cuya hija quería aprender a tejer y coser.
Para la antropóloga, además, el fenómeno forma parte de una tendencia más amplia que trasciende a los niños y que apunta a recuperar actividades manuales como una forma de ocupar el tiempo libre. “Hay una tendencia más global a volver a ocupar el tiempo libre en actividades manuales”, explicó.
Botello evita definirlas como “actividades de abuelas”, una denominación que considera limitada porque el tejido atraviesa generaciones. En cambio, entiende que existe un interés creciente por propuestas que permiten combinar creatividad, concentración y encuentro con otras personas.
“Creo que también los incluye en esta tendencia a buscar actividades que permitan la introspección, con el compartir, el hacer en grupo. Creo que les interesa a los adultos y, por carácter transitivo, también les interesa a los chicos”, concluyó.




