“A mí las cosas en miniatura siempre me movilizaron y me dieron ternura”, explicó Sabrina Curcio, vecina de Glew, a El Diario Sur sobre los inicios de su emprendimiento llamado “Yo Aquelarre” (@yo.aquelarre), que surgió a partir de transformar sus creaciones de comida en miniatura en accesorios como aros y collares. En su cuenta de Instagram, actualmente suma 11.600 seguidores.
Comida en miniatura: una artesana de Glew se destaca con sus trabajos en las redes
Sabrina Curcio es de Glew crea esculturas muy pequeñas de las comidas favoritas de los argentinos y las transforma en accesorios como aros y collares.
A pesar de que las cosas pequeñas siempre llamaron su atención, fue en 2018 cuando Sabrina descubrió, a través de las redes sociales, que personas rusas y asiáticas hacían esculturas en miniatura con objetos de relevancia cultural para sus países: “Pensé, ¿por qué yo no puedo tener un mate y una pavita chiquitos?”.
“Agarré un pedacito de porcelana e hice lo primero que me salió”, contó la artista. Así surgió su primera obra en miniatura: un par de porciones de tarta de cereza con una bocha de helado. Consiguió arcilla polimérica, ideal para dar un efecto más realista, y siguió transformándola en comidas miniatura.
“Yo invito a que se identifiquen con algo y lo lleven puesto”, remarcó Sabrina y comentó que ella tiene un collar de un “matecito y un termito lumilagro” que lleva constantemente y utiliza a modo de “talismán”.
En este sentido, explicó que más adelante tiene la idea de sumar pines y llaveros, pero el lugar principal van a seguir teniéndolo los aros y collares, ya que las personas lo llevan puesto todo el tiempo y esa es su idea: “Tiene que ser algo que los involucre”.
Sabrina tiene 23 años y está a tres materias de recibirse como profesora de artes visuales. Ella se define a sí misma como “artista artesana” y piensa seguir dedicándose a “Yo Aquelarre” ya que es algo que la apasiona y que, según comentó, creció mucho este año a partir de las redes sociales.
Con el tiempo, sus clientas empezaron a llamar a sus pequeñas creaciones “aquelarritos” y Sabrina encontró un juego de palabras que la motivó a seguir conservando el nombre original del emprendimiento: “aquel-aritos”. Los accesorios que vende Sabrina rondan en un precio de $1500, y ahora también abrió la posibilidad de que las personas le pidan aquello que quieren a pesar de que no esté publicado en la página.

