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"Ser luthier es como una terapia"

Fabrica instrumentos desde hace años en zona sur, enseña a otros los secretos de este oficio y comparte la pasión por las guitarras con su hijo Daniel.

Hace más de veinte años que Daniel Gago tomó la lutheria como su profesión y decidió convertirla en su forma de vida. Sus inicios en este oficio se remontan años atrás cuando comenzaba su pasión por la música y los instrumentos. "Tenía 19 cuando tuve mi primer bajo y como no me gustaba el color, entonces decidí desarmarla yo mismo piecita por piecita, lo pinté a mano como pude y lo volví a armar. Ahí me fue gustando y a los 23 empecé a investigar mejor, aprendiendo a prueba y error”, recuerda el músico, en diálogo con El Diario Sur.

Actualmente, Daniel da clases en su propio domicilio de Burzaco donde alrededor de 70 alumnos asisten a las clases de luthería donde aprenden el armado, reparación y pintura de bajos y guitarras. Al taller asisten chicos de distintas localidades de Buenos Aires y hasta de provincias como Santa Fé. Mientras algunos de los alumnos o toma como un hobbie o un pasatiempo, otros lo consideran una fuente de trabajo ya que aprenden lo necesario para poder llevar a cabo más adelante sus propios proyectos laborales. 

En cuanto a la construcción del instrumento, él considera que hay que destacar ciertas cuestiones. "La madera es muy importante a tener en cuenta a la hora del sonido. Hay muchas maderas para usar y muchas combinaciones. Por eso, el tipo de madera es imprescindible. Los materiales con los que trabajamos son de afuera, son americanos pero sin embargo se trabaja con maderas de Argentina”, explica sin dejar de mencionar que la diferencia entre un instrumento hecho en serie y uno fabricado por un luthier "cuenta con muchos más detalles".

A lo largo de su carrera, Daniel tuvo la suerte de acompañar a varios músicos de renombre que le hicieron tener experiencia. A los 23 años comenzó a trabajar como sesionista junto al compositor y cantante Chico Novarro y a partir de allí la vida le abriría la puertas a trabajar con otros artistas. 

"Poder tocar con un instrumento hecho por mí es como un sueño, es algo que sólo puede sentir un músico que puede tocar con un instrumento fabricado por el mismo”, afirma el luthier que hace dos años sufrió un ACV que lo dejó lejos del trabajo por un tiempo pero considera que el oficio le dio las fuerzas para seguir adelante y recuperar. "Es terapéutico. Si hubiese tenido otro trabajo no sé si me hubiera recuperado tan pronto", resalta.

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