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La conmovedora historia de Alejandro Guerrera: Un joven que luchó por su vida y ahora está en rehabilitación

Se cumplen cinco meses desde que un desgarrador suceso cambió la vida de este joven de 21 años, quien hoy lucha por salir adelante y alcanzar el éxito.

A 5 meses del desgarrador suceso, Alejandro Ezequiel Guerrera, de 21 años, cuenta cómo luchó con fuerzas para seguir con vida. Pasada una semana de su cumpleaños y en el mes de su egreso escolar, vivió una situación que lo fortalecerá por el resto de su vida.

En diciembre del año pasado, en Burzaco, el joven se encontraba en la vereda de su casa con un amigo. Arribaron dos hombres en moto para intentar robarle, pero Alejandro no lo permitió y contraatacó a la fuerza. A raíz de su defensa, ambos ladrones forcejearon y ambos delincuentes comenzaron a disparar.

El tiroteo duró las veinte balas que efectuaron. La madre del chico salió a las afueras de la vivienda a socorrerlo pero Alejandro, en su desesperación, corrió para evitar que ella sea baleada. Logró salvar la vida de su mamá, pero recibió un disparo en la ingle que desencadenó un río de sangre.

Jerónima Sosa, la madre del joven, contó a El Diario Sur: “Las balas me pasaban a ambos lados de las piernas. Estaban tirando a matar, y le dieron en la ingle. Se me paralizó el corazón y empecé a gritar por la vida de mi hijo”.

En ese momento, el tiempo era limitado. Alejandro se desangraba y la madre pedía ayuda a los gritos. Ambos delincuentes se dieron a la fuga sin dejar rastros del delito, más que las balas. Unos vecinos levantaron al joven y lo subieron a la camioneta, emprendiendo un viaje de urgencia hacia el Hospital Lucio Meléndez, en Adrogué.

Llegaron al lugar bañados en sangre del chico, quien perdió un 20% de la misma en todo el trayecto. Lo ingresaron de forma inmediata al quirófano para detener la hemorragia y estuvo inconsciente dos días enteros. El 1ero de enero, fue trasladado al Sanatorio Güemes, en Capital Federal, donde le realizaron una segunda cirugía que consistía en un By Pass y así intentar conseguir que, en la pierna afectada, comenzara a fluir sangre. La familia contó que no les aseguraban que saliera con vida, pero no se iban a rendir ni perder la esperanza.

Alejandro confesó que “Lo único que pensaba cuando estaba en urgencias, era despedirme de mi mamá y mi papá, por si no los volvía a ver”. Luego de 6 horas de cirugía, finalmente estaba fuera de peligro y en cuidados intensivos. Al despertar, él asegura saber que estaba solo y en una oscuridad absoluta. Cuenta la desesperación que sintió y que recuerda haberse arrancado los tubos de las máquinas.

Un mes enteró duró su internación en el Sanatorio. Las esperanzas de recuperarse estaban siendo opacadas por todo el dolor que sintió en aquél momento. Pasaban los días y su pierna derecha había comenzado a hincharse: la sangre ya no estaba circulando.

La desgarradora noticia recayó sobre toda la familia. El joven estuvo obligado a aceptar que debían amputarle la pierna o podría perder la vida. Alejandro cuenta que: “Sentí que se me caía el mundo. Estaba muy adolorido y no paraba de pensar que estaba a punto de perder una parte de mí”.

El proceso de aceptación fue como un duelo. Aceptar la idea de una nueva vida era muy repentina y abrumadora para un chico de apenas 21 años. Finalmente, su pierna fue cercenada y pudieron salvar la izquierda.

“La primera vez que me vi al espejo, me hizo muy mal. Verme con todas esas cicatrices me dolía”, dijo Alejandro, y luego agregó: “Hoy en día me miro y me digo a mí mismo ‘Mirá lo que estás logrando’, ‘Mirá la agilidad que tengo por más que me falte una pierna’. Soy más fuerte, me siento como Superman, porque soy mucho más resistente que antes”.

Su vida anterior se basaba en ir a estudiar, llegar a su casa, cambiarse e irse a trabajar. Era un ayudante de cocina para un salón de fiestas en Banfield. Pero luego de lo ocurrido, su realidad cambió drásticamente.

Alejandro tiene aspiraciones a futuro, quiere crecer y ser cada vez mejor. Desea estudiar ingeniería mecánica de motos, para dedicarse a arreglarlas como un hobbie, una pasión. Luego de las operaciones, se dedicó a arreglar la suya para poder utilizarla. Hoy en día circula en moto por la ciudad.

Sus vecinos no pueden creer que el joven maneje su vehículo con tanta facilidad, la gente en la calle lo mira asombrado. La primera vez que se subió a su moto, luego de recuperarse, su cara de felicidad era absoluta. Alejandro asegura que: "El momento más feliz de mi vida fue cuando me volví a subir a mi moto. Me explotaba el corazón".

En el día de hoy, él se encuentra atravesando rehabilitación en un centro de Capital Federal, a la espera de recibir la pierna ortopédica con la estética. Desea volver a vestirse bien, como le gustaba hacerlo. Y, cuando la reciba aseguró: "Voy a volver a ser yo, a estar completo".

Alejandro quiere transmitirle a todas las personas, que puedan estar afectadas por una situación similar, que ellos sepan que son personas normales. Dice: "Hay personas que están completas, tienen sus dos piernas y sus dos brazos, están bien de salud. Pero los ves acostados en la cama tristes, sin ganas de hacer nada. Y a mí me da bronca, porque me dan ganas de gritarles que están vivos", y agrega que: "A mí que me falta una pierna, hago lo que sea para poder estar bien".

Este joven, con su historia de lucha, de esperanza, nos enseña a seguir adelante a pesar de los golpes, a pesar del dolor. Alejandro Ezequiel Guerrera, es un verdadero "guerrero".

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