11 de junio de 1982. Faltaban pocos días para el fin de la Guerra de Malvinas. Y en medio de la conmoción que vivía el país, Juan Pablo II realizaba en la Basílica de Luján una misa multitudinaria. Allí, entre cientos de miles de personas, estaba María Marta Baliani, vecina de Remedios de Escalada, que a sus 21 años atravesaba ese instante con sensaciones que iban desde “la ansiedad por un momento único” hasta la “ferviente fe” por una jornada le resultaba “inimaginable”. 44 años después, a horas del arribo de León XIV, las expectativas son similares y lo sentencia así: “Esto es emocionante”.
Integrante de la Parroquia Santa Teresita del Niño Jesús, ubicada en Lomas de Zamora, hoy, con 65 años, mira de reojo en la memoria aquellos instantes que la tuvieron viajando desde la zona sur del conurbano bonaerense hasta el destino en el que iba a encontrarse con el hoy santo Karol Józef Wojtyła. Y palpita, con similar efervescencia, el arribo de Robert Prevost.
“Estoy esperando con mucha ansiedad y mucha fe. Sinceramente es emocionante esto e inesperado también. Es mucha la gente que va a estar, incluso mucha que no es de religión católica”, sentenció en diálogo con El Diario Sur.
Un viaje especial a Luján
En ese sentido, puntualizó en algo que le ocurrió a su alrededor en aquel momento con Juan Pablo II y que prevé se replique ahora con León XIV: “La realidad es que se realizan muchas conversiones en estas visitas, como pasó en otros países, y mi expectativa es que mucha gente que está alejada de la fe vuelva o se acerque por primera vez, y eso es muy importante, poder escuchar las palabras que dicen los papas, ya que los papas no le hablan sólo a los católicos, a toda la gente”. Y añadió: “Su mensaje es de paz, de concordia, de amor, de generosidad, amistad, con discursos muy lindos y sentidos”.

Así la situación, recordó lo que fue para ella, veinteañera, aquel traslado a Luján. “Salimos temprano con un micro desde la parroquia. Estaba lleno y llegamos temprano. Hubo que esperar mucho porque la misa estaba prevista para las 7 de la tarde y no nos podíamos mover. Llegaba gente de todo el país e incluso de países limítrofes, algo que me sorprendió muchísimo”, indicó.
Y resaltó cómo atravesó la previa al evento: “Cantábamos, rezábamos, mirábamos por unas pantallas grandes que ponían lo que fue la llegada del Papa al suelo argentino”.
Así la situación, puso el foco en ese instante especial. “Vi cuando se arrodilló y besó la tierra, y dio las bendiciones. Había cantos, oraciones, cada uno con su expectativa, porque acá era un momento muy especial porque estábamos en plena guerra y vino en son de paz. Todos teníamos la esperanza de la paz”, comentó.
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Momentos en la memoria
Y añadió, sobre un recibimiento estelar y personal: “Cuando llegó pusieron una alfombra frente al papamóvil y se trasladó en esa alfombra. Nosotros estábamos a unos metros, vimos cuando nos dio la bendición. Fue increíble porque lo recibieron con un coro, entre niños y grandes, que le cantaban en polaco una canción que le cantaba su mamá cuando era bebé, y él se emocionó”. “El Papa había perdido a su mama muy chiquito, a los 8 años, y después al hermano, que era médico, lo perdió siendo joven, y por último a los 20 años al papá, por lo que, lo que debe haber sido para él escuchar esas estrofas en polaco. Es una cosa que lo pienso todavía hoy y me suenan pequeñas estrofas”, completó.

Sobre la misa en sí, María afirmó que fue “una experiencia maravillosa, el sonido se escuchó perfecto, y fue algo hermoso”. “Cuando terminó la bendición no es que la gente se movió rápido sino que se respetó uno al otro. Fue un ejemplo increíble”, sentenció.
Al traer aquel instante a hoy, valoró el vínculo con la juventud, que ella lo tuvo en carne propia a los 21 años, y que hoy percibe vivenciarán muchos más. “Yo lo viví de forma especial aquel momento, con mucha expectativa en la juventud. Estaban en plenitud las ganas de servir, de estar ahí y ayudar al prójimo. Y hoy es similar, hay muchos voluntarios, van de todos lados a asistir a la gente que va a ver al Papa, y eso es invalorable”, comentó.
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Papa Francisco, un pilar clave
Por último, se refirió a ese crecimiento en el interés y lo asoció al Papa Francisco. “En aquel momento, en 1982, también fue así, pero ahora todavía hay más voluntarios y eso tuvo que ver con el Papa argentino, contribuyó mucho, porque fue él el que dijo que había que salir a las periferias, no quedarse en la parroquia y creo que logró esto, porque ahora desde el lugar más recóndito de este país la gente va a estar sirviendo al hermano”, sostuvo.

Y cerró: “El Papa Francisco tiene mucho que ver con esto. Este Papa viene a hacer este viaje en reconocimiento a todo lo que hizo él, que no pudo llegar a concretar su propio viaje. Eso fue una espina para Francisco, tenia pensado venir y no llegó, y este Papa quiere hacer este viaje porque esta obra la tiene que hacer en nombre de Francisco con el salgan y vayan a todos lados, hagan lio, en la calle con un mensaje de paz”.






