Historias del pueblo

Las aventuras de Perón en San Vicente

Hablamos con el museólogo de la quinta 17 de Octubre, con el sobrino nieto de Perón y con la mujer que fue casera de la quinta por 18 años. La historia de Perón en San Vicente, Emily Schindler cortando el pasto e Isabelita a los besos con el Almirante Massera.

Las aventuras de Perón en San Vicente
El Diario Sur

En San Vicente existe un territorio de 19 hectáreas en elque, hace más de medio siglo, el entonces Presidente de la Nación Juan DomingoPerón pasaba sus fines de semana de descanso junto a su mujer, Eva.Actualmente, dentro de ese espacio, que funciona como museo, también descansan,en un mausoleo, los restos de ese general que supo cautivar una diversa paletade sentimientos apasionados en todos los sectores de la sociedad argentina.

La historia de la quinta 17 de Octubre es conocida, aunquevale recordarla. Perón, ya siendo presidente electo, pero sin haber asumido elcargo, compró la quinta en 1946 a su amigo el general Domingo Mercante, quienera gobernador de la provincia de Buenos Aires. En aquel desolado campito queMercante tenía –según dichos de Perón- "donde empieza la pampa”, el creador delPartido Laborista hizo levantar, entre otras construcciones menores, los murosy la casa principal, que hoy se pueden ver en perfecto estado. La casaquintafue pensada por Perón como un refugio de descanso, y decidió ofrendársela comoregalo a su futura esposa, Eva Duarte.

Hasta 1952 –año en que murió Eva-, el matrimonio Perónutilizó la quinta asiduamente, instalándose allí casi todos los fines de semanay llegando a formar un vínculo especial con San Vicente. Según cuenta laleyenda, a la sombra del alcanfor de la quinta –que le hacía las veces derepelente- Perón redactó las bases de la Constitución de 1949.

"Este lugar era muy cuidado por Perón –relata Rubén Novoa,museólogo de la quinta y vecino de San Vicente-, tenía un significado muy especialpara ellos dos. Acá nunca hicieron reuniones políticas y prácticamente norecibían gente. Venían a buscar un poco de paz. Le daban licencia a las trecepersonas que trabajaban en la quinta los días de semana y dejaban sólo unamujer para que les ayude con la casa”.

"Perón venía, se instalaba, cocinaba, andaba en motoneta,andaba a caballo, charlaba con la gente, paseaba con Eva por la laguna, ibahasta Alejandro Korn a comprar cigarros… Hacía una vida normal, como cualquierpersona”, refleja Novoa.

Según Novoa, la reserva en la que el matrimonio presidencialmantenía su espacio en San Vicente era tal que, al día de hoy, resultaimposible reconstruir las habitaciones de la casa con la disposición original,puesto que no hay fotografías ni testimonios que puedan avalar la tarea.

"La casa principal, el palomar, la pileta, la cabaña, elaljibe, el torreón y los muros son las construcciones originales, levantadas en1947. Y después están los árboles: hay 86 especies arbóreas de todo el mundo,la mayoría plantadas por el mismo Perón”, explica Novoa.

Luego de la caída del gobierno peronista, a manos de laRevolución Libertadora en 1955, la quinta de San Vicente fue expropiada por elrégimen y pasó a manos del Ministerio de Educación, que llegó a utilizarla comocolonia de vacaciones para niños con discapacidades. Durante 18 años, lafamilia Marín, de San Vicente, fueron los caseros de la quinta. "En el inviernopor ahí venían los militares y se quedaban a pasar el día. Y en 1971 –antes delregreso de Perón- vinieron de visita Isabelita, Cámpora y López Rega. Nosprometieron que cuando ellos volvieran al gobierno íbamos a estar mejor”,recuerda Carmen Marín. "Despues, en 1973 –cuando volvió- vino Perón y recorriótoda la quinta. Lloró de emoción”.

A sus 76 años, Carmen asegura haber llegado a tener 150ovejas, 200 gallinas y 200 conejos, entre otros animales, viviendo en la quinta.Y, además, aporta un dato de gran valor para las curiosidades históricas:

-¿Sabés quién veníasiempre a cortar el pasto a la quinta? La alemana esa que salvó a los judíos.

-¿Emily Schindler?

-Sí, esa. Ella teníamuchos animales en su casa, entonces venía a buscar pasto para llevarles aellos. Cortaba de a partes y hacía parvas para llevarse en un carro.

El testimonio de Carmen, que asegura que Perón lloró deemoción al regresar a San Vicente en 1973, entra en llana contradicción con el recuerdode Alejandro Rodríguez Perón, sobrino nieto del ex Presidente y trabajador delmuseo. "Cuando Perón regresó al país yo tenía 11 años, y con mi familia éramosmuy cercanos. Me acuerdo que cuando volvió a San Vicente –yo vine acompañando,con mis viejos- esto estaba todo abandonado. El tío (por Perón) bajó enhelicóptero y dio la orden para que empiecen a arreglar todo. Lloró porquetenía mucha bronca de cómo estaba todo hecho mierda, lleno de pasto y mugre. Nisiquiera fue a ver la casa: paró por la puerta nomás. Nunca más volvió: murió yno la llegó a ver terminada”, rememora Rodríguez Perón, que tiene un ciertoparecido con su célebre tío abuelo, a quien se refiere como "el tío” o "elviejo”.

Más allá de sus memorias familiares y de su niñez junto a"su tío, el presidente”, Rodríguez Perón puede relatar con precisión otrocapítulo ineludible de la historia de la quinta 17 de Octubre. Luego de serdestituida del poder, en 1976, la viuda de Perón, Isabel Martínez, fue detenidapor la última dictadura, que luego de llevarla a Neuquén, decidió trasladarla ala quinta de San Vicente, donde la ex Presidenta permaneció trece meses.

"Ella estaba presaacá y con mi familia veníamos a visitarla todos los fines de semana. Losmilicos la trataban bien; ella no la pasaba mal. Se levantaba a las 8 de lamañana, desayunaba, tenía misa… Vivía sola con una señora que le cocinaba. Ycada tanto la venía a ver algún dirigente, como Manuel Quindimil, AntoniCafiero, Fernando Galamarini, Herminio Iglesias, Ítalo Lúder… De compromiso,para quedar bien”.

Por fuera de la política, el recuerdo más jugoso deRodríguez Perón sobre su tía Isabel parece estar más cerca de las revistas delcorazón que de los libros de historia. "El que se la movía era el AlmiranteMassera, eso te lo confirmo, eran amantes. Para mí que venía porque se corríala bola de que ella tenía mucha guita –y es verdad, tiene 300 millones dedólares”.

"Otro que anduvo con Isabel fue el teniente coronel Alcalde,que estaba a cargo del pelotón de 60 oficiales que vivía acá en la quintacuando ella estaba detenida. Eso lo vi yo. En una navidad que pasamos acá, conmi familia, estábamos bailando en el salón con los milicos y me mandaron abuscar un champagne al bar de la casa principal. Y ahí la descubrí besándosecon el teniendo coronel. Se caga de risa ella, no le importaba un carajo. Sí,le gustaba un poco la joda”, cierra Rodríguez Perón su alocado relato.Manuel Nieto