ROBERTO PERFUMO

Hasta siempre "Mariscal"

Futbolista, entrenador, periodista deportivo. Su muerte sorprendió a todos. Se llevó consigo una parte importante de la historia del fútbol argentino.
miércoles, 16 de marzo de 2016 · 09:35

Temperamental. Aguerrido. Seguro. Fuerte. Ordenado. Mil y una características sirven para intentar explicar cómo era dentro de una cancha. El resumen es más simple: Roberto Perfumo fue uno de los mejores zagueros del fútbol argentino. Jugador de una época donde el reglamento daba vía libre a muchas infracciones. "Si jugara hoy, no sé cuántos partidos terminaría”, reconoció en más de una ocasión.

Roberto Alfredo Perfumo nació en Sarandí, Provincia de Buenos Aires, el 3 de octubre de 1942. Comenzó a tener contacto con el fútbol amateur en 1957 en el equipo "Pulqui", de su barrio. En 1960 debutó en la quinta división de River Plate y poco tiempo después pasó a formar parte del plantel de Racing Club de Avellaneda, en donde haría historia.

 

En la Academia debutó en enero de 1964 en Santiago de Chile frente al Flamengo. En sus comienzos se desempeñaba como volante, pero en la reserva de Racing comenzó a jugar de segundo marcador central, sobre la izquierda.

 

Su debut en la Primera División se produjo de la mano de Néstor Rossi contra Ferro Carril Oeste y perdieron 1 a 0. En Racing demostró ser uno de los mejores defensores del país, al conquistar sucesivamente el campeonato argentino, la Copa Libertadores y la Copa Intercontinental. En todos esos torneos la figura de Roberto se destacó por encima de la de sus compañeros y sus actuaciones merecieron todo tipo de elogios. Sin duda buena parte de responsabilidad en su enorme proyección como futbolista la tuvo la llegada de Juan José Pizzuti -su director técnico- que lo colocó a la derecha y lo convirtió en uno de los mejores zagueros del fútbol argentino. "Vas a ser el mejor defensor central del fútbol argentino” supo decirle este técnico alguna vez, casi como un clarividente o dándose cuenta de las cualidades con las que contaba el "Mariscal”.

 

"Póngalo igual, aunque esté lesionado. ¿Sabe lo que es para un delantero rival salir a la cancha sabiendo que enfrente está Perfumo?”. El Coco Basile, compañero de zaga y amigo de toda la vida, le explicaba a Juan José Pizzuti que Roberto debía jugar siempre. Su sola presencia intimidaba a los adversarios y tranquilizaba a los suyos.

En Inferiores de Racing jugaba de seis, volante central de la época. Cuando los que usaban ese número bajaron a la línea defensiva, él se quedó en el medio, pero el técnico luego los convenció a él y Basile de formar la dupla central para el Racing del 66. El primer campeón del mundo de la Argentina, en el que Roberto debió acostumbrarse a esquemas muy ofensivos. Todos iban al ataque y quedaba muy desprotegido para los contraataques, por eso a veces abusaba del golpe fuerte, en una época en la que los referís no tenían el rigor disciplinario de ahora.

Ganó todo en Racing: torneo local, Libertadores e Intercontinental. Por aquella época nadie negaba que era el mejor zaguero del país. Se recuerdan tremendas batallas con Estudiantes, símbolo del contrapunto futbolístico con la Academia en aquellos años. Y una patada descomunal a Pachamé. Se ganó la convocatoria a la Selección Argentina. Tuvo un golpe fuerte: el empate ante Perú en cancha de Boca por las Eliminatorias de México 70. Por primera vez, la albiceleste quedó afuera de un Mundial por Eliminatorias. De todas maneras, vistió la camiseta nacional en dos campeonatos: Inglaterra 66 (en donde brilló) y Alemania 74.

 

El Cruzeiro de Brasil lo compró en 1971, año en que las transferencias eran mucho menos habituales que ahora, reservadas para cracks. Ganó tres veces el campeonato Mineiro y una vez la Copa Sul Minas. Debió acostumbrarse a otro estilo. "Si no devolvías una pared, después no te pasaban la pelota. Una derrota no se vivía como una tragedia”, contó alguna vez. Compartió equipo con figuras históricas, como Tostao y Dirceu Lopes.

Volvió a la Argentina en 1975, llamado por Angel Labruna para terminar con la sequía de 18 años sin títulos de River, objetivo conseguido en el primer campeonato con Roberto con La Banda. El Feo apostó a la experiencia (32 años) del Mariscal para armar la pareja central con Héctor Artico, quien llegaba desde Talleres de Córdoba. Más tarde, a Artico lo reemplazó un tal Daniel Passarella, último campañero de zaga de Perfumo. Imposible olvidar a un mediocampo histórico: Jota Jota López, Merlo y el Beto Alonso.

Se recuerda una anécdota de Maradona: "Jugábamos Argentinos-River, voy para adelante a una pelota y Perfumo me pegó una patada terrible en la pierna. Volé y caí al piso con un dolor enorme. De repente veo que él me habla y me dice: ‘Nene, ¿estás bien?’. Yo le digo: ‘Sí, sí, señor’. Tenía un susto bárbaro”. Roberto dejó el fútbol en 1978, con 38 años.

 

Pasaron los años y en muchas encuestas sobre la Selección Argentina de todos los tiempos fue incluido como uno de los mejores centrales. Y nadie duda de que en Racing fue el top de la historia en ese puesto.

Su carrera como entrenador la inició en Sarmiento de Junín en 1981. "En la primera práctica me temblaban las piernas la hablarles a los futbolistas”, contó en una de sus columnas en Olé. No fue positiva esa experiencia: lo echaron por malos resultados y luego el equipo descendió a Primera B. Perfumo le inició juicio al club y eso tuvo un costo: un acuerdo entre las sombras de los dirigentes argentinos determinó no contratar a entrenadores que le hayan iniciado acciones legales a cualquier institución. Por años no dirigió y se alejó del rubro: puso una empresa textil en Mar del Plata.

 

En 1992 tuvo un sorpresivo regreso, cuando fue llamado por Juan Distéfano para Racing. "Tenía ganas”, contó al asumir. Tuvo a cargo a Claudio García y Rubén Paz entre las figuras. Racing jugó buenos partidos y se recuerda una goleada a River en el Cilindro, pero el ansiado título no llegó y al tiempo debió dejar el plantel: había separado a Paz del equipo y los hinchas exigían el regreso del charrúa.

En 1992 dirigió a Olimpia de Paraguay, en 1993 fue contratado por Gimnasia y Esgrima de La Plata y obtuvo el único título oficial en la historia del club: la Copa Centenario, al vencer a River en la final. En aquel conjunto campeón ya se lucían los Mellizos Gustavo y Guillermo Barros Schelotto.

 

Tras alejarse del Tripero, no volvió a ponerse el buzo de entrenador. Se recibió de psicólogo social, dio charlas y trabajó en diversos medios de comunicación. Estuvo en el arranque de Hablemos de Fútbol, por ESPN, y también fue columnista de Olé con la contratapa de los martes. Durante la presidencia de Néstor Kirchner fue secretario de Deportes de la Nación y desde el 2009 formaba parte de las transmisiones televisivas como comentarista de Fútbol para Todos. Recientemente, acababa de iniciar un programa en radio Nacional junto a Horacio Pagani.

Los problemas de salud empezaron cerca del 2008 cuando  fue operado en la Clínica Suizo Argentina del corazón de manera mínimamente invasiva por el pionero cardiólogo intervencionista Luis de la Fuente, mediante una angioplastia coronaria con colocación de stents. Pero eso poco iba a tener que ver con su fallecimiento.

 

En la madrugada del 10 de marzo de 2016, más exactamente a las 2.26 de la madrugada, sufrió un aneurisma  que provocó que se desplome mientras bajaba unas escaleras de un restaurante en Puerto Madero. Esto le generó una grave fractura de cráneo. El reconocido médico Roberto Paladino, había sido su acompañante esa noche y contó "Dos horas estuvimos comiendo y en determinado momento fue al baño y sufrió un vahído, un aneurisma, no se sabe bien qué, nos desesperamos, pero no sabíamos que era él quien había caído por las escaleras, creí que era otra persona, cuando me acerqué y lo vi tirado no lo podía creer”.

 

Pasadas las 19 horas de ese día falleció en Clínica de Los Arcos, en el barrio porteño de Recoleta, donde había sido derivado a la mañana tras recibir las primeras curaciones en el Hospital Argerich.

El Mariscal se fue a los 73 años pero los ídolos no tienen edad y son inmortales. Roberto se fue y con él se llevó una parte de la historia del fútbol argentino.

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