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La Viuda de Cemento

Heredera de una fortuna singular, vivió rodeada por personas poderosas, y ella también lo fue. Dinero, negocios, viajes, placeres, una vida que quizás fue feliz. Loma Negra, su empresa, puso a prueba un carácter decidido, una búsqueda de poder a veces despiadada, una determinación firme para elegir caminos.

Amalia Lacroze de Fortabat nació en Buenos Aires el 21 de agosto de 1921. Primogénita en una familia en la que luego nacerían dos hermanas y un hermano, desde siempre la llamaron Amalita para diferenciarla de su madre. Su entrada en sociedad sería recién en octubre de 1939, en un Petit Hotel de la calle Alvear, junto con otras "señoritas” de familias de la alta sociedad. Amalia Lacroze no era la más linda, ni la más distinguida, tenía apellido pero no dote. Sin embargo algo había en esa joven dama que la llevaría a ser años más tarde la reina del cemento, heredera de Loma Negra y de una fortuna de procedencia no siempre clara que ella misma contribuyó a aumentar.
Una noche de 1941, Amalita había ido con su novio Hernán Lafuente al teatro Odeón. El tapado de terciopelo que llevaba dejaba adivinar unas piernas perfectas, y el sombrero italiano realzaba su pelo rubio. Las manos finas, los ojos azules y la boca sensual, atrajeron la atención de Fortabat, que estaba en el palco de enfrente con su mujer.

Durante un intervalo le mandó una caja de cerisettes, que Amalita comió mientras cruzaba miradas con su admirador. A ninguna mujer podía serle indiferente un desconocido que le hiciera regalos delante de su pareja.

Unas semanas más tarde, Amalita y Hernán fueron invitados a navegar por el Tigre. El dueño del barco era Alfredo Fortabat, y en la proa del Pichi-Hue, aquella tarde, encontró la manera de quedar a solas con ella, y se le declaró. Fue rechazado: una señorita de la sociedad de entonces no podía romper su compromiso, y una mañana de septiembre de 1942 Amalita se casó con Hernán Lafuente.

A mediados de 1944, un año y medio después de casarse con Hernán Lafuente, nació Inés, su única hija. Pero ni eso hizo cesar el caballeresco asedio de Fortabat. Cuando la beba cumplió diez meses, la pareja fue invitada por Alfredo a su estancia San Jacinto, en Olavarría, donde en las propias narices de Lafuente siguió cortejando a su mujer. 

Después de la visita a la estancia, Amalita y su marido viajaron a Europa de vacaciones, durante un baile de gala en París, Fortabat apareció de nuevo en escena y ese encuentro fue decisivo: de regreso a Buenos Aires, Amalia pidió el divorcio a Hernán Lafuente, y al mismo tiempo Alfredo Fortabat se separó de Elisa Corti Maderna, con quien no había tenido hijos.

La actitud de la joven sacudió las estructuras de la hight society porteña, pero todavía nadie sabía qué se traía bajo la manga. Amalita tenía los pies sobre la tierra y una hija que quería conservar con ella, y hasta que no saliera el fallo del divorcio la opción era de hierro: amarse a escondidas. Fortabat lo aceptó a regañadientes, y puso su fortuna y sus amistades al servicio de los trámites. Después de casi dos años de papeles y discusiones, los divorcios salieron vía Uruguay.

Amalita y Alfredo se casaron en Montevideo. La ceremonia, secreta, fue el primero de los cinco casamientos de la pareja. La luna de miel los llevó a Nueva York, Los Ángeles y San Francisco, y luego a Europa y a Oriente. Estuvieron en París, Atenas, las islas griegas y Egipto. El año nuevo los encontró en El Cairo, y lo festejaron con Alí Khan, Rita Hayworth y el rey Farouk.

 En la biografía de Amalia Fortabat, las autoras destacan el protagonismo de este poderoso matrimonio durante los siglos XX y XXI. "Para Alfredo Fortabat, la Revolución Libertadora comenzó el 14 de diciembre de 1955. Ese día, el Boletín Oficial de la República Argentina publicó el decreto ley número 5148: la interdicción general de bienes de diversas personas y sociedades. Todos los mencionados en el decreto-ley eran sospechados de haberse 
beneficiado de manera impropia durante el peronismo. Era, en términos más concretos, una acusación de corrupción. El nombre de Alfredo Fortabat figuraba en esa lista”. 

Durante la dictadura: "El 29 de abril de 1977 fue secuestrado en Olavarría el abogado laboralista Carlos Alberto Moreno. Moreno sufrió torturas, fue interrogado con picana eléctrica, golpeado y sometido a condiciones infrahumanas. Moreno era abogado de la Asociación Obrera Minera  Argentina y había participado en seis causas laborales contra Loma Negra”. 

En la guerra de Malvinas: "Alonso, el mismo que alimentaba al plantel del Club Loma Negra, prepararía viandas para que los trescientos lomenses patriotas desayunaran en la ruta. En el camino se animaban con cánticos de fervor bélico popular, casi futboleros, y la Señora de Fortabat estaba dispuesta a colaborar en todo lo posible. Había empezado por prestar su Learjet, su helicóptero y su piloto”. 

Incluso en la crisis del 2001: "Era la única en su especie, no había otra empresaria en Casa Rosada al atardecer del jueves 19 de diciembre de 2001. Conversó con el Presidente De la Rúa. Le garantizó su apoyo irrestricto”.

Amalita y Fortabat estuvieron juntos treinta años. El 10 de enero de 1976, al morir a los ochenta y uno víctima de un accidente cerebral, el fundador de Loma Negra dejó una fortuna incalculable. Para amasarla, no había descuidado a la única mujer que lo enamoró: si algún fin de semana Amalita se quedaba en Buenos Aires en lugar de acompañarlo a San Jacinto, el lunes lo veía llegar con un ramillete de violetas. Los regalos que le hizo fueron legendarios y tuvieron un papel protagónico durante el único incidente (conocido) que sobrellevó la pareja. Según publicó la revista norteamericana Vanity  Fair, Amalita habría abandonado a Fortabat poco antes de su muerte, y se habría llevado todas las joyas a Europa a bordo de su jet particular. "Cuando Fortabat le habló por radio en mitad del Atlántico y le dijo que había hecho copiar sus joyas y que las verdaderas las tenía él, ella ordenó al piloto que diera la vuelta”.

Entre muchas de las personalidades que formaron parte del entorno de Amalia Fortabat, cabe destacar la relación muy cercana con Alfonso Prat-Gay. Fue designado por la familia como albacea de la fortuna de la empresaria del cemento y se había convertido en "family office” (administrador de los activos). Este vínculo estrecho quedó en evidencia cuando fue uno de los privilegiados que trasladó el cajón con el cuerpo de Amalita en el cementerio de la Recoleta hacia el mausoleo familiar, el 19 de febrero de 2012. Integra la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat desde el 5 de octubre de 2011. Su compañía de asesoramiento APL Economía SA también es parte de esa institución desde el 3 de diciembre de 2007.

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