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Nelly festejó sus 100 años: de un pueblito rural de Santa Fe a una familia numerosa en Monte Grande

La vecina Nelly Ortiz es muy querida en Monte Grande Sur y disfruta de sus cuatro nietos y ocho bisnietos. En su memoria está la viva la infancia en Villa Guillermina, un pueblito inmortalizado en un Chamamé.

El 6 de mayo pasado, Nelly Ortiz, vecina de Monte Grande, cumplió cien años y lo celebró con una fiesta en su casa junto a sus hijos, nietos y bisnietos. El Diario Sur la fue a visitar para conversar con ella acerca de su vida y su historia, por iniciativa de su nieta Mariela, en el marco de la sección “Nuestros abuelos ”.

“Siempre dije que sólo quería vivir 35 años”, dice Nelly entre risas. Y agrega: “Todos me decían que iba a llegar a cien”. Nació en Florida, hoy una estación de ferrocarril a 350 km de Santa Fe, y luego se mudó con su familia a Villa Guillermina, movidos por el trabajo de su padre.

Es por eso que conversar con Nelly es como estar dentro del famoso chamamé “¿Cómo olvidarte, Villa Guillermina?” que interpreta, entre tantos otros artistas, Antonio Tarragó Ros.

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Nelly disfruta del sol en su casa de Monte Grande Sur.

Nelly disfruta del sol en su casa de Monte Grande Sur.

¿Cómo olvidarte, Villa Guillermina / si entre tus calles soñé por vez primera / en tus veredas, aromas de azahares, / que perfumaron mi loca juventud?

Nelly cuenta que su recuerdo más feliz es la infancia en este pueblito de Santa Fe, donde vivió con sus padres y sus cuatro hermanas. En esa misma tierra donde hizo la primaria y se mantuvo hasta quinto grado. Luego, los ingleses, viendo que ya no podían explotar las riquezas del lugar, levantaron campamento y su padre, obrero, tuvo que buscar otro pueblo donde vivir.

Entre el follaje de tu selva bravía / forjé ilusiones y tracé mil caminos / tuve la dicha de amores y destinos / ¿Cómo olvidarte, Villa Guillermina?

Se casó a los 16 años y tuvo 7 hijos, de los cuales 5 fallecieron. Sólo cuando recuerda a quienes no están, la sonrisa se borra y asoman algunas lágrimas. “Cuando estoy bajoneada me hago un té de yuyos, allá en Villa Guillermina las mujeres son muy yuyeras. Tomamos tecitos para calmarnos los nervios”, cuenta Nelly. Y cuando vuelve a recordar a su mamá, sonríe. Habla de los guisos de gallina que preparaba, las albóndigas, los fideos caseros, las empanadas fritas en grasa de cerdo y los pastelitos. Y se ríe. Todo en Nelly es sonrisas.

Yo soy uno de tus hijos / que en la distancia siempre recuerda / y aún escucho en mis oídos / voces y cantos tan queridos.

Nelly, la vecina que llegó a los 100 años

De Villa Guillermina partió hacia la ciudad de Santa Fe y de ahí a Retiro, más de 24 horas de viaje en tren, con su marido y cuatro hijos pequeños. En Monte Grande la aguardaba una de sus hermanas, que ya estaba instalada por estos pagos. Recién llegados, su marido consiguió trabajo en Firestone, pero al poco tiempo falleció.

Despertaban las mañanas / el trinar de pajaritos / el arroyo Los Amores / fue testigo de mi adiós.

Con una sonrisa vuelve al pueblo y a los juegos de su infancia: la rayuela, los versitos que le enseñaba su mamá y las muñecas que le cosía con la lana de las ovejas y retazos de tela que servían para hacer las famosas muñecas patalargas con las que se divertía.

Bailando junto a esa china amada / sentí en mi pecho latir una esperanza / esos amigos, recuerdos de la infancia / y esa maestra que bien me aconsejó.

Allá en Villa Guillermina, los ingleses jugaban al tenis y como el padre obrero no podía pagar una raqueta, desarmaba cajones de madera para hacerlas y que sus hijas pudieran jugar también. Canchas sobraban. Y felicidad también. “Éramos muy felices, muy felices”, resalta Nelly.

¿Cómo olvidarte, Villa Guillermina / si ése, tu cielo azul tan divino / y las estrellas aún más fulgurantes / es manto eterno que cubre mi orfandad?

En Monte Grande Sur, donde vive sobre la calle Farina, conoce a todos los vecinos. Toma mate dulce por la mañana con su hijo. Y en la fiesta de su cumpleaños, disfruta de su amplia familia, con cuatro nietos y ocho bisnietos, incluso espera algunas visitas de Santa Fe, “de casa”.

Cuando dice casa se refiere a Villa Guillermina. Ese pueblo imposible de olvidar.

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