Esteban Echeverría | Monte Grande | Reinero | pochoclos

Cuatro décadas vendiendo pochoclos en Monte Grande: la historia de los Reinero 

El negocio fue fundado por la familia Reinero en la década del 80. Cuarenta años después continúan endulzando a los vecinos de Monte Grande con sus productos.

En 1984, en una mesa amarilla con dos banquitos, Marcelo Reinero, de 15 años, y su papá Omar, de 55, comenzaron con la venta de pochoclos en Cardeza y Alem, en pleno centro de Monte Grande. En ese momento, esa esquina nucleaba a todas las paradas de colectivo, por lo cual era un punto en el que ya circulaba un gran caudal de vecinos.

Hoy, 38 años después, Marcelo continúa ofreciendo sus productos en Alem y Ameghino. “Cuando se fue corriendo todo nos vinimos más para acá”, contó el pochoclero más antiguo de Alem, que recordó que cuando llegaron todavía no estaba el conocido local de electrodomésticos Sapienza. “Estaba el local vacío, recién lo habían alquilado y lo estaban arreglando. Cuando ellos inauguraron ya hacía como siete u ocho meses que estábamos”, recordó.

puesto.original.pochoclos.jpeg
Marcelo Reinero con su antiguo puesto de pochoclos en el centro de Monte Grande.

Marcelo Reinero con su antiguo puesto de pochoclos en el centro de Monte Grande.

Leer También:

Con una aplicación se puede saber dónde hay figuritas del Mundial: ¿Funciona en Zona Sur?

Tras tantos años en la calle más transitada de Monte Grande, Marcelo afirmó: “Cuando vinimos no era esto. Había negocios, pero con estructuras viejas. Fue cambiando todo y hubo que adaptarse”, relató. Ellos también se adaptaron y cambiaron su mesa amarilla por un vistoso carro donde los pochoclos se preparan a la vista de los clientes.

“Antes era más simple, comprabas una bolsita de celofán y ya estaba la mercadería envasada. Tuvimos que adaptarnos a lo moderno”, aseguró Marcelo. También estos cambios se dieron de la mano de la aparición de nuevos comerciantes dedicados al rubro en la zona, que impulsaron a que la histórica pochoclera se renueve.

La familia Reinero comenzó a vender pochoclos hace 38 años

Juntos desde el primer día

Marcelo y su papá Omar iniciaron el negocio juntos en 1984. Omar trabajó hasta sus 88 años, mientras pudo hacerlo. En abril del año pasado falleció a sus 92 años y su hijo continúa con su amado negocio. “¿Mis expectativas? Me interesaría estar como estuvo mi viejo. Él amaba estar acá y estuvo hasta que no pudo más. Si pudiera estar hasta el día que digan basta, me encantaría hacerlo”, aseguró Marcelo.

Con casi 40 años en la calle cuenta que casi todos los vecinos los conocen y que le resulta muy divertido pasar sus horas en el puesto de pochoclos. “Hay gente que viene y me dice ´yo venía a comprar con mi papá, me traía cuando era chiquito y ahora traigo a mi hijo´”, expresa emocionado.

omar.marcelo.mariacecilia.reinero.jpeg
Omar y María Cecilia Reinero, hace algunos años, en el puesto familiar de venta de pochoclos.

Omar y María Cecilia Reinero, hace algunos años, en el puesto familiar de venta de pochoclos.

“Si no probaron mi pochoclo, todavía no comieron pochoclo. De verdad son los mejores de Buenos Aires, los probás y te vas a dar cuenta”, confió Marcelo, que aseguró que por 200 pesos una familia puede compartir una bolsa de pochoclos “con yapa”.

Si bien asegura que los costos para producir los pochoclos, las garrapiñadas y las manzanas acarameladas suben día a día, Marcelo intenta mantener sus precios para que los clientes los sigan eligiendo. “La idea es vender mucho, aunque ganes poco”, aseguró.

De todos los productos que tiene en su puesto el más elegido, claramente, es el pochoclo que se fracciona en paquetes de diferentes medidas. Sin embargo, Marcelo asegura que los clientes también suelen elegir con mucha frecuencia a las manzanas acarameladas. “Es la receta que hizo mi papá de toda la vida. Ahora la hace mi hijo Matías”, explicó.

El secreto del pochoclo

Marcelo aseguró que sus pochoclos son “los más ricos de Buenos Aires” y le contó a El Diario Sur cuál es el secreto que le transmitió su padre hace casi cuarenta años atrás: “Mucho amor nada más. Con mi papá los hacíamos como si fuera para comer nosotros, no para vender. A veces uno lo hace para vender y pijotea cosas, yo lo hago como si fueran para mí y para mi familia”.

Dejá tu comentario