Alejandro Gómez, un vecino de El Jagüel de 49 años, fue una parte importante para la construcción de la central nuclear Atucha II. El ingeniero formo parte de todo el proceso de la obra desde que se inició en 2007 hasta su puesta en funcionamiento en 2014.
La experiencia de un ingeniero de El Jagüel en la construcción de la Central Nuclear Atucha II
El ingeniero industrial de El Jagüel, Alejandro Gómez, trabajó durante los siete años que se prolongó la obra de Atucha y continúa trabajando allí.
“Trabajaba en AESA – empresa construye equipos para la industria energética- en Canning hasta 2007 cuando me surgió la posibilidad de comenzar a trabajar en la construcción de Atucha. Al principio estaba con dudas porque no pedían mi perfil, pero igual me mandé”, contó Alejandro, en diálogo con El Diario Sur.
“Yo estaba en una empresa privada y bien considerado ahí. Pero me sentía un poco parado”, recordó el hombre. “Cuando fui a la entrevista al lugar fue raro, estaba en el medio del campo, obradores viejos, nada que ver a lo que pensaba. Un poco me desesperancé”, aseguró Alejandro sobre el momento en el que llegó al esqueleto de lo que hoy es Atucha II, obra que había sido parada en varias oportunidades por motivos económicos.
Después de la entrevista en la que dijo que se especializaba en la compra de materiales especiales, el ingeniero industrial de la UNLZ recorrió la planta que en ese momento estaba en un total estado de abandono. “Daba mucha pena todo eso, toda la gente que trabajaba ahí tenía la esperanza que Atucha II en algún momento se retome después de varios parates por motivos económicos”, contó Gómez.
En el segundo encuentro que tuvo con las autoridades de Nucleoeléctrica Argentina S.A., la empresa pública que administra el complejo nuclear de Atucha en Zárate, el proyecto fue tomando más forma y allí le mostraron una maqueta del proyecto de la central atómica, una vez terminada. “Era algo impresionante, de avanzada. Ahí pienso en hacer un esfuerzo por mi país para ponerme con eso. Pero paralelamente me ofrecen un viaje a Estados Unidos en la otra empresa, así que estaba en duda”, describió el hombre que vive desde siempre en El Jagüel.
Finalmente, pese a ese ofrecimiento – que luego no se llevó a cabo-, Alejandro decidió renunciar a la empresa en la que trabajaba hace tantos años y lanzarse a la aventura de integrar el equipo que llevaría a cabo la construcción de lo que hoy es una de las centrales nucleares más importantes de América Latina.
“Lo primero que hice fue comenzar a comprar los materiales para la construcción de la central, las válvulas que son más de mil”, explicó el ingeniero que incluso encabezó equipos que fueron a adquirir equipos para el desarrollo de la planta, que se construyó en un período de siete años y se puso en funcionamiento en el año 2014.
“Fue un tiempo de mucho trabajo para que comience a funcionar este central que durante tantos años fue solo un proyecto. Éramos 8000 personas que llegábamos todos los días al lugar, algo así como una campaña militar. Venían decenas de micros de todas partes con especialistas”, rememoró Alejandro.
La seguridad de la energía nuclear
Alejandro Gómez, que hoy trabaja en la gerencia de ingeniería de proyectos de Nucleoeléctrica Argentina, en un edificio que la empresa tiene en la localidad de Villa Martelli, explica las dudas que pueden surgir en cuanto a la seguridad de la energía nuclear.
“Las centrales nucleares tienen muchísimas medidas de seguridad. Compararla con otros tipos de generación de energía es como comparar un viaje en auto y un viaje en avión. El viaje en avión es mucho más seguro, pero cuando hay un accidente es mucho más grave”, aseguró el ingeniero.
La capacidad de las tres centrales nucleares argentinas
Atucha I 357 MW
Atucha II 745 MW
Embalse 620 MW
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