-¿Cómo arrancaste enel cuartel?
-Ingresé en el 89, por un primo que se llama Walter. Yo eraun vago, sin lugar a dudas, bah, no un vago, sino una persona que le gustabamás estar en la calle que estar trabajando, pero siempre trabajando. Un día, élme hizo el comentario de que vaya a probar a los bomberos, que me iba a gustar.Yo entré y al poco tiempo él se fue, es policía federal. Yo nunca me fui. Y sepuede decir que entré gracias a él, que me dijo "andá y probá.
-¿Qué edad tenías?
-15. Entré como aspirante y a los 18 me hice bombero. Alprincipio, como escoba nueva, quería hacer las cosas bien. Cuando ingresé, casitodos los bomberos eran muy grandes, todos con una escuelita diferente hecha.Teníamos una o dos autobombas y los bomberos se prestaban los trajes. Hoy cadabombero tiene su equipo. A los veintipico pude ingresar como bombero de laPolicía Federal. Ahí soy rentado desde hace 18 años. Mi destino es el cuarteldel Aeropuerto de Ezeiza. Trabajo 24 horas por 48. Mis horas francas vengo alcuartel. El que se inició en un cuartel voluntario y después consigue serrentado, generalmente siempre vuelve. Mis orígenes están acá. Yo me crié, paséla mayor parte de mi vida en este lugar. De hecho, me casé con una de lascolaboradoras administrativas. Fue en 1994. La conocí desde el primer día,éramos dos chicos. Hoy tenemos dos hijos, Matías de 20 años y Lucas de 17.
-¿Cómo recordás esosprimeros días como aspirante, hace ya 26 años?
-Me iba en bicicleta. Vivía con mi abuela en Rauch y Ortega, a dos cuadras del arroyo.Con la bicicleta de mi abuela. Después mi mamá salió sorteada con el plan delas casitas del barrio Montana, hoy El Jagüel. De hecho ella sigue viviendo enel mismo lugar. Nos mudamos y yo empecéa venirme de ahí, también en bici. Muchas veces pasé Navidad y Año Nuevo acá,en el cuartel. Cuando daban las 12 y estaba el furor de la pirotecnia sabía queiba a tener un montón de salidas. Si bien había una guardia, yo quería salir.
-¿Cómo siguió tuvida?
-En el 94 me casé con Claudia, mi esposa. Antes nos habíamoscomprado un terreno a unas 20 cuadras de acá y empezamos a hacerla, mientrasvivíamos en Adrogué. Me había comprado un Fiat 600 y con ese me venía. Cuandoterminé la casa me instalé, en el 96.
-Hace ya 20 años...
-Sí, el tiempo pasa. Si bien hoy soy el segundo jefe, yocrecí con los muchachos que están acá. Por un montón de cuestiones, fuimos ascendiendo. Hoy ellos sonsuboficiales y yo soy oficial jefe, aparte del cargo de segundo jefe, y sigoestando, no me molesta tener esos cargos. Tengo muy buena relación con todo elmundo porque me crié con ellos. Y sigo durmiendo en la habitación con ellos.Vengo noche por medio y me quedo a dormir. El ambiente tiene mucho que ver, y amí me gusta. ¿Sabés la cantidad de cosas que te tienen que gustar para estar enlos bomberos? Un montón.
-¿Qué otras cosas,por ejemplo?
-Bueno, el ayudar al otro uno lo tiene siempre presente.Quizás no lo demoestremos, pero a nosotros, en la función bomberil, se nos va pegandocada vez más esto de querer ayudar. Yo sigo saliendo a los incendios igualde cuando era un bombero más. Por ejemplo, si está el jefe, muchas veces mepongo a cargo de la dotación. Salgo con la guardia que está. Me preguntan"¿Pucheta, vos salís? y ya saben la respuesta. Capaz no hago lo que hacíaantes, que es apagar el incendio, pero estoy a cargo de todo lo que vayan ahacer ellos. Todo lo hacen con la orden mía y con la orden del que va a cargo.No se mandan solos.
-¿Recordás algunaactuación en particular?
-La que siempre me quedó grabada pasó hace varios años, enel 96 creo. Era una salida al mediodía. Era un día muy lindo. Estaba en elcuarte y nos avisaron que hubo un accidente en la ruta 205, que en esa épocaera mano y contramano. Un camión de una importante distribuidora que estabaubicada en esa ruta había chocado con un auto, cerca de la curva. El auto seprendía fuego. Salimos con una autobomba chiquita, una Ford 350. Cuando llegué,imaginate: era un bombero nuevito y al ver semejante imagen quedé impactado. Elconductor del auto había quedado atrapado. Tuve que agarrarlo y sacarlo delhabitáculo. El tipo estaba en llamas y gritaba. Se le desprendía la pielmientras lo sacaba. Era un doctor muy reconocidodel Hospital Santamarina, debido a la gravedad de las quemaduras terminófalleciendo. Fue un hecho que trascendió dentro del partido.
-¿Seguís sintiendo lomismo que hace 26 años cuando la sirena se prende y hay que salir a unincendio?
-Siento exactamente lo mismo. Es una adrenalina, una emociónde decir "salgo y no sé si lo voy a apagar. A veces salgo manejando y a vecesde acompañante a cargo, pero esa emoción de salir no te la saca nadie. Son unmontón de cosas, porque también sé que tengo que llegar rápido para apagar lacasa porque sé que siempre va a haber un damnificado; sé que puede haber genteatrapada; sé también que tenemos que ir con cuidado porque hoy se incrementótanto el parque automotor en todos los distritos que lamentablemente latardanza hace que la autobomba demore y a veces la gente, enardecida, diga quelos bomberos siempre llegan tarde, y algunos no saben que nosotros dependemosde un llamado. Y todo eso entra en juego.






