Esteban Echeverría |

Claudio Pucheta: todos los fuegos el fuego

Es el segundo jefe del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Esteban Echeverría. Hace 26 años, pisó el cuartel por recomendación de su primo y nunca más se fue. La historia de un héroe anónimo que dedica su vida a ayudar a los vecinos.

 -¿Cómo arrancaste en el cuartel?

 -Ingresé en el 89, por un primo que se llama Walter. Yo era un vago, sin lugar a dudas, bah, no un vago, sino una persona que le gustaba más estar en la calle que estar trabajando, pero siempre trabajando. Un día, él me hizo el comentario de que vaya a probar a los bomberos, que me iba a gustar. Yo entré y al poco tiempo él se fue, es policía federal. Yo nunca me fui. Y se puede decir que entré gracias a él, que me dijo "andá y probá”.


-¿Qué edad tenías?

 -15. Entré como aspirante y a los 18 me hice bombero. Al principio, como escoba nueva, quería hacer las cosas bien. Cuando ingresé, casi todos los bomberos eran muy grandes, todos con una escuelita diferente hecha. Teníamos una o dos autobombas y los bomberos se prestaban los trajes. Hoy cada bombero tiene su equipo. A los veintipico pude ingresar como bombero de la Policía Federal. Ahí soy rentado desde hace 18 años. Mi destino es el cuartel del Aeropuerto de Ezeiza. Trabajo 24 horas por 48. Mis horas francas vengo al cuartel. El que se inició en un cuartel voluntario y después consigue ser rentado, generalmente siempre vuelve. Mis orígenes están acá. Yo me crié, pasé la mayor parte de mi vida en este lugar. De hecho, me casé con una de las colaboradoras administrativas. Fue en 1994. La conocí desde el primer día, éramos dos chicos. Hoy tenemos dos hijos, Matías de 20 años y Lucas de 17.

 

-¿Cómo recordás esos primeros días como aspirante, hace ya 26 años?

 -Me iba en bicicleta. Vivía con mi abuela en Rauch y Ortega, a dos cuadras del arroyo. Con la bicicleta de mi abuela. Después mi mamá salió sorteada con el plan de las casitas del barrio Montana, hoy El Jagüel. De hecho ella sigue viviendo en el mismo lugar. Nos mudamos y yo empecé a venirme de ahí, también en bici. Muchas veces pasé Navidad y Año Nuevo acá, en el cuartel. Cuando daban las 12 y estaba el furor de la pirotecnia sabía que iba a tener un montón de salidas. Si bien había una guardia, yo quería salir.

 

-¿Cómo siguió tu vida?

 -En el 94 me casé con Claudia, mi esposa. Antes nos habíamos comprado un terreno a unas 20 cuadras de acá y empezamos a hacerla, mientras vivíamos en Adrogué. Me había comprado un Fiat 600 y con ese me venía. Cuando terminé la casa me instalé, en el 96.

 

-Hace ya 20 años...

 -Sí, el tiempo pasa. Si bien hoy soy el segundo jefe, yo crecí con los muchachos que están acá. Por un montón de cuestiones, fuimos ascendiendo. Hoy ellos son suboficiales y yo soy oficial jefe, aparte del cargo de segundo jefe, y sigo estando, no me molesta tener esos cargos. Tengo muy buena relación con todo el mundo porque me crié con ellos. Y sigo durmiendo en la habitación con ellos. Vengo noche por medio y me quedo a dormir. El ambiente tiene mucho que ver, y a mí me gusta. ¿Sabés la cantidad de cosas que te tienen que gustar para estar en los bomberos? Un montón.

 

-¿Qué otras cosas, por ejemplo?

 -Bueno, el ayudar al otro uno lo tiene siempre presente. Quizás no lo demoestremos, pero a nosotros, en la función bomberil, se nos va pegando cada vez más esto de querer ayudar. Yo sigo saliendo a los incendios igual de cuando era un bombero más. Por ejemplo, si está el jefe, muchas veces me pongo a cargo de la dotación. Salgo con la guardia que está. Me preguntan "¿Pucheta, vos salís?” y ya saben la respuesta. Capaz no hago lo que hacía antes, que es apagar el incendio, pero estoy a cargo de todo lo que vayan a hacer ellos. Todo lo hacen con la orden mía y con la orden del que va a cargo. No se mandan solos.

 

-¿Recordás alguna actuación en particular?

 -La que siempre me quedó grabada pasó hace varios años, en el 96 creo. Era una salida al mediodía. Era un día muy lindo. Estaba en el cuarte y nos avisaron que hubo un accidente en la ruta 205, que en esa época era mano y contramano. Un camión de una importante distribuidora que estaba ubicada en esa ruta había chocado con un auto, cerca de la curva. El auto se prendía fuego. Salimos con una autobomba chiquita, una Ford 350. Cuando llegué, imaginate: era un bombero nuevito y al ver semejante imagen quedé impactado. El conductor del auto había quedado atrapado. Tuve que agarrarlo y sacarlo del habitáculo. El tipo estaba en llamas y gritaba. Se le desprendía la piel mientras lo sacaba. Era un doctor muy reconocido del Hospital Santamarina, debido a la gravedad de las quemaduras terminó falleciendo. Fue un hecho que trascendió dentro del partido.

 

-¿Seguís sintiendo lo mismo que hace 26 años cuando la sirena se prende y hay que salir a un incendio?

 -Siento exactamente lo mismo. Es una adrenalina, una emoción de decir "salgo y no sé si lo voy a apagar”. A veces salgo manejando y a veces de acompañante a cargo, pero esa emoción de salir no te la saca nadie. Son un montón de cosas, porque también sé que tengo que llegar rápido para apagar la casa porque sé que siempre va a haber un damnificado; sé que puede haber gente atrapada; sé también que tenemos que ir con cuidado porque hoy se incrementó tanto el parque automotor en todos los distritos que lamentablemente la tardanza hace que la autobomba demore y a veces la gente, enardecida, diga que los bomberos siempre llegan tarde, y algunos no saben que nosotros dependemos de un llamado. Y todo eso entra en juego.

 

 

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