Esbozando una sonrisa, sentado entre el escritorio y sus muchos objetos preciados, Guillermo saluda con la mejor carta de presentación que cualquier trabajador puede ostentar orgulloso: sus manos, que hablan por sí mismas de años de esfuerzo y perseverancia. "Comencé a trabajar cuando tenía trece años. Mi mamá era viuda y nosotros éramos seis hermanos. Lo poco o mucho que podía ganar trabajando, hasta el último centavo a mi mamá, rememoró Guillermo.
Guillemo Gandulfo es un comerciante de buena madera
Con más de 62 años de mueblero, Guillermo Gandulfo sigue al frente de El Rosarino, el comercio en el que supo combinar valores, dedicación para transformar un mueble en una obra de arte.
En el año 1955 llegó de su Rosario natal un domingo y el día lunes comenzó a trabajar en una mueblería ubicada en Alem al 300. En el año 1966, con el cierre de la mueblería, Guillermo inició su propio negocio con muebles usados, lustrando y fabricando colchones de lana, en San Martín 747, donde trabajo hasta el año 2000, momento en que mudó su comercio a la calle Arana.
Para llevar adelante un negocio a lo largo de tantos años y conservar buenos clientes, Guillermo ante todo destacó la decencia como regla básica. "Cuando me tocó perder he perdido, pero nunca puede decir que lo embromé. Siempre busco de solucionar los problemas. Pasé de todo, pero siempre lo supe llevar porque nunca di el paso más largo de lo que me da la pierna.
Como una suerte de latiguillo, la palabra trabajo resuena una y otra vez en el relato de Guillermo. Sus años de trabajo y el recuerdo de distintos momentos le dibujan una sonrisa tal si fuera un artista contemplando su obra de arte. Quizás también sea nostalgia, por esos días en que junto a su esposa aunaban esfuerzos pegando uno a uno los ladrillos de lo que fue su primer local ubicado en la calle San Martín.
Provenientes de las provincias de Mendoza y Santa Fe, llegan los muebles que comercializa Guillermo. Pero en sus manos y en el de sus empleados, se encuentra la tarea fundamental de armarlos y en muchos casos lustrarlos y pintarlos para darles "su toque final antes de que sea adquirido por alguna familia. "Nosotros nos encargamos de armarlos, no voy y se lo tiro. Prefiero hacerlo yo, así queda bien, sino es un lío de bisagras y tornillos y lo importante es defender al cliente siempre.
Además de su profesión y de los muchos años en el rubro de los muebles, es un apasionado del fútbol. Como no podía ser de otra manera simpatiza con Rosario Central y supo vestir los colores de Tristán Suárez. Lejos de las canchas, luego jugó al paddle y hoy también concurre a natación.
Con cuarenta y cuatro años de casado, dos hijas y cuatro nietos y, a pesar de los pedidos de su esposa, Guillermo sigue yendo a su negocio y ocupándose de distintas tareas como si el hecho de trabajar fuera una necesidad permanente. "Para mí es automático venir al negocio, a pesar de que mi señora que me dice que tengo que aflojar un poco. No me quedo. No puedo. A mi familia le di todo lo que pude. Trabajé toda mi vida y sigo trabajando. Ya no creo poder cambiar eso. Hoy siento que estoy recibiendo los frutos de todo mi trabajo.

