El Congreso General Constituyente reunido en Tucumán en 1816 sesionó en la vivienda de una importante familia local. Ubicada sobre la calle del Rey, hoy Congreso N° 151, pertenecía a Francisca Bazán, casada con el comerciante español Miguel Laguna y se construyó en la década de 1760.
La Casa de Tucumán, el lugar donde comenzó a forjarse la Nación
Uno de los símbolos que cobra importancia por haber sido la casa histórica designada para albergar a los congresales que llegaron de varias provincias y tomaron la decisión de comenzar el camino de la independencia.
Era una casa amplia, en muy buen estado y la más grande en ese momento de la ciudad de Tucumán. Ella mandó a ampliar la sala para que pudieran entrar todos los representantes de las provincias. Era una típica casa colonial; compuesta por tres pabellones paralelos a la calle, entre los que se encontraban dos patios y al fondo la huerta.
El primer patio era el principal y lo rodeaban las habitaciones de la familia, la sala y el comedor; el segundo patio estaba rodeado por galerías y cerrado hacia el fondo por el pabellón de la servidumbre que lo separaba de la huerta, con árboles frutales y el pozo de agua. Estaba construida con muros de tierra apisonada y adobes; sólo el portal había sido construido con ladrillos. Estos muros estaban revocados con barro y cal.
Luego de la Batalla de Tucumán en 1812, el ejército estuvo acuartelado en la ciudad y sus alrededores en dos oportunidades y la casa fue utilizada como cuartel; por lo que la familia ya no vivía en ella. En 1815 el Estado la alquiló para instalar la Aduana, las Cajas Generales y el Almacén de Guerra y tuvo que realizar costosas obras para repararla, compensando de esta manera a los propietarios por los deterioros causados con su uso anterior.
En 1816, a falta de edificios públicos adecuados, se decidió que el Congreso Constituyente sesionara en la casa de los Laguna Bazán. Para ello el gobierno realizó nuevas reformas: se amplió el salón destinado a las sesiones, se repararon los techos del salón ampliado y se construyeron letrinas. Los muros se pintaron de blanco y las puertas y ventanas de color azul para que la casa tuviera los colores de la patria.
Doña Francisca tenía 72 años en el momento de la declaración de Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Ella se sentía orgullosa de que su casa sea la sede del Congreso. También expresó sus deseos de saludar y hablar con Manuel Belgrano, porque le tenía mucho afecto. Cuando el Congreso se trasladó a Buenos Aires, Doña Francisca retornó a la vivienda.
El Congreso Constituyente sesiona en la casa entre el 24 de marzo de 1816 y febrero de 1817, en que se traslada definitivamente a Buenos Aires. Luego la casa continuó siendo alquilada para la imprenta del ejército. Poco después la familia la ocupó nuevamente, alquilando solamente los locales del frente. En 1839 la casa pasó a ser propiedad de Carmen -hija de Gertrudis Laguna Bazán y de Pedro Antonio de Zavalía- que se había casado con su tío Pedro Patricio de Zavalía.
El lluvioso clima tucumano y las características de los materiales de la casa contribuían a un deterioro permanente; sumado esto a los avatares de la economía familiar explica que cuarenta años después la vivienda se encontrara nuevamente en ruinas.
En 1869 fue sancionada la ley autorizando al Poder Ejecutivo Nacional a adquirir la casa y hacerse cargo de su conservación; el Estado Nacional la escrituró en 1874 para destinarla a sede del Edificio de Correos y Telégrafos Nacionales y al Juzgado Federal. Para ello debía reformarse el edificio, pero entonces sólo se consideraba valioso al Salón de la Jura o Salón Histórico.
Desde entonces se instituyó la costumbre de celebrar todos los años los aniversarios de la Declaración de la Independencia en el Salón de la Jura, que era engalanado para la ocasión, aunque esta celebración se realizaba esporádicamente desde 1817.
En 1941 la Casa de la Independencia fue declarada Monumento Nacional. Comienza entonces a debatirse sobre la posibilidad de reconstruirla. La casa fue reconstruida con muros de ladrillos, que se pintaron de amarillo y las puertas de madera fueron terminadas con aceite de linaza sin pintar. Las obras se iniciaron en 1942 y el 24 de Septiembre de 1943, aniversario de la Batalla de Tucumán, el Presidente Ramírez inauguró la reconstrucción.
El 9 de Julio de 1947 el Presidente Juan Domingo Perón declaró en la Casa la Independencia Económica con motivo de haber cancelado la deuda externa de la República Argentina.
En 1966, con motivo de los festejos del Sesquicentenario de la Declaración de la Independencia, se inauguran las obras del terreno de los fondos de la Casa, cedido por la Provincia de Tucumán en 1949, que consistían en la Galería de Placas y el Patio de Homenajes, en el que se han emplazado los murales de Lola Mora.
En 1996 se restauraron las puertas y ventanas, rejas y faroles. Las puertas y ventanas de la Casa fueron pintadas de azul, tal como estuvieron el 9 de julio de 1816, de acuerdo a la investigación histórica realizada por el Arquitecto Juan Carlos Marinsalda, de modo que tuviera los colores de la Patria.
Desde el año 1992, cada 9 de julio la ciudad de Tucumán es capital de la República Argentina y sede del Poder Ejecutivo Nacional y se realiza en la Casa el Acto Central de Conmemoración de la Declaración de la Independencia Nacional, con la presencia del Presidente de la Nación, el Gobernador de la Provincia de Tucumán y de sus respectivos gabinetes y comitivas e invitados especiales.

