Esteban Echeverría |
Pescalotodo, donde la pasión por la pesca persiste
Con 42 años de antigüedad, este comercio contribuye a mantener viva una de las tradiciones más antiguas de los vecinos echeverrianos, mientras se vale de las nuevas tecnologías para atraer a las nuevas generaciones.
30 de septiembre de 2016 - 13:09
Ubicado sobre la avenida Enrique Santamarina al 300, esta casa de pesca -una de las dos más longevas, junto a Edunor- se destaca por tener por encima de su techo un cartel blanco de diseño vintage con letras bordó que van alterando su tamaño de una en una: "P e S c A L o T o D O.
Desde hace cuarenta y dos años, este comercio fundado por Ángel Schiano Di Cola, un descendiente de italianos que vivió toda su vida en nuestro partido, se mantiene vigente gracias a la atención de su yerno, Federico, quien luego de que su suegro decidiera retirarse con la expectativa de que el negocio quede en familia, le compró el fondo de comercio.
Sin perder su perfil de negocio de años y de punto de encuentro para la comunidad pesquera local, Pescalotodo trata de seguir el ritmo de los tiempos que corren. Federico, que no llega a los 30 años de edad, busca imprimirle su propio sello al negocio apostando a la venta a través de internet y a la comunicación con sus clientes a través de las redes sociales, dos modalidades que le han traído un público nuevo, según confiesa. "Empezó a acercarse más gente joven desde que le trato de dar una vuelta de rosca al negocio por internet.
Este joven oriundo de Luis Guillón, que es fanático de la pesca desde la infancia, seguramente jamás se imaginó de pequeño que de grande le iba a tocar un suegro que viviera de este deporte. Hoy, desde el otro lado del mostrador de Pescalotodo, reconoce que hace más de una década, cuando comenzó a salir con María y arrancó a frecuentar el local de Santamarina al 300, descubrió lo que el gusta en llamar "el paraíso.
Eso, a su vez, le ayudó a generar un vínculo más con su suegro y a ganar un compañero de pesca. También se terminó haciendo amigo de muchos de los clientes que él atendía cuando era empleado. "Es una amistad la que se genera. La pesca no es solamente ir y sacar un pescado, es un ritual, sintetiza.
Si bien pisa el local desde hace doce años, no fue hasta hace algunos pocos que comenzó a trabajar con Ángel, lo que derivó en la adquisición del ramo. "Es un negocio familiar y por acá pasaron todos sus hijos. Él quiso que el comercio quedase en la familia, pero los chicos habían elegido carreras distintas. Yo me había quedado un poco al lado de él, atendiendo.
"Terminamos llegando a un acuerdo y compré el fondo de comercio, explica luego de atender a un cliente que se acercó a preguntar los precio de las carpas, una consulta que a Federico le lleva más de cinco minutos en atender, debido a la variedad de productos y precios y las necesidades del cliente, que, por el trato recibido, se nota que es un viejo amigo de la casa.

