Resulta extraño verla fuera del ámbito escolar, sin un pizarrón o una tiza de por medio. Virginia Ariaudo cerró una etapa de su vida, a la que tanto le dedicó de sí misma.
Una vida dedicada a la docencia
Luego de cincuenta años en la profesión, Virginia Ariaudo, una de las maestras más conocidas de Echeverría, decidió jubilarse. Comienza una nueva etapa en mi vida, afirma.
“Le entregué mi vida a esta profesión y lo haría mil veces más”, cuenta en la tranquilidad de su hogar, junto a su nieta, su máquina de coser y su gata. “Es difícil dejar de enseñar porque es lo que más amo en la vida pero llegó el momento de descansar y enfocarme en otros proyectos”.
La historia de esta maestra comienza en La Pampa, Virginia es oriunda de esa provincia. Se recibió a los diecisiete años y desde ese momento comenzó su pasión por esta profesión. Enseñó en los pueblos cercanos y no tan cercanos, y se llevó su vocación a cada aula que le tocó pisar.
Tiempo después decidió mudarse a Buenos Aires y adoptó a Esteban Echeverría como su ciudad. “Enseñé en una escuela de Tristán Suárez, o más exactamente en el Instituto Jesús Niño. Luego trabajé en la escuela N°1 de Monte Grande, fui titular en la escuela N°12 y durante diez años, estuve en el Consejo Escolar. Por último di clases en la Escuela Nª14 donde no solo fui maestra sino que ocupé el cargo de prosecretaria y terminé por jubilarme”.
A la hora de destacar lo mejor de ser docente, Virginia no titubea y contesta casi sin pensar. “El reconocimiento de los alumnos. Muchas veces voy caminando por la calle y me saludan, me recuerdan cosas que dije, anécdotas, paseos. Igual con los padres de mis ex alumnos”.
Fue la “seño” de varias generaciones y su nombre, seguramente, quede en el recuerdo de quienes tuvieron el placer de compartir el aula con ella. Disfrutar de los pequeños placeres se vuelve su objetivo, del día a día y sus seres queridos. Incluso entre recuerdos e historias, le expresa un mensaje a la nueva generación de docentes. “Tienen que realizar este trabajo con amor, porque no es uno más, se trata con personas y eso es muy valioso. SI no tienen vocación, si no aman lo que hacen, no podrán llevar adelante esta actividad”.
Hablando de su nueva rutina y de cómo organiza sus horas afirma “Me va a faltar una parte importante. Capaz en algún momento vuelva a enseñar pero por ahora me quiero dedicar a mí, a la familia que construí y a los nietos que tengo. En mis horas libres tejo, bordo y coso, tengo una máquina de coser que es mi compañera”.
Una etapa se cierra y otra se abre en la vida de esta maestra que supo ganarse el cariño y el afecto de sus alumnos y que quedará en la memoria de ellos.

