Este domingo la Selección Argentina de handball en la categoría juvenil viajará a Rumania, donde se desarrollará el Mundial. Y antes de emprender la travesía, quien pasó por el stream de El Diario Sur es Renata Pangaro, vecina de Ezeiza y referente de la especialidad, quien palpita el desafío y sueña con la gloria con la camiseta albiceleste. "Quiero jugar la final del mundo", sentenció, expectante por una meta que, si bien sabe que es complicada, cuenta con avales.
El elenco nacional llega como campeón del Sur-Centro de que afrontó en Paraguay, habiendo derrotado en el duelo por la gloria a Brasil, que acumulaba 14 títulos en fila. Y se selló la primera vuelta olímpica en la historia de la categoría, algo hasta hace un tiempo inimaginable. Por eso, mira de reojo con confianza la grilla que se avecina, que tendrá al equipo en el grupo D junto a Portugal, Montenegro y Países Bajos, tres potencias europeas que no se prevén sencillas de superar.
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"Nosotras vamos partido a partido. Sabemos que es durísimo porque nos tocaron tres europeos en la zona, pero los partidos hay que jugarlos", aclaró, con la premisa de resaltar las virtudes que tuvo el plantel hace unos meses, cuando se sorprendió a las brasileñas.
Alegría en Paraguay
Justamente, sobre ese itinerario en Asunción, a fines del año pasado, fue elocuente: "Hablo y se me pone la piel de gallina, porque no me olvido de lo que fue eso. A mí me tocó estar esos últimos 5 segundos en la cancha defendiendo y me pareció una locura. Fue ganando por uno -23 a 22- y terminó el partido y yo abracé a la primera que me crucé llorando. No lo podía creer, porque fue una remontada, ya que veníamos perdiendo por varios goles". Y sumó: "En mi cabeza nunca se había pasado que lo perdíamos, nunca. Yo siempre estuve durante el partido creyendo que lo íbamos vamos a ganar. Nunca bajamos la cabeza".
Las virtudes que posibilitaron ese logro y que llevan ahora al Viejo continente por la cita mundialista las expone así: "Yo creo que somos un equipo muy unido, tenemos mucha confianza entre todas, sabemos que si una está mal no es que va a hablar solo con una. Estamos todas juntas todo el tiempo, yo creo que somos un equipo unido y nos queremos mucho".
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Y se posó, ante ese panorama, en la cuestión personal, porque para ella, tal cual lo dice, "esto que se vive es un sueño". "Me doy cuenta ahora de la dimensión que tiene un mundial", sentenció.
Para arribar a destino hubo un arduo trajín, entre ellos el de los recortes del seleccionado previo al sudamericano que derivaron en el plantel que clasificó al torneo y que ahora dispondrá de la acción en Rumania. "Eramos más de 90 chicas y fuimos entrenando a lo largo del año, y cada vez iba achicando más la cantidad de jugadoras, todo con el objetivo de llegar lo mejor posible con el equipo al torneo que se jugó en noviembre. Siempre son tensos esos momentos, muy incómodos, con muchos nervios", destacó, ahora ya ansiosa, sabiendo que está a disposición del DT.
Formación en Grilli
Renata, que actualmente juega en Sedalo, en Lanús, supo disputar tres temporadas formativas en el Grilli de Monte Grande, lapso en el que se convenció que podía jugar al handball en gran forma. "Me encantaba el deporte y empecé a disfrutar un montón con mis amigas. Estando en el Grilli fue cuando me llegó la primera convocatoria a la Selección. Fue a un torneo continental en Paraguay y en ese momento vestir la camiseta fue increíble e hice un click. Dije 'yo quiero'. Y acá estoy", completó.
Para que ese camino sea posible hubo mucha gente detrás. Y la joven no deja de valorar el acompañamiento de la familia. "Sin ellos no hubiese sido posible, porque me llevan, me traen a todos lados. Por ejemplo, los tres estímulos de entrenamiento son en tres lugares distintos, así es todo el tiempo. Me ayudan llevándome, yéndome a buscar. Por eso este viaje también es para ellos, creo que yo terminé de caer que me voy a Rumania esta semana que pasó. Tuvimos concentración y me cayeron todas las fichas juntas. Y mis viejos me ayudaron a darme cuenta que era capaz y que podía", aclaró.
Y agregó: "Y también sirvieron las palabras del cuerpo técnico, y la confianza de mis compañeras, y mucho de mi familia, como que termino dándome cuenta que puedo, y como que genero esa confianza para mí, y después yo también puedo compartirla al equipo".

