Jorge Odón trabajaba como mecánico cuando una escena ocurrida en su taller de Lanús terminó dando origen a un invento que cambiaría su vida. Entre los trabajadores habían hecho una apuesta para sacar un corcho del interior de una botella utilizando una pinza y aire. El mecanismo llamó su atención y poco después apareció una idea inesperada: podía servir para facilitar un parto.
El mecánico de Lanús que creó un dispositivo para facilitar partos y llegó a hospitales de Europa
El vecino creó el dispositivo después de observar un truco con un corcho y una botella en su taller de Lanús. Fue probado en Argentina y se utiliza en Europa.
“Ese día la despierto a mi esposa con la idea del facilitador de parto y ahí empieza todo este camino”, contó Odón, sobre el inicio del dispositivo que lleva su nombre en una madrugada de agosto de 2006, en diálogo con El Diario Sur. La ocurrencia dio inicio a un largo proceso de desarrollo que terminaría con la creación del dispositivo que lleva su nombre.
Junto con su socio Carlos, Odón llevó inicialmente la propuesta a un médico de Lanús Este, quien, según recordó, consideró que el dispositivo era “fantástico”. Después construyó un útero de vidrio y, aproximadamente un año y medio más tarde, consiguió desarrollar un prototipo para patentar.
El primer lugar donde pudo probarlo fue el CEMIC. Allí realizaron ensayos en 48 partos y fueron avanzando en el uso del dispositivo. Luego, el director de la institución lo llevó a un congreso de la Organización Mundial de la Salud, donde Odón entró en contacto con Mario Merialdi, vinculado al área de salud reproductiva del organismo.
El invento continuó su desarrollo y fue probado con médicos en Estados Unidos mediante un simulador. Odón recuerda que quienes conocieron el proyecto observaron sus posibles ventajas frente a instrumentos utilizados tradicionalmente para asistir partos, como el fórceps.
El OdonAssist es un dispositivo inflable que se utiliza para asistir el nacimiento por vía vaginal cuando el trabajo de parto no avanza. El aparato utiliza una bolsita de aire flexible que se coloca alrededor de la cabeza del bebé. Una vez inflado, permite sujetarla y aplicar una tracción controlada para acompañar los esfuerzos de la madre.
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Una de las dudas que recibió al comienzo estaba relacionada justamente con la forma del aparato. “La gente a veces dice cómo vas a sacar el bebé con una bolsa, le sacás el aire, pero no es así porque el bebé no respira dentro del útero sino que lo hace a través del cordón umbilical”, señaló.
El dispositivo fue utilizado en hospitales de Europa. Su inventor contó que llegó a 40 hospitales de cinco países europeos y que también fue empleado en Etiopía. En Argentina, según explicó Odón, se prevé su utilización próximamente.
El desarrollo también tuvo reconocimiento internacional. Odón recibió un premio en Washington y el Premio Innovar, además de aparecer en medios nacionales e internacionales. Su invento llegó a la tapa de The New York Times y fue presentado ante distintas personalidades.
El camino, sin embargo, no fue sencillo. “Al principio tuve una angustia terrible, ya que pensaba que ya alguien lo había visto, que había sido probado”, recordó. También contó que al comienzo existían dudas sobre la posibilidad de que un mecánico pudiera aportar una solución a un problema del ámbito médico.
Los inicios del inventor
Odón comenzó a trabajar en un taller de alineación de Avellaneda cuando tenía 15 años. Su padre, según recordó, priorizaba que aprendiera un oficio. Allí trabajó con un italiano que fabricaba, patentaba y vendía sus propios inventos, lo que luego implementó con sus propias creaciones.
Para Jorge, su formación como mecánico estuvo ligada a una manera particular de buscar soluciones. En todos sus años de profesión, ya había desarrollado otros inventos vinculados con la mecánica. “Cuando uno inventa algo piensa que está medio loco”, dijo
A los 72 años y después de haber vendido su taller, Odón está retirado y vive en Uruguay. Sin embargo, asegura que continúa creando y muestra su historia en el Instagram @odonjorge. Para él, aquella capacidad no está reservada a una profesión determinada: “El mecánico, el carpintero y el albañil… todos somos creativos”.
El invento que comenzó con una botella y un corcho terminó así recorriendo un camino que llevó a un taller de Lanús hasta hospitales de distintos países.
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