El último año de la secundaria es el más esperado por todos los alumnos. Además de cerrar una etapa escolar, es sinónimo de momentos compartidos, de anécdotas, de amistades, de festejos y de un viaje de egresados que luego es recordado por varios años. Lamentablemente, el coronavirus arruinó todos esos planes en 2020. Sin embargo, en Banfield no se dejaron llevar por la frustración y decidieron canalizarla de una manera conmovedora, que en un futuro será más recordada y valorada que cualquier evento.
Los protagonistas de esta historia son los alumnos del 6° año del Instituto Esteban Echeverría. Llevaban varios meses planeando la fiesta de egresados para ponerle el broche de oro a su último año de cursada y habían juntado una importante cantidad de dinero para el evento. Al igual que a muchos otros, la cuarentena los dejó con las ganas.
Por más extraño e irónico que suene, fue precisamente la pandemia la que les indicó cómo dejar atrás esa angustia. Los chicos no tardaron en acordarse del Comedor Los Peques de Santa Lucía de Monte Grande, un lugar donde concurrían niños con muchas necesidades y al que ellos habían ayudado en 2019. Un año después, sólo hubo que pararse a pensar: "¿Cómo la estarán pasando ellos en este momento? Ya que no vamos a usar este dinero, ¿por qué no lo donamos a esa gente que lo va a necesitar más?".
El consenso fue inmediato. Los adolescentes donaron al comedor todo lo que habían recaudado para su fiesta de egresados. Una acción que llenó de orgullo a los directivos de la escuela de Banfield y a todo Lomas de Zamora.
"Los vi crecer y tienen unas familias excelentes y creo que eso influye en todo el accionar de estos chicos. El dinero se lo podrían haber repartido entre ellos o comprado algo, pero decidieron que fuera para un bien común y un fin noble, para chicos que iban a necesitarlo más en esta situación en la que a tanta gente le falta el plato de comida", destacó Gabriela Lago, directora del Nivel Secundario de la institución, en charla con El Diario Sur.

La autoridad del colegio de Banfield contó que "este proyecto surgió el año pasado con una nena que estaba en 5° y tenía ganas de ir al comedor". Aquella vez, los jóvenes habían preparado una gran jornada en la que recolectaron alimentos, juguetes, ropa, calzado y artículos de librería. "Este grupo que hoy está en 6°, junto con otro grupito de 6° del año pasado, repararon juguetes, armaron juegos, acompañaron a los chicos y pasaron una tarde inolvidable viendo realidades totalmente diferentes a las que viven ellos, de tener la comida todos los días o un abrazo. Los chicos les pedían que volvieran porque se habían divertido. Todo se iba proyectando para volver este año", afirmó Lago.
"Al principio estaban frustrados y desgastados porque no sabían cuándo se terminaba esto, pero este año la pandemia les hizo click y se acordaron de aquellos chicos con mucho más ímpetu. Así llegó todo lo que habían recaudado a mano del comedor Los Peques. Se acercó allá un grupito para compartir situaciones de vida, poner el hombro, la oreja y escuchar además de colaborar con algo material", detalló sobre cómo se llevó a cabo esta iniciativa solidaria que conmovió a Lomas de Zamora.
Si bien es un gesto que puede sorprender a la mayoría que a esa edad sólo piensa en los festejos, Lago afirma que "es la impronta de la institución que algo solidario tienen que hacer por año" y la llena de satisfacción que esto haya ocurrido en las Bodas de Plata de la escuela. "Que estos chicos dejen una huella en nuestro colegio con estos 25 años me hace sentir muy orgullosa y emocionada por todos. No es común en la juventud este tipo de acciones", remarcó.
La directora cerró la conversación subrayando que "un adolescente activo es un adolescente que crece sano". Con esa premisa, estos 25 estudiantes ayudaron a sanar a otros. No pudieron volver a clases, pero supieron dar una clase de valores. No se vistieron de gala para festejar, pero se pusieron la camiseta de la solidaridad que lució tanto como aquellos trajes y vestidos que tenían pensado usar. No hubo comida ni bebida en un salón o boliche, pero sí lo hubo en el comedor. No bailaron ellos en una fiesta, pero sí bailaron los corazones de Los Peques de Santa Lucía, que recibieron una caricia inesperada desde Banfield.






