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El vecino de Llavallol que llegó al Impenetrable y trabaja con comunidades indígenas: "Es difícil para la gente entender que no hay agua acá"

Tiene 35 años, es ingeniero zootecnista y trabaja en proyectos de agua, producción animal y agroforestería en distintas localidades del norte argentino.

Más de 1.200 kilómetros separan a Llavallol de la ciudad de Castelli, en la provincia de Chaco. En 2016, Mauricio Tinari llegó al noroeste durante un viaje por Argentina. Este ingeniero zootecnista egresado de la UNLZ y buscaba conocer otros lugares. Sin imaginarlo, encontró allí el lugar donde desarrollar su vocación.

"Me gustó mucho todo lo que había. Todo un mundo que es el trabajo acá, bastante naturalizado, con pueblos indígenas, con comunidades cazadoras recolectoras", recordó, en diálogo con El Diario Sur, sobre sus primeros días allí. Y agregó: "Un montón de otras realidades que yo hasta el momento no conocía".

Pero el vínculo de Tinari con el mundo rural había comenzado mucho antes de aquel viaje. Su infancia transcurrió en la localidad de Llavallol donde, según explicó, convivían familias de distintos orígenes y todavía estaban presentes algunas costumbres vinculadas al campo. "Una mezcla de gente y toda esa gente traía su cultura, sus costumbres, sus cosas", contó.

Aunque sus padres no estaban vinculados profesionalmente al campo —su padre es psicólogo y su madre, cosmetóloga—, Mauricio encontró en ese entorno los primeros indicios de su vocación. "Yo creo que esa romantización fue la que me quedó y lo que me hizo seguir estudiándolo", explica, en referencia a los relatos familiares sobre la vida rural.

Su trabajo en el Impenetrable

En el Impenetrable chaqueño, Tinari trabaja junto a la Fundación Gran Chaco en proyectos vinculados al acceso al agua, la producción animal y la agroforestería. Desde su llegada, en 2016, participa en iniciativas que buscan mejorar las condiciones de vida de las familias campesinas y desarrollar nuevas formas de producción en una región atravesada por dificultades ambientales y sociales.

Uno de los primeros proyectos en los que participó estuvo relacionado con el acceso al agua, un problema cotidiano en una región donde las precipitaciones son considerablemente menores que en Buenos Aires. "Es medio difícil también para la gente del Conurbano entender que no hay agua acá, que la gente no tiene agua para tomar", explicó.

A través de un programa de recolección y almacenamiento de agua de lluvia se construyeron cisternas de placa con capacidad para guardar 16.000 litros, además de techos colectores. Según detalló, el proyecto permitió instalar alrededor de 1.000 cisternas y desarrollar 100 kilómetros de red.

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Otra de las áreas en las que trabaja es la producción animal, especialmente la cría de cabras y ovejas, dos actividades habituales entre las familias de la zona. Su tarea consiste en acompañar mejoras en los corrales, incorporar techos para proteger a los animales jóvenes y facilitar el acceso al agua. "Son cosas pequeñas, inversiones muy pequeñas. La gente empieza a producir el doble prácticamente con esas pequeñas mejoras", señaló.

Actualmente, uno de los ejes en los que trabaja con mayor intensidad es la agroforestería, también conocida como agromontes. Se trata de un sistema que combina diferentes especies vegetales en una misma parcela, en lugar de destinar toda la superficie a un único cultivo. La propuesta permite reunir entre 25 y 30 especies en un mismo terreno, distribuidas en distintos niveles según sus necesidades de luz y sombra. De esa manera, se busca aprovechar mejor el espacio y desarrollar sistemas más resistentes a las altas temperaturas, el frío y la falta de agua.

Para él, el impacto de estas iniciativas no se mide solamente en términos económicos. "Hay una cuestión no solo cuantitativa, de los ingresos que la persona puede agarrar, sino también muy cualitativa, de la calidad de vida, de lo que puede consumir, de los alimentos que empieza a incorporar", reflexionó.

Los primeros pasos de su vínculo con el campo

Mucho antes del trabajo que lo llevó a instalarse en el norte argentino, Tinari cursó sus estudios secundarios en el Instituto San José, de San Vicente, donde se recibió de técnico agrónomo. Durante esos años, el trayecto desde Llavallol implicaba madrugar y pasar buena parte del día fuera de su casa. "Para irme de Llavallol hasta San Vicente, 5.30 de la mañana me pasaba a buscar una combi", recordó. Volvía alrededor de las 19.

Al terminar el secundario, continuó sus estudios en la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (UNLZ), donde se recibió de ingeniero zootecnista. Esas experiencias también estuvieron vinculadas con el camino profesional que quería seguir. "Yo tenía como más marcada esa vocación, esa tendencia para ir a trabajar con pequeños productores", explicó.

Desde esa perspectiva, Tinari cuestionaba que, durante la carrera, buena parte de los contenidos estuvieran orientados a las necesidades de grandes empresas y del agronegocio. Considera que la universidad debería acercar a los estudiantes otras posibilidades de desarrollo profesional y atender las necesidades de las comunidades.

"Yo creo que la universidad, la investigación, tiene que estar completamente al servicio del pueblo y de la gente", sostuvo.

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