El 1° de enero de 2020, Mauro Casaburro vivió el momento más dramático de su vida. Volvía de festejar el aniversario de Los Andes, el club de sus amores, cuando fue atropellado por una camioneta. Quedó internado al borde de la muerte y se esperaba lo peor. Sin embargo, tras varios días en estado crítico, sorprendió a todo Lomas de Zamora con una milagrosa recuperación.
Ya pasó un año de aquel accidente que casi termina en tragedia. El joven de 19 años se repuso de aquel choque y su familia pudo verlo festejar los 20 con el mejor regalo que podía tener: su propia vida. Sin embargo, cuando ya prácticamente no quedaban rastros del fatídico episodio de enero, la pandemia le trajo otro obstáculo: todo su círculo familiar se contagió de coronavirus. Una prueba que también superó con entereza.
Para comprender todo este proceso de lucha, hay que remontarse a los primeros días de 2020, cuando el joven fue ingresado al Hospital Gandulfo con un pronóstico desalentador. Las contusiones cerebrales que había sufrido por el impacto de una camioneta Toyota Hilux abrían la posibilidad de que no sobreviviera a esa noche. Pero después de muchas horas de angustia, Mauro abrió los ojos. Adolorido por los múltiples golpes. Confundido al encontrarse internado y entubado. Pero sobre todo, vivo, cuando se presagiaba todo lo contrario.

Para fines de enero, Mauro ya estaba de alta, sin secuelas físicas ni neurológicas. Tenía todo el año por delante para realizarse chequeos médicos, que no mostraron ninguna complicación. "Mauro estuvo bien. Hasta el mes de mayo se estuvo haciendo controles y tomografías en el Hospital Gandulfo una vez por mes. Después por la pandemia no se hizo más porque los hospitales no brindaban atención para eso. Nunca tuvo un episodio de nada relacionado con el accidente, gracias a Dios estuvo re bien", comentó su padre, el periodista Rodolfo Casaburro, en conversación con El Diario Sur.
Su papá habló de "agradecer que este año fue con mucha salud", pero enseguida interrumpió la frase. Pensó unos segundos y enseguida contó el otro desafío que debió sortear su hijo: el coronavirus. Mauro ya había vuelto a trabajar cuando la pandemia sorprendió a la familia Casaburro en el mes de agosto.
"Nosotros acá en casa tuvimos COVID-19 todos. Calculo que lo habré traído yo del trabajo porque trabajaba en la calle. Mauro al toque perdió el gusto y el olfato, mi mujer también y hasta el bebé de 2 años lo tuvo. Yo la pasé peor, tuve un cuadro muy fuerte de fiebre por nueve días. Teníamos mucho miedo por el virus, porque Mauro era un paciente que había tenido una neumonía bilateral estando en coma, pero fue el que menos la padeció. Ya lo pasamos y estamos muy bien", le contó Rodolfo a este medio, con una llamativa calma a pesar de haber superado un virus tan complejo en un año luchado para Mauro.

Apenas se recuperó, el adolescente regresó a su labor y recientemente dio un paso más: se animó a llevar adelante su propio emprendimiento. "Después del coronavirus volvió a trabajar. Él trabajaba en un lavadero de autos, pero el trabajo había mermado un poco y decidió ponerse el lavadero en casa de forma independiente a principios de diciembre. Está contento, sabe que es algo temporario porque tiene que terminar el colegio, va a retomar el año que viene", contó Rodolfo con satisfacción.
En el primer aniversario de un hecho que le hizo pegar un gran susto, Mauro está contento por haber ganado la pelea a la muerte y a la pandemia. Así como el fútbol da revancha, la vida le dio otra oportunidad a este joven hincha del Milrayitas y no quiere desaprovecharla. "Estamos muy contentos con que esté acá este año", cerró su padre. Un deseo que toda la familia pidió hace doce meses y que hoy está cumplido, tras un año de batallas ganadas.






