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Un joven músico de la región sacará un disco en Croacia tras dos años de aventuras en Europa

Lucas Conti tiene 27 años, nació en Temperley y aparece como @planetalucas en Instagram. Desde enero de 2019 que recorre Europa persiguiendo un sueño que lo cautiva desde chico: hoy está establecido en Croacia, trabaja como músico callejero y prepara su primer disco. Esta es su historia.

Ya llevaba tres días tirando currículums por Londres y hacía más de un mes que viajaba por Europa. Lucas Conti primero pasó por Barcelona y luego estuvo en Manchester, una ciudad fría y peligrosa que lo hizo de dudar de volverse a Buenos Aires. El pasaje de vuelta era dentro de unos pocos días y la billetera se estaba achicando. Croacia todavía era un destino lejano.

Lucas había cruzado el Atlántico para perseguir un sueño que tenía pendiente desde sus 13 años. Al momento de viajar, a sus 25, tenía su propio estudio de música en Adrogué y tocaba el teclado en “Negro”, una banda de covers reconocida en la zona. Y aunque su deseo era trasladar tal cual su vida al viejo continente, aquella tarde no iba con demasiados requisitos en su afán de conseguir trabajo.

Un comercio pequeño y de onda hípster le llamó la atención. Desde adentro se escuchaban sonidos que sabía que conocía. Entró al local para afinar el oído y pudo descifrar lo que era.

—¿Te gusta Stereolab? —le preguntó al encargado del café que vendía pastelería de Medio Oriente.

Un argentino en Inglaterra hablando con un árabe sobre el disco Dots and Loops era una mezcla tan extraña como atrapante. Lucas se quedó una hora hablando de música con el hombre e incluso olvidó qué era lo que lo había llevado a recorrer las calles de Londres. Cuando se acordó, le preguntó si conocía a alguien que esté buscando un empleado. “Yo necesito. ¿Sabés servir café?”, fue su respuesta. Y ante eso, Lucas rió. Primero porque la propuesta llegaba en el lugar menos buscado; segundo porque esa noche, a pesar de decirle que sí, que sabía servir café, no durmió por ver tutoriales en YouTube.

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Siempre con guitarra en mano, la historia de Lucas Conti es imposible de ser contada sin música de fondo. Foto en Zagreb, Croacia.

Siempre con guitarra en mano, la historia de Lucas Conti es imposible de ser contada sin música de fondo. Foto en Zagreb, Croacia.

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Después de varios meses trabajando en la cafetería hizo el click de que no había ido para morir en un café, a pesar de que haya sido la música la que indirectamente le encontró trabajo. Con lo ahorrado siguió recorriendo Europa: fue a París, Berlín, Friburgo y Barcelona de nuevo, una ciudad a la que llama “Argentina II”. Y casi como en homenaje a todos los argentinos, se quedó sin dinero también.

Lucas Conti no tiene nacionalidad europea. Viaja como latino, trabaja como latino y sobrevive como latino: entrando y saliendo del espacio Schengen, un área en común sin controles fronterizos que integran la mayoría de los países de la Unión Europa. Para un latino es este el peor invento de la historia, aunque con un poco de ingenio se la puede rebuscar: cada tres meses se debe abandonar el espacio Schengen, hacer un paréntesis en algún país de Europa del Este por otros tres meses y después volver a entrar.

Así se manejó Lucas, que después del lapso permitido emigró a Zagreb, en octubre del 2019.

En Croacia se sintió como en casa: moneda devaluada, argentinos por todos lados y una movida cultural única que lo conectó como nunca con la música. Los tres meses previos a volver al espacio Schengen los pasó trabajando en un hostel a cambio de hospedaje y comida, mientras le encontraba el gusto a tocar música andina en la calle a cambio de kunas y euros.

Volvió otra vez a Barcelona, pasó por Sevilla y terminó en Niza. En marzo la pandemia lo obligó a quedarse en el sur de Francia por unos meses más, algo que retrasaba sus objetivos: además de ser Niza un lugar costoso y sin movida cultural, Lucas Conti ya se había encariñado con Croacia. En julio pudo volver a Zagreb y desde ese momento que no salió más. Tenía solo 7 euros en sus bolsillos y una fe puesta en su voz y guitarra.

Regresó con la seguridad de que quería continuar como busker (músico ambulante), pero ni siquiera imaginó que le podría llegar a ir tan bien. “Estamos montando un show, tocando canciones típicas de Macedonia, los Balcanes, Grecia”, cuenta sobre su segunda y actual experiencia en Zagreb, más madura y cercana con el público local, y en dúo con Bernabé, un mendocino con el que convive y con quien se complementa tocando el violín.

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“La vida cotidiana en Argentina me enfermaba un poco. Pasan los años y ves siempre a la misma gente. Ahora a la distancia hay un par de cosas que extraño, pero la vida estática me estaba empezando a molestar un poco también”.

Lucas estaba entre invertir con la compra de micrófonos y amplificadores para su estudio en Adrogué, “La Orden del Círculo”, o lanzarse a la odisea que siempre quiso tener. Una vez que compró el pasaje, ya no había marcha atrás. Aunque todo podría haber cambiado de no haber reconocido aquellos ritmos de Stereolab.

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De grabar con señales MIDI a componer con instrumentos orgánicos. El primer álbum de Lucas Conti, desde Croacia, será un gran salto en su carrera musical.

De grabar con señales MIDI a componer con instrumentos orgánicos. El primer álbum de Lucas Conti, desde Croacia, será un gran salto en su carrera musical.

Los Árboles es el alias con el que toda su vida se presentó el músico y productor Lucas Conti. Es oriundo del barrio San José, en Temperley, y cursó el secundario en el Euskal Echea. Pero solo lo cursó, porque al colegio lo terminó años después con el plan FinEs. Había abandonado la escuela por trabajar de DJ: siempre en su vida estuvo la música como guía.

Lucas no cuenta con formación profesional ni nada por el estilo. Siempre se dejó llevar por “hacer lo que a uno le gusta, que al fin y al cabo es lo que hace que la vida esté copada”. Todos sus pasos siempre fueron impulsados por los compases de la música y las enseñanzas de su casa: “Siempre fuimos pobres con mi familia, pero mi vieja nos inculcó que la libertad estaba por encima de todas las cosas. Lo principal es ser valiente y lanzarse a hacer cosas no convencionales, de esas que no sabés cuáles van a ser el resultado final pero que presentís que van a dar sus frutos”.

Desde los 13 años que se dedica a la música. Sacaba riffs de Led Zeppelin y Yes, se nutría del jazz de Miles Davis y John Coltrane que se escuchaba en su casa y grababa sus canciones en la computadora de su infancia. “Las influencias que tuve en casa me abrieron un montón de puertas en cuanto a la percepción de la música y producirme a mí mismo desde chico me capacitó para el trabajo que hago hasta el día de hoy”.

Cuando Lucas se refiere al día de hoy, hace referencia a su día a día en Zagreb, donde montó un pequeño estudio en su habitación para grabar, producir y mezclar sus canciones. En Croacia tuvo la suerte de poder comprarse guitarras y bajos, por lo cual en su primer disco (que está en camino) se podrán escuchar muchos más instrumentos reales, en comparación con sus anteriores EP cocinados en la Argentina.

Su compañero de techo lo acompañará con el violín, claro está, mientras persisten sus sueños desde las calles. Los mismos que inconsciente lo llevaron a dejar el colegio por tocar en fiestas, los mismos que lo obligaron a sacar un pasaje a Europa y los mismos que lo impulsaron a entrar a una cafetería londinense. Mientras su deseo de trasladar tal cual su vida al viejo continente cada vez es más cercano.

“Queremos dar un paso adelante y firmar contrato con algún hotel para trabajar la temporada, ya que eso nos permitiría estar más regularizados”, confesó Lucas. Tener los papeles en regla le permitiría quedarse en Croacia un buen rato. Si todavía sigue allí es porque la pandemia, afortunadamente, le ha permitido extender la visa. Ya no sufre por aquella restricción que lo retuvo en Niza: porque en Zagreb nada lo retiene, porque en Zagreb se siente como en casa.

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