A casi 10 días del fallecimiento del ex boxeador Jorge Roña Castro, Dante Rivero, profesor del gimnasio que tenía en Temperley, aseguró que la entrega de mercadería a los comedores y merenderos está frenada. Además, expresó su preocupación por los chicos que dejaron de entrenar y las familias que necesitan asistencia alimentaria.
Preocupación en el gimnasio del Roña Castro porque ya no entregan alimentos: "El barrio lo necesita"
Uno de los alumnos del Roña Castro alertó por la interrupción de la ayuda social que el exboxeador brindaba en la localidad de Temperley.
“Está todo parado”, resumió Rivero en diálogo con El Diario Sur. Según explicó, las filas de vecinos que se formaban en la puerta para retirar alimentos y llevarlos a sus familias dejaron de verse tras la muerte del exboxeador. Según recordó, "Locomotora" abastecía a unos 14 merenderos, pero hasta el momento nadie continuó con la distribución de mercadería y Rivero desconoce cómo seguirá la asistencia a las familias. “Me pone mal porque la gente acá en el barrio lo necesita, no tienen para comer y la verdad es una pena”, expresó.
En un principio, el gimnasio de Temperley había sido pensado como un espacio para enseñar boxeo, pero su función se amplió durante la pandemia de coronavirus. Ante las dificultades económicas de esos meses, Castro comenzó a repartir alimentos y ropa desde el lugar, una iniciativa que fue creciendo con el tiempo y convocó a vecinos de distintos puntos de la Zona Sur.
El trabajo con los chicos en el gimnasio de Temperley
El profesor también indicó que no recibió comunicaciones de los familiares del exboxeador para coordinar la continuidad de las actividades. En ese contexto, manifestó su deseo de poder seguir colaborando con las familias que necesitan asistencia, aunque reconoció que no cuenta con los contactos ni los recursos que tenía Castro. “Si yo fuese el Roña, si tuviese sus contactos, podría ayudar a toda la gente”, sostuvo, al lamentar que la ayuda se encuentre interrumpida.
Desde que el gimnasio se convirtió en un punto de distribución de mercadería para comedores y merenderos, Castro conseguía donaciones y organizaba las entregas con la colaboración de distintas personas, mientras mantenía su objetivo de acercar el deporte a los jóvenes del barrio. La propuesta combinaba así dos tareas: brindar asistencia alimentaria a quienes la necesitaban y ofrecer un espacio de entrenamiento y acompañamiento para los chicos.
El trabajo con los chicos más allá del boxeo
Según relató el propio Rivero, algunos jóvenes se quedaban más tiempo entrenando en el gimnasio porque no querían "volver a la calle". De acuerdo con su testimonio, el espacio les permitía a los jóvenes alejarse de la calle y de situaciones vinculadas al consumo de drogas. Por eso, también manifestó su preocupación por la interrupción de los entrenamientos y por no saber qué están haciendo actualmente los chicos que concurrían al lugar.
“Un chico que anda en la calle, que anda con las drogas, puede volver a eso”, advirtió, y expresó su esperanza de que puedan retomar las prácticas y continuar vinculados al deporte.
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