Una bolsa olvidada, disquetes, VHS, guiones inconclusos y una frase que quedó resonando en el tiempo: “No me puedo morir porque todavía no hice una película”. A partir de ese hallazgo en plena cuarentena, la escritora y cineasta de Temperley Martina Cruz construyó Nuestra cosa perdida, su ópera prima, que se proyecta en el Cine Gaumont.
Martina Cruz proyecta "Nuestra cosa perdida" en el Gaumont: "Hacer cine era el idioma que compartíamos"
El documental Nuestra cosa perdida nació en cuarentena con archivos familiares y reconstruye el sueño inconcluso de su padre en Temperley.
El documental tuvo su estreno la semana pasada y este miércoles a las 20.30 tendrá su última función en la sala ubicada frente al Congreso. Allí, en el centro porteño, también se verá una historia profundamente ligada al sur del conurbano.
“Lo último que me dijo mi papá fue ‘no me puedo morir porque no hice una película’”, contó Martina, en el stream de El Diario Sur. Su padre, Daniel Cruz, había estudiado cine en Lomas de Zamora y realizado cortometrajes, pero nunca llegó a filmar el largometraje que imaginaba. Trabajaba en el Servicio Meteorológico haciendo contenidos audiovisuales, mientras el deseo artístico quedaba en suspenso.
Una película nacida en cuarentena
Durante el aislamiento, la directora encontró ese archivo familiar y decidió preguntarse “qué podría haber sido esa película que quería hacer”. Entrevistó a su madre, a su hermana y a amigos. Reunió imágenes del pasado. Armó, según la define, “una suerte de collage emocional, policial”, en el que la búsqueda de una película se transforma en conversación con un fantasma.
“Fue mi forma de charlar con él en el idioma que conocíamos los dos, que es hacer películas”, explicó. Y agregó: “Presentarla ahora le da un cierre a mi proceso de duelo”.
Nuestra cosa perdida también es una película atravesada por el territorio. Filmada en parte en Zona Sur y realizada con un equipo integrado en buena medida por vecinos del conurbano, la obra pone en pantalla espacios que pocas veces aparecen en el cine. “A mí me emocionó ver la estación de Temperley en un cine. Nunca la veo”, dijo.
Cine, territorio y una discusión pendiente
En esa línea, planteó la necesidad de ampliar las miradas: “Hay un exceso de representación de Capital Federal y después no tenés nada. No solo del conurbano, también de las provincias. Hay algo muy invisibilizado”. Para Cruz, el cine “no puede ser contado solo por un par”, y destacó el rol de los apoyos públicos para que existan producciones federales.
La película también dialoga con generaciones. Si el sueño de su padre era, según ella misma describe, “una peli enorme, de aventuras”, su apuesta es distinta: “Siento que las pelis que tengo ganas de hacer son más chiquitas, filmadas acá, con mis amigos, contando lo que conozco”.
Después del Gaumont, la directora adelantó que buscarán proyectarla en espacios culturales de la región, como la Universidad Nacional de Lanús y centros culturales de Temperley y Lomas. “Sentimos que la película se banca no estar en un cine, que se pueda ver entre 30 personas en algún lugar”, sostuvo.
En tiempos complejos para la producción audiovisual, Cruz fue clara: “Hoy me cuesta pensar que se puede vivir del cine. Se va haciendo de a partes, con muchos kioscos. Pero ojalá se dé una batalla cultural y política para que un adolescente pueda salir de la secundaria y decir ‘quiero estudiar cine’ sin que parezca imposible”.
Mientras tanto, la historia que empezó con una bolsa guardada en una casa de Temperley ya encontró su pantalla. Y esa frase que alguna vez fue deuda, ahora es película.
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