Jorge "Cubo" Amarilla, un vecino de 75 años de Villa Fiorito, decidió cerrar el taller de reparación de heladeras que funcionaba sobre la calle Baradero. Con más de 60 años de trayectoria en el oficio, aseguró que la situación económica lo llevó a tomar la decisión.
Villa Fiorito: cerró su taller tras más de 60 años y quiere convertirlo en una escuela de oficios
Tras más de 60 años reparando heladeras en Villa Fiorito, Jorge "Cubo" Amarilla cerró su taller y quiere transformarlo en una escuela.
Según explicó, la baja demanda y las dificultades de sus clientes para afrontar los costos de las reparaciones hicieron inviable la continuidad de la actividad. Ahora busca darle un nuevo destino al lugar: convertirlo en un espacio de formación práctica para estudiantes de oficios.
Amarilla recordó que trabaja desde la adolescencia en el rubro de la refrigeración. "Siempre viví de mi profesión, que es la de mecánico de heladeras", afirmó en diálogo con El Diario Sur.
Amarilla aseguró que logró mantener su actividad a lo largo de distintas etapas difíciles del país. "Pasé el Rodrigazo, pasé el menemismo, pasé el 2001 y seguí trabajando. Pero esta vez fue diferente", afirmó al referirse a las dificultades que enfrentó durante el último año para sostener el taller.
"Muchos clientes se encontraban en dificultades para pagar el trabajo. Se fue profundizando la crisis y llegó un momento en que ya no podía afrontar los costos", señaló.
La situación que marcó un punto de quiebre
Amarilla relató que una experiencia reciente terminó de convencerlo de cerrar el taller. Según contó, acudió a una vivienda para revisar una heladera y encontró a una persona postrada en una cama.
"Cuando fui a revisar la heladera y pasé el presupuesto, la mujer se puso a llorar porque no podía pagar el arreglo. La heladera no era para guardar comida, sino para mantener los remedios de la persona que estaba en la camilla", recordó.
El técnico explicó que esa situación lo llevó a reflexionar sobre las dificultades económicas que atraviesan muchas familias y sobre la imposibilidad de seguir sosteniendo la actividad en las mismas condiciones.
Un proyecto para enseñar el oficio
Tras cerrar el taller, Amarilla decidió impulsar un proyecto educativo. La iniciativa apunta a que estudiantes de refrigeración, reparación de heladeras o instalación de aire acondicionado puedan realizar prácticas con equipamiento real.
"Lo decidí transformar en un emprendimiento educativo práctico para que los estudiantes tengan un lugar donde realizar las prácticas", explicó.
En el taller aún conserva herramientas, motores, equipos de refrigeración, materiales y distintos elementos utilizados en el oficio. Según sostuvo, esos recursos podrían ser aprovechados para complementar la formación que reciben los alumnos en instituciones educativas.
"Los establecimientos que enseñan estos oficios a veces no profundizan en la práctica y los estudiantes no tienen la preparación necesaria para llevar adelante los trabajos", planteó.
El apoyo de vecinos y amigos
La propuesta recibió mensajes de apoyo de vecinos y conocidos, según contó Amarilla. Entre ellos se encuentra Juan, un amigo que lo acompaña desde hace décadas y que considera que la iniciativa puede ser una herramienta para generar oportunidades laborales.
"Es una manera de que los jóvenes puedan aprender un oficio que les permita trabajar siempre", sostuvo, en diálogo con este medio.
Mientras espera avanzar con el proyecto, Amarilla mantiene abiertas las puertas del histórico taller de la calle Baradero con la intención de que la experiencia acumulada durante más de 60 años de trabajo pueda convertirse en una oportunidad de aprendizaje para nuevas generaciones.
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