La Plaza Grigera volvió a llenarse de vecinos apenas terminó el partido de la Selección Argentina. Como en cada triunfo de este Mundial, las bocinas marcaron el inicio del festejo y familias, grupos de amigos y chicos con camisetas albicelestes coparon la plaza. Pero esta vez hubo una diferencia: un canto se impuso sobre todos los demás.
El desahogo de los vecinos Lomas tras el triunfo ante Inglaterra: "Esa memoria es imposible borrarla"
Vecinos de Lomas de Zamora celebraron la clasificación de la Selección en la Plaza Grigera, donde volvió a sonar "el que no salta es un inglés".
No fue el clásico "Dale campeón" ni el novedoso "La cuarta estrella" el que dominó la noche. Apenas comenzaron a reunirse los primeros hinchas, un canto se impuso sobre todos los demás: "El que no salta es un inglés". En cuestión de segundos, chicos, adolescentes, adultos y jubilados empezaron a saltar al mismo tiempo. La plaza entera se movía al ritmo del mismo estribillo, mientras las banderas argentinas flameaban entre el humo de las bengalas y el sonido incesante de las bocinas.
El partido todavía seguía presente en cada conversación. La clasificación había llegado después de varios minutos de tensión y eso se notaba en los relatos de quienes apenas unos minutos antes habían estado frente al televisor.
"Vivimos el partido con mucho nervio, mucho sufrimiento. Pero con mucha fe", resumió Francisco, todavía con la voz quebrada por la emoción, en diálogo con El Diario Sur. Contó que nunca dejó de confiar en el equipo, aun cuando el desarrollo del encuentro obligó a sufrir hasta el final.
La plaza saltó al mismo ritmo
"Lo que pasa es que la huella en este país es grande, el dolor queda. Por más que sea un partido, es Inglaterra. Esa memoria es imposible borrarla", expresó mientras a pocos metros el canto volvía a escucharse una y otra vez.
Cada algunos metros aparecía una historia distinta. Nicolás abrazaba a Belén mientras sostenían a su hija Alina, que por primera vez participaba de un festejo mundialista en la Plaza Grigera. "Una emoción terrible. En el segundo gol nos volvimos locos. Todo era lágrimas", recordó. Para ellos, además de la clasificación, la noche tuvo un significado especial. "Ella nació para el Mundial pasado y ni se acuerda. Vivirlo con ella es re lindo", contó.
A unos pasos, Pedro y Ortencia seguían reviviendo el partido como si todavía estuviera jugándose. "Lo vimos con el corazón en la boca", dijeron casi al mismo tiempo. Después del primer golpe, aseguraron que en su casa reinó el silencio, aunque nunca perdieron la confianza. "Sabíamos que lo íbamos a dar vuelta. Nuestra cábala fue estar todo el segundo tiempo parados", contaron entre risas.
Entre cábalas, abrazos y lágrimas
También Ana Graciela y Ester llevaron su propia tradición. "Le rezamos a la Virgen. Nuestra cábala es rezar", explicaron, en diálogo con este medio. Aunque ya empezaban a pensar en el próximo compromiso de la Selección, destacaron el camino recorrido por el equipo. "Ya lo que hizo este equipo es grandioso. Nos hicieron felices a todos. Me gustaría que ganen o pierdan tengan un reconocimiento", afirmaron.
Con el paso de los minutos, la plaza siguió sumando gente. Los bombos marcaron el ritmo, las bocinas no dejaron de sonar y los abrazos se multiplicaron entre personas que, en muchos casos, ni siquiera se conocían. Una vez más, la Plaza Grigera volvió a ser el escenario elegido por los vecinos de Lomas para compartir un mismo desahogo. Y esta vez, entre todos los cantos de la noche, hubo uno que terminó imponiéndose sobre el resto.
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