Guillermo Sayago, colectivero de la línea 543 de Lomas, salió este martes a trabajar como lo hizo durante más de tres décadas, pero esta vez había algo distinto arriba del vehículo: un cartel que anunciaba su “última vuelta”. La leyenda lo acompañó durante todo el turno y, en cada recorrido, los pasajeros lo felicitaron y lo despidieron con aplausos.
La sorpresa en la "última vuelta" de un colectivero de Lomas: "Solamente me salía llorar"
Su familia lo acompañó en las últimas cuadras y sus compañeros lo recibieron en la estación de Lomas con bengalas, espuma y aplausos.
La jornada terminó de convertirse en una despedida para el hombre de 58 años cuando su familia se subió al colectivo para acompañarlo en las últimas cuadras. La "última vuelta" terminó en la estación de Lomas de Zamora, donde sus compañeros ya lo esperaban: lo recibieron entre bengalas, espuma, aplausos y abrazos para celebrar junto a él el cierre de una etapa.
Sayago no esperaba semejante despedida. Al terminar, entre lágrimas, reconoció que no imaginaba vivir una última jornada así. “Pensé que iba a ser un día normal”, contó después, en diálogo con El Diario Sur.
La emoción lo atravesó durante toda la jornada. Al intentar recapitular tantos años de trabajo, explicó que en varios momentos se le trababa la garganta y que no podía hablar. “Solamente me salía llorar”, relató. También contó que su familia había atravesado una semana difícil y que todo el cariño que recibió durante su última jornada tuvo un significado especial. “Esto también me reconforta”, expresó.
Una vida arriba del colectivo
Sayago comenzó a trabajar como colectivero cuando tenía 26 años, en 1993. Con los años llegaron nuevos recorridos, compañeros y miles de pasajeros. Su mujer, que estaba igual o más emocionada que Guillermo, destacó la dedicación con la que ejerció el oficio y recordó la pasión con la que siempre trabajó. “Es una persona que ama su trabajo, lo he visto con pasión", contó.
Ella y Guillermo están juntos desde hace 33 años. Con el tiempo, formaron una familia y tuvieron tres hijos. Después de tantos años de trabajo, espera que ahora puedan disfrutar más tiempo juntos. “Ya trabajó, ya está. Ahora le toca disfrutar lo que dio de su vida”, dijo. También destacó todo lo que pudieron construir a partir del trabajo de Sayago: “Con un solo trabajo pudimos formar nuestro hogar, llevar a nuestros hijos a la escuela y tener nuestra casa”.
El vínculo con los pasajeros
En medio de la emoción, la mujer recordó especialmente la época en la que trabajaba en la línea 188 y las situaciones que después contaba en su casa. Muchas tenían que ver con personas que veía durante sus jornadas y a las que quería ayudar. “Él me contaba que había muchos chicos que estaban en la calle, que estaban mal”, recordó.
Con el tiempo, ese deseo se convirtió en acción. Participó de ollas de comida y llevó café y alimentos a personas que lo necesitaban. “Lo hizo. Empezó a través del colectivo, con las ollas y llevando comida a la gente”, contó su mujer.
Para Sayago, el cariño que recibió durante su última jornada también fue una forma de ver reflejado ese vínculo construido durante tantos años. “Lo que uno, en su momento, quizás sembró, hoy lo está cosechando”, dijo. También dedicó unas palabras para los pasajeros que compartieron parte de su vida arriba del colectivo. “Gracias por todo, por su cariño, por los regalos que me hicieron”, expresó. Pero entre todos esos gestos eligió uno como el más importante: “El regalo más lindo es el abrazo, el saludo, el cariño, el buen día, el respeto”.
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