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Las historias de las "Nenas de Sandro" en un nuevo cumpleaños del ídolo: "Me quedó el olor del perfume de él en la ropa"

En el día en que Sandro cumpliría 81 años, vecinas de Lomas de Zamora recuerdan recitales, esperas y la pasión que todavía sienten por el ídolo.

Este miércoles 19 de agosto, Roberto Sánchez, mejor conocido como Sandro, cumpliría 81 años. En Lomas de Zamora, tres vecinas que lo siguieron durante décadas vuelven sobre sus recuerdos: los primeros recitales, las largas esperas, las rosas rojas y esas canciones que reaparecen y las llevan de regreso a otra época.

María del Carmen Ledesma tiene 82 años y asegura, en diálogo con El Diario Sur, que conoce a Sandro desde que ella tenía 17. Su primer recuerdo aparece en el Club Ituzaingó de Lomas de Zamora, cuando su papá le avisó que Sandro iba a presentarse junto a su banda de rock, Los de Fuego. “¡Ay, papá, yo voy, yo voy, yo voy!”, recuerda que respondió. Y fue.

Aquel primer encuentro quedó grabado en su memoria. La vecina de Villa Galicia lo recuerda flaco, con pantalones “bien apretados”, tirándose al piso mientras tocaba. Desde entonces, comenzó una admiración que continuó durante décadas.

Más adelante llegaron los teatros y, especialmente, el Gran Rex. También recuerda las esperas para intentar conseguir una foto. Llegaba a la puerta, hacía la fila y, cuando estaba cerca, otras fanáticas la hacían retroceder. “Yo, bajita, gordita, no tenía tanta fuerza”, contó. Pero no se iba. Esperaba hasta la madrugada para verlo salir, juró.

Ana y María del Carmen se conocieron en el 2000 y desde entonces compartieron recitales, esperas y recuerdos de Sandro.

Ana y María del Carmen se conocieron en el 2000 y desde entonces compartieron recitales, esperas y recuerdos de Sandro.

El abrazo que esperó durante seis horas

Ana Romero tiene 73 años y también convirtió las visitas a Sandro en una parte importante de su vida. Lo conoció a través de sus presentaciones y después comenzó a ir al teatro con sus amigas, especialmente con María del Carmen.

Pero hay una tarde que recuerda por encima de todas. Fue un 19 de agosto, hace varios años, aunque la vecina de Temperley ya no recuerda exactamente cuántos. Llegó a las 3 de la tarde a la casa de Sandro, en la calle Beruti al 200, en Banfield, y esperó hasta las 9 de la noche para conseguir una fotografía. Hacía frío, había mucha gente y ella no pensaba moverse.

El ídolo de América la recibió con los brazos abiertos. “Cuando se abrió la puerta y lo vi, quería morirme. Me abrazó y me dio un beso”. Sandro le prometió que le enviaría la fotografía que acababan de sacarle. “Le dije que lo amaba y que era mi ídolo de toda la vida, que desde que era chiquita lo escuchaba. Él me dijo: ‘Después yo te voy a mandar la foto’. Y sí, es verdad, me mandó la foto a mi casa”.

“Tenía el olorcito del perfume de él porque me había abrazado tan fuerte y yo lo había abrazado tan fuerte a él. Me quedó el olor, el perfume de él en la ropa”, recordó, mientras apretaba fuerte la foto.

Ana recuerda el abrazo que recibió de Sandro después de esperar durante horas para conseguir una foto junto al cantante.

Ana recuerda el abrazo que recibió de Sandro después de esperar durante horas para conseguir una foto junto al cantante.

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Las rosas rojas y “Rosa, Rosa”

Lucía La Torre, también vecina de Temperley, tiene 77 años y habla de Sandro con una emoción que no parece haber disminuido con el paso del tiempo. Lo conoció cuando todavía era una joven que lo veía por televisión junto a Los de Fuego, en Sábados Circulares, y desde entonces siguió cada etapa de su carrera.

“Siempre prendida la televisión viéndolo cuando él venía”, recuerda. Después llegaron los clubes, los recitales y los teatros. Lo vio en el Gran Rex, en distintos espectáculos y también lo siguió a través de discos, casetes, DVD y revistas.

Entre todos esos recuerdos, hay canciones que quedaron asociadas a momentos de su propia vida. Cuando tiene que elegir una, no duda demasiado: “Rosa, Rosa”. “Hay varias, hay un montón, pero esa me toca porque recuerdo a mi marido cantándola, imitándolo”, contó, en diálogo con este medio.

“Uno lo quiere como si fuera alguien de su familia”, dice. Y esa frase resume una parte de la relación que construyó durante décadas con un artista al que nunca conoció personalmente de la manera cotidiana, pero que estuvo presente en momentos importantes de su vida.

También están los recuerdos de las esperas. Lucía cuenta que en algunas ocasiones las fanáticas se reunían durante cuadras para verlo y que ella podía quedarse hasta las 3 de la mañana esperando que apareciera. "Lo adoraba, lo adoraba”, repite.

Las fanáticas de Sandro recuerdan las largas esperas frente a su casa para verlo salir y saludar a sus seguidores.

Las fanáticas de Sandro recuerdan las largas esperas frente a su casa para verlo salir y saludar a sus seguidores.

El Sandro que todavía las hace suspirar

Las esperas para ver al gitano también tenían sus propios rituales. Lucía recuerda que las fanáticas llegaban preparadas para recibirlo y que, cuando finalmente aparecía, le mostraban las rosas rojas que habían llevado especialmente para él. “Cuando él salía, le llevábamos una rosa roja. Y cuando él salía, lo primero le mostrábamos la rosa”, recuerda.

Lucía vuelve a aquellos años y sonríe al recordar el efecto que provocaba Sandro sobre el escenario. “La facha de él era muy atractiva, su pelvis cuando se movía, cuando cantaba... Éramos chicas, teníamos 18, 19, 20 años, uno se enloquecía”, cuenta.

Y si pudiera tenerlo otra vez frente a ella, después de tantos años, Lucía no necesitaría pensarlo demasiado. “Uy, me muero. Lo abrazaría mucho, sí, lo llenaría de besos”, dice. María del Carmen también tiene preparada su respuesta: “¡Ay, Sandro papá!”, le diría, como aquella vez que su sobrina apareció para avisarle que el ídolo estaba en televisión.

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